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4 Opinión LUNES 10 7 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil BENEDICTO XVI, EL FONDO Y LA FORMA A visita del Papa a Valencia se ha desarrollado con enorme éxito. Benedicto XVI deja en el recuerdo momentos inolvidables para la multitud de personas que han asistido a los actos, disfrutando de esa singular combinación de firmeza intelectual y cercanía personal que constituye la seña de identidad del Pontífice. La ciudad y la región han respondido de forma espectacular, sobreponiéndose al dolor por el accidente del pasado lunes. Desde el punto de vista organizativo, merece ser destacado el mérito de las autoridades autonómicas y locales, así como el esfuerzo generoso de miles de voluntarios. Ratzinger es un Papa dotado de una personalidad excepcional. Es al mismo tiempo un pensador de primer nivel y un sencillo pastor de almas, que sitúa en primer plano la transmisión del mensaje evangélico. Hace tiempo que se percibe ya un estilo propio. El fondo es inequívoco: la defensa rigurosa de las genuinos valores cristianos en contra de cualquier género de relativismo o escepticismo, propios de esta sociedad posmoderna y secularizada. En este caso, el matrimonio entre hombre y mujer y la educación de los hijos como núcleo de la familia, concebida como institución social básica. Las formas resultan muy significativas: el Papa nunca descalifica las posiciones de sus antagonistas, está dispuesto al diálogo sincero y deja las puertas abiertas al entendimiento con los diversos representantes de una realidad compleja y heterogénea. Así se ha mostrado a los fieles en Valencia, y ha recibido de ellos un apoyo clamoroso y entusiasta. El Pontífice deja tras de sí una España que vive momentos difíciles en el terreno políticoy social. Las relaciones entre el Gobierno y los católicos españoles están marcadas por discrepancias profundas a las que ha hecho referencia con el tacto y la sutileza que le caracterizan. La trasnochada ofensiva laicista del PSOE es responsable, sin duda, de este desencuentro, traducido en leyes inaceptables para la moral católica y en conflictos prácticos sobre temas de enseñanza y financiación de la Iglesia. La Conferencia Episcopal debe tomar buena nota del enfoque que utiliza Benedicto XVI para hacer frente a los problemas. El Santo Padre ha marcado las pautas del nuevo discurso. Nada se gana con las declaraciones ruidosas, sino que la clave consiste en buscar una fórmula inteligente para encauzar tensiones y aproximar posturas. A su vez, Rodríguez Zapatero debería rectificar de inmediato su actitud hacia la Iglesia. Es una exigencia del sentido común y un deber que impone a los poderes públicos el artículo 16 de la Constitución. En términos políticos y diplomáticos es inaceptable la ausencia del jefe del Ejecutivo en la misa de ayer. Peor aún es que no acudiese al aeropuerto para despedir a tan ilustre visitante, lo que refleja unos modales pésimos, impropios de quien ostenta tan alta magistratura. Zapatero, ya ex campeón del talante, ha quedado en evidencia. Pero ni los desplantes de un político que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias pueden empañar un acontecimiento de dimensión universal que toda España ha seguido con la máxima atención. L MÁS CLARIDAD SOBRE AFGANISTÁN A muerte de un soldado español en un ataque de las fuerzas insurgentes de afganistán obliga al Gobierno a hacer una reflexión profunda sobre el papel de nuestras tropas en aquel país y en general sobre nuestro papel en la guerra internacional contra el terrorismo. El hecho de que este triste suceso coincida con la visita hoy mismo a Madrid del secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, debería servir, en efecto, para que el presidente del Gobierno tome conciencia de la gravedad de la situación en un escenario en el que se decide la estabilidad mundial. En las mismas horas en que era atacado el convoy español en el este de Afganistán, otro soldado canadiense murió en combate en el sur del país. Desde primeros de año han caído en acciones armadas en Afganistán 65 militares de Estados Unidos y de los demás países de la OTAN, y lamentablemente sabemos que no serán los últimos. Recordemos, además, que a mediados de agosto se cumplirá un año de la muerte de diecisiete militares españoles al caer el helicóptero en el que viajaban en un incidente no del todo aclarado. Con la reanimación de los talibanes hasta ahora dispersos que han reactivado los ataques terroristas incluyendo los atentados suicidas, la evolución de los acontecimientos sigue una trayectoria preocupante y según han confesado responsables de la Alianza Atlántica podría llegar a parecerse a la que los soldados españoles dejaron en Irak. Por ello, es necesario que el Ejecutivo informe claramente a la sociedad de cual es la situación real en Afganistán y cuales los objetivos de nuestra presencia allí al lado de nuestros aliados de la OTAN. El narcotráfico, los señores feudales, el hecho de que las tropas occidentales estén entrando en regiones donde hace décadas que no ha habido un poder civilizado, la desastrosa presencia de la zona tribal paquistaní en la frontera con Afganistán y la mediocre eficacia del Gobierno afgano de Jamid Karzai son elementos que explican el recrudecimiento de la violencia. Ninguna de esas causas podría justificar un reflejo de debilidad o de confusión por parte de los aliados occidentales. Afganistán es en estos momentos el lugar donde se juega el prestigio de la mayor alianza militar del mundo, y España no puede permitirse el lujo de dudar ni un solo instante sobre lo pertinente de nuestra presencia en aquel país. La OTAN quedaría mortalmente debilitada e incapacitada pa- L ra contribuir a la estabilidad internacional si fracasase en el objetivo de reconstruir este devastado país en el que ha comprometido su reputación. Las palabras del ministro de Defensa, José Antonio Alonso, cuando señala que no podemos ni debemos retirarnos de Afganistán son por ello la respuesta más adecuada en estos momentos y deben marcar claramente el rumbo futuro de la política del Gobierno en su participación en la misión de la OTAN. Además de que la situación en Afganistán ha empeorado, muchas otras cosas han cambiado desde que este Gobierno accedió al poder y ordenó la abrupta retirada de nuestras tropas de Irak, incluyendo una clara evolución de la Administración norteamericana hacia una nueva visión sobre el multilateralismo y la necesidad de reforzar los consensos internacionales ante los principales desafíos mundiales. Lo más adecuado sería que la política exterior del Gobierno fuera sensible a esta transformación y Rodríguez Zapatero se decidiera finalmente por volver a encajar a nuestro país de una forma natural en la comunidad de intereses estratégicos junto a nuestros principales aliados, y eso no solamente en Afganistán. Nunca ha sido buena estrategia frivolizar sobre el papel de España en la guerra global contra el terrorismo, y el Gobierno haría bien en ponerse de una vez del lado de nuestros verdaderos intereses, en vez de seguir apoyándose en los sectores del griterío contestatario que le sirvieron para atacar al anterior Gobierno. Esta será una guerra larga y muy diferente a las que el mundo había conocido hasta ahora, pero no tenemos más remedio que vencer a las fuerzas que se oponen al progreso de la libertad. El Gobierno ha de estar dispuesto a hacer todos los esfuerzos que sean necesarios para ello y no ser cautivo de intereses políticos a corto plazo. Por ello, el ministro de Defensa debe proporcionar a los militares desplegados en Afganistán todos los medios disponibles para su mejor protección y el desempeño más eficaz de sus misiones. Se sabe que nuestras tropas cuentan con la simpatía de la mayoría de la población de las regiones donde operan, pero la realidad nos acaba de demostrar que resulta demasiado ingenuo dar por hecho que por ello están a salvo del zarpazo terrorista. La misión que el Ejército cumple en aquellas tierras es demasiado importante como para que se les escatimen medios o efectivos por razones de conveniencia política. EL IMPARABLE PROGRESO DE CHINA A economía china acaba de ser clasificada como la cuarta del mundo en cifras absolutas, y el Gobierno de Pekín no cesa de sorprendernos con la exhibición de formidables realizaciones como la inauguración del tren entre la capital y Lhasa, que es apenas un ejemplo de las transformaciones colosales que se han planificado para ser exhibidas en los próximos Juegos Olímpicos de 2008. Hace casi 30 años que el gigante asiático emprendió el camino del capitalismo económico, y hoy nadie duda que tendrá un papel fundamental en el Siglo XXI y que probablemente gran parte de los principales desafíos económicos, tecnológicos o energéticos del mundo dependerán de China. Los más escépticos dirán que en el fondo China necesita 25 veces más habitantes que Gran Bretaña para producir lo mismo y que sobre ese progreso penden hipotecas como los actuales abusos medