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ABC LUNES 10 7 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR CARLOS MALAMUD MÉXICO: RESULTADOS DEBATIDOS Todo lo que la democracia mexicana había avanzado en los últimos años en términos de confianza de los actores políticos con el sistema electoral está ahora en vías de retroceso D ESDE varias semanas antes de la elección los mentideros políticos mexicanos repetían un aserto que de repetido se hizo realidad: si gana Felipe Calderón por menos de dos puntos porcentuales de diferencia (ganó por 0,58 Andrés Manuel López Obrador no reconocerá su derrota y movilizará a su gente para intentar ganar en la calle lo perdido en las urnas. Así fue, y como bien decía un titular de La Vanguardia López Obrador ni supo ganar ni sabe perder. Estos últimos días, la cúpula del PRD ha insistido en una serie de argumentos que permitirían paliar los efectos de la derrota, como la fuerte injerencia, que sí la hubo, del presidente Fox durante la campaña; un exceso de clientelismo político (habría que preguntarse qué ocurrió puertas adentro del Distrito Federal gobernado por el PRD) o una utilización superior a lo permitido por la ley del dinero destinado a publicidad electoral del PAN, y otros gastos vinculados a la elección. Es probable que las tres principales fuerzas políticas hayan gastado más de la cuenta y hayan utilizado mecanismos clientelares allá donde gobiernan para movilizar el voto de sus bases. Pero todo esto que permitiría explicar, de alguna manera, el resultado poco tiene que ver con la protesta de fondo: la existencia o no de fraude electoral y la manipulación de las actas por el IFE (Instituto Federal Electoral) Muchas voces piden hoy un nuevo escrutinio, voto por voto, de las 130.000 casillas (mesas electorales) Para justificarlo se argumenta que si Calderón ganó en buena ley no debería tener ningún temor a repetir el escrutinio y esto le daría mayor legitimidad. El problema no está ahí. El problema está en que todo lo que la democracia mexicana había avanzado en los últimos años en términos de confianza de los actores políticos con el sistema electoral está ahora en vías de retroceso. La irresponsable actitud de López Obrador no colabora nada para la consolidación de las instituciones en su país y el IFE era una de las más valoradas por los mexicanos por su seriedad y su neutralidad frente a los partidos políticos. Si López Obrador tiene razón podría ser presidente, pero ¿y si no la tiene? ¿quién devolverá a México todo lo que puede perder en el envite? Se dice que hay muchos motivos para la suspicacia, para un posible fraude o una manipulación del resultado. Sin embargo, dada la forma en que se fueron produciendo los distintos pasos poselectorales, o el resultado es claro o, caso contrario, estaríamos frente a la mayor y mejor conspiración nunca montada en la historia de México. Más allá de las teorías conspirativas, las piezas encajan con una racionalidad inapelable. Tenemos, en primer lugar, las encuestas a pie de urna, encargadas por los propios partidos y algunos medios de comunicación a diversas empresas demoscópicas. La mayor parte de ellas daba ganador por estrecho margen a Felipe Calderón. Posteriormente entró en escena el programa de conteo rápido del IFE, que escrutó 7.000 mesas seleccionadas en todo el país. La noche de la elección, la autoridad electoral decidió, siguiendo unos protocolos conocidos por todos, no comunicar el resultado por haber empate técnico (la diferencia entre los dos principales rivales era inferior al error admisible) Sin embargo, cuando conocimos sus cifras, la ventaja había vuelto a ser, y nuevamente por estrecho margen, para Calderón. Lo mismo pasó con el PREP (Programa de resultados elec- torales preliminares) del propio IFE. El resultado final, que no computó el 100 de los votos, dio una ventaja inferior al 1 al PAN. Y así llegamos al escrutinio definitivo, que no se hace voto a voto, ya contados en las casillas ante los interventores (observadores) de los partidos, sino de las actas de cada mesa. La ley electoral prohíbe recontar voto a voto, salvo casos de discrepancias fundadas. Hoy el PRD habla de 30.000, 40.000 o incluso 50.000 actas falsificadas o trucadas. ¿Dónde estaban