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ABC LUNES 10 7 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA LECCIÓN DE B 16 TRO fiasco. Los que tratan de encajar a Benedicto XVI en el papel forzoso de un dogmático dóberman de Dios van a tener que aceptar que la realidad les estropee la etiqueta, porque este Papa no encaja en las casillas prefabricadas por la propaganda. No hubo trueno pontificio en Valencia, esa bronca explícita contra el Gobierno que unos esperaban para cargar munición y otros para apalancar sus apriorismos de beligerancia. Vino a defender la familia, y lo hizo, claro y alto, pero no necesitó apuntar contra nadie. Se le ha oído bien y el contexto era el que era. El resto del mensaje se desprende delas palabrasdelEvangelio: el que tenga oídos para entender, que entienda. La caricatura artificial IGNACIO que precedía a Ratzinger CAMACHO al llegar a la sede de San Pedro se está difuminando como lo que era: un esquemático retrato interesado. El feroz inquisidor de heterodoxias era un intelectual aficionado al diálogo, que además no dialoga para convencer ni para ser convencido, sino para escuchar y ser escuchado. El inflexible panzer germánico ha resultado un piadoso hombre de Iglesia que sonríe con un aire suave y fatigado. El político autoritario que dibujaban los analistas maneja su discurso doctrinal con una cuidadosa atención a los matices. El presunto oficial hitleriano se presentó en Auschwitz para expiar en un formidable acto de contrición simbólica el demonio de la culpa colectiva del siglo XX. El Pontífice de transición aplastado por la gigantesca sombra carismática de su predecesor se revela como un líder capaz de implantar su propio estilo. Por eso ha pillado a contrapié tanto a los que temían que sacase la espada flamígera contra las leyes de Zapatero como a los que deseaban que lo hiciese para ampararse en su blanca sotana de Pontífice (que por cierto, al fin se ha confeccionado a medida) Ha venido, ha orado in situ por las víctimas del metro, ha predicado con su autoridad dogmática un mensaje diáfano en torno a la importancia del núcleo familiar sin experimentos de ingeniería social, y se ha ido tras impartir la bendición. No necesita más; el resto es debate interior de la sociedad política. Profundamente europeo, el Papa sabe que los pueblos acomodados orillan la religión a un plano secundario de la esfera moral, y predica contra el relativismo posmoderno como el origen de la crisis de la conciencia contemporánea. Es un hombre de pensamiento y como tal cree en la libertad. No riñe; marca las líneas y deja que cada cual se sitúe en el lado que quiera. Eso sí, las líneas las fija bien claras. Con cuatro décadas de escritor a las espaldas, se expresa con una nitidez meridiana. Frente a quienes esperaban un perfil de confrontacióndirecta, Benedicto XVI haimpartido en Valencia una sólida lección de elegancia intelectual y moral, que pone aún más en evidencia ciertos aprensivos comportamientos de cobardía política. El falso rottweiler no necesita morder a nadie; si acaso, su ejemplo sereno y transparente puede dejar a algunos con remordimientos de conciencia. O ZAPATERO ABUCHEADO EGURAMENTE Zapatero merezca ser abucheado por muchas razones. Algunas de sus intervenciones deberían figurar en cualquier historia universal de la infamia, como aquella respuesta que dispensó a una madre que asiste a los esfuerzos de una hija mutilada por la vesania terrorista para levantarse cada mañana, epítome de la vileza y la majadería: Sé perfectamente cómo te sientes; a mí también me mataron a mi abuelo Seguramente merezca el epíteto de despreciable un hombre que se ha marcado como objetivo de su acción de desgobierno la paulatina radicalización de la sociedad, comprometiendo las instituciones y el régimen jurídico del Estado. Seguramente merezca el repudio un presidente que, en lugar de auspiciar la paz entre los españoles, desentierra fantasmas felizmente sepultados y propicia el aislamiento de los católicos en un gueto social, caracterizándolos como seres anacróniJUAN cos que dificultan lo que el pensaMANUEL DE PRADA miento dominante nos presenta como avances -laicismo agresivo, recuperación de una manipulada memoria histórica que disfraza la infausta Segunda República de paraíso democrático, desnaturalización de instituciones tan arraigadas como el matrimonio y la familia, ataques a la vida en sus fases más inermes, etcétera- -y que, en el fondo, no son sino episodios de una labor perversa de ingeniería social. Seguramente a este cúmulo de razones que justifican la malquerencia de una porción nada exigua de los españoles haya añadido otra no del todo baladí este fin de semana, al negarse a asistir a la misa celebrada por Benedicto XVI en Valencia. Asistencia que en modo alguno comprometía la aconfesionalidad del Estado, como han propagado sus corifeos áulicos, pues hasta el tirano Fidel Castro asistió a la misa que Juan Pablo II ofició en La Habana. Pero, en descargo de Zapatero, podemos aducir que a Castro al menos lo envolvía una aureola histórica, sombría y abyecta S si se quiere pero aureola a fin de cuentas, que le permitía codearse sin desdoro con aquel titán del espíritu que vino a aliviar el sojuzgamiento de sus súbditos; mientras que Zapatero, el pobre, sabe que su nombre está escrito en la arena, y que el viento de la historia no dejará vestigio alguno de su paso por la tierra. Nunca les ha gustado a los nativos de Lilliput arrimarse a los grandes hombres, para que su gigantesca estatura no abrume y humille aún más su insignificancia. Seguramente Zapatero merezca ser abucheado por muchas razones. Pero los abucheos que recibió el pasado sábado, cuando se dirigía al Palacio Arzobispal de Valencia, no fueron oportunos. Mucho menos las consignas que corearon los abucheadores: Vete con la ETA, que son tus amigos o ETA y ZP, la misma mierda es No me refiero tanto a la tosquedad hiperbólica de las consignas (a fin de cuentas, quienes hoy calientan el banquillo de la oposición escucharon otras aún más sangrantes y desquiciadas mientras gobernaban, jaleadas por quienes hoy ocupan la poltrona del poder) sino sobre todo a la ocasión en que fueron proferidas. No se puede utilizar la visita pastoral de un Papa para zurrarle la badana a un gobernante autóctono, por inepta o dimisionaria que se nos antoje su gestión. Benedicto XVI vino a propagar el Evangelio y a exaltar la naturaleza sacramental del matrimonio y de la familia; no vino a hacer política, como por cierto tampoco vino a hacerla Jesús. Otra cosa muy diversa es que las palabras de Benedicto XVI nos sirvan para afrontar las concretas circunstancias que vivimos; pero emplear su visita como excusa para abuchear a un gobernante vituperable se me antoja un deslizamiento peligroso. Sobran maneras de expresar el repudio a Zapatero, desde el voto adverso en las urnas hasta la desobediencia civil, pasando por el reventamiento sistemático de todas sus intervenciones públicas de autobombo; aprovechar la visita del sucesor de Pedro para lanzarle abucheos e increpaciones me parece la más ineficaz y contraproducente de todas.