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44 Madrid LA COMUNIDAD, EN ALERTA POR LAS ALTAS TEMPERATURAS LUNES 10 7 2006 ABC (Viene de la página anterior) La mortalidad y el calor, buenos amigos MADRID. Según Salud Pública, se puede hablar de calor extremo en la Comunidad de Madrid a partir de una temperatura máxima de 36,5 grados centígrados y una mínima de 20. Por cada grado que la temperatura supera este umbral se produce un incremento de la mortalidad diaria del 12,5 por ciento en población general, que llega a ser del 28,4 por ciento en mujeres mayores de 75 años. Además, existen dos factores que ponen las cosas más difíciles en la región: la baja humedad y el aumento significativo del ozono troposférico. La capital de España resultó ser el año pasado la ciudad europea que más ha aumentado su temperatura en los últimos 30 años, con un significativo incremento de 2,2 grados. Según el informe de WWF Adena, a Madrid le siguen Luxemburgo (2 grados) Estocolmo (1,5) y Bruselas, Roma y Viena, con una subida de 1,2 grados. Los quiosqueros hicieron ayer su agosto con las altas temperaturas ABC El termómetro en Madrid se ha disparado en los últimos días y roza ya los 39 grados. La ola de calor afecta especialmente al Metro, cuyos usuarios tienen que ir pertrechados con abanico y bebidas para combatir las altas temperaturas El Imsalud dice que las reformas en algunos centros pueden ocasionar problemas puntuales en la refrigeración que todos los hospitales tienen instalaciones de este tipo, incluidos los más antiguos, y achacaron a la propia remodelación de algunos centros el hecho de que puedan producirse incidentes puntuales con la refrigeración de los edificios. Cuando la ciudad se convierte en un horno TEXTO: MERCEDES SÁNCHEZ Es una sauna Lo cierto es que en algunos hospitales se ha pasado un fin de semana duro. En el Hospital Gregorio Marañón, por ejemplo, algunos pacientes llevan varios días soportando altas temperaturas, ante la ausencia de aire acondicionado en sus habitaciones. La situación afecta a varias plantas del centro hospitalario. Las salas de espera de todos los pisos son una sauna y en muchas habitaciones es imposible estar porque el aire, o no funciona, o está demasiado bajo comenta uno de los enfermos. A partir de las tres de la tarde el sol entra por la ventana y mi mujer tiene que echar mano del abanico para no asarse de calor. Su cama está justo en ese lado y, claro, como no se puede mover comenta Juan. Tres enfermos en cada habitación, más los familiares que acuden de visita, hace que el ambiente no sea el más indicado para los pacientes, quienes, a pesar de sus reiteradas quejas al personal sanitario que les atiende no han conseguido subsanar la situación. MADRID. El calor hizo que ayer por la mañana las calles de la capital presentaran una estampa más típica de agosto. Poca gente, pocos coches y mucho sitio para aparcar. Muchos madrileños aprovecharon para lanzarse al agua en las piscinas, que ayer estaban abarrotadas. Los que no pudieron darse un chapuzón, tuvieron que buscar la sombra en los jardines de la ciudad. El Parque del Retiro es una de las opciones clásicas. A medida que el calor apretaba las fuentes calmaban los sofocos y los vendedores de agua y helados hacían su agosto. No se libraron de las altas temperaturas ni los usuarios del Metro. Bajo tierra también se sintió el calor. En el Metro faltó el aire. El aire acondicionado. Quienes esperaban en el andén de Avenida de América la llegada de la línea seis, cruzaban los dedos para que los vagones no fuesen un horno. Mala suerte. Hay que sacar el abanico para intentar sofocar el calor. La refrigeración no funciona. Buena prueba de ello son los rostros de los viajeros, brillantes por el sudor. En la estación de Méndez Álvaro aguarda una nueva sorpresa. Las obras que el Ayuntamiento está realizando en Legazpi- -línea tres- -impide seguir el trayecto. Los guardas de seguridad avisan a los pasajeros que deberán abandonar el metro y continuar el viaje hasta la próxima parada en autobús. Ni rastro de accesos habilitados para personas con movilidad reducida. Escaleras. Y no precisamente mecánicas. A pie. En la calle, un autobús urbano traslada a los usuarios hasta Usera. De forma gratuita, eso sí. La indignación fue en aumento, el ambiente se caldeó todavía más. ¡No hay derecho! Nos tratan como a mercancía. Y cualquiera sabe dónde nos dejan ahora se queja alguien. Lejos. a unos cien metros de la boca de entrada. Seis guardas de seguridad conducen a los viajeros hasta un andén en obras. En la otra vía, el maquinista ma- niobra para poder cambiar de raíles la máquina. En total se emplean más de veinte minutos para recorrer un trayecto que, en condiciones normales, se tarda apenas tres. Botella en mano María Jesús Baeza, una madrileña de 20 años, coge diariamente la línea seis de metro. Lo peor es cuando te pilla hora punta y el vagón lleno, entonces es horroroso. ¡Un calor reconcentrado! Y eso por no hablar del olor que produce la falta de ventilación comenta la joven, que combate las temperaturas con una botella de agua en la mano. En una de las máquinas de refrescos hacen cola varias personas. Ahora mismo pago lo que sea por tomar algo fresco. Los ventiladores estos que expulsan agua no sirven para nada. Tan sólo ayudan a crear una humedad más asfixiante aún. Yo cojo el autobús porque no tengo más remedio que ir a trabajar, que si no... comenta indignado Alberto Muñoz. El caso de la línea seis no es el único que se achicharra en el suburbano. El intercambiador de Moncloa es otro de esos puntos negros que enciende a los ciudadanos. Yo el otro día tuve que salirme porque el calor era insoportable, creía que me daba algo comenta Milagros. Hoy, a tenor de las previsiones, la situación puede ser aún peor. Algunos vagones de Metro, sobre todo de las líneas más antiguas, carecen de aire acondicionado Lo peor es que te pille hora punta y el vagón lleno, entonces es horroroso dice María Jesús