sus representantes? ¿Cómo puede un partido tan mal organizado ganar una elección si ni siquiera está en condiciones de movilizar adecuadamente a sus militantes para controlar la limpieza del proceso electoral? El resultado del recuento dio ganador a Calderón por 0,58 por ciento, una cifra mínima pero suficiente. Según la ley, aunque la diferencia fuera de un voto, Calderón hubiera ganado. Volvamos al recuento, ya que se argumenta que otra prueba de la irregularidad es la remontada final de Calderón. Son cuestiones técnicas, vinculadas a la existencia de dos husos horarios diferentes en México y con las actas que introdujeron primero y las que quedaron para el final. En cualquier lugar del mundo democrático las fuerzas participantes hubieran dado por válido el resultado. En México no. Pero, como ya se ha dicho, eso flotaba en el aire. Desde su atalaya, de la que no se bajó nunca, López Obrador se consideraba el gran ganador de la elección, aun antes de que los mexicanos votaran. De hecho, durante mucho tiempo encabezó cómodamente las encuestas. Por eso no fue al primer debate televisivo, pensando que podía perder más de lo que podía ganar. Y cuando las mismas encuestas que lo habían dado ganador le dieron la espalda sencillamente las descalificó. Habrá que ver qué dicen la justicia electoral y la Corte Suprema, convertidas en árbitros de la contienda. En todo caso, no estamos frente a un México partido en dos, como dicen algunos analistas. Lesley Simpson nos recordó que hay muchos Méxicos (el título de uno de sus libros) y no por haber votado de una u otra manera los mexicanos se acostaron el sábado con un país y se levantaron el lunes siguiente con otro diferente y dividido. Investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano y profesor de Historia de América de la UNED. REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO ZP Y FELIPE, CON SUS AYATOLAS El comportamiento de Zapatero durante la visita del Papa quizá ha dado de España una imagen mezquina, polémica, poco universal y cainita. New York Times destaca las tensiones Iglesia- Estado subrayando un cierto aislamiento español: Quizá en ningún otro estado de Europa son tan duras las tensiones con la Iglesia Tensiones que no benefician a nadie y señalan un comportamiento personal de Zapatero que no tiene precedentes dentro de la UE. En Francia, Le Monde estima que Benedicto XVI ha defendido la familia cristiana, sin polemizar, quedándose al margen de las controversias En Alemania, Märkische Oderzeitung habla de críticas profundas y comportamientos polémicos E insiste en que esas tensiones tienen un alto coste social, cultural y diplomático. En Austria, Die Presse resume la visita de Benedicto XVI en un tono positivo: defensa de la libertad y las instituciones, como la familia, contra un hedonismo individualista que, a su modo de ver, agrava los comportamientos poco solidarios. La edición europea del semanario Time también habla de las tensiones del Papa con las políticas del Gobierno español, recordando que personalidades como Daniel Ortega o Fidel Castro no se han comportado con ningún Papa como lo ha hecho Zapatero. En Buenos Aires, Clarín titula: Silban y abuchean a Zapatero a su llegada a Valencia En México, El Universal trata en la polémica y el próximo viaje del Papa a México. El Mercurio, en Chile, y El Universal venezolano, destacan las dimensiones internacionales de la visita del Papa. En otros terrenos, en Londres, el Observer publica una crónica muy negra contando las desventuras de los jubilados ingleses en los hospitales de las costas españolas, donde el muro lingüístico crea problemas crecientes. El Sunday Times publica una larga crónica titulada: Una dinastía española con grandes ambiciones Se trata de la dinastía de los Cosmen, convertidos en grandes estrellas del transporte internacional. El Independent publica un largo y entusiasta retrato de Manolo Santana, presentado como una leyenda del tenis mundial. En Irán, Teherán Times ofrece con entusiasmo las declaraciones de Felipe González que el régimen de los ayatolás considera como una defensa de su política, en materia de energía nuclear, cuando París, Berlín, Londres y Washington continúan forcejeando contra las ambiciones nucleares de Teherán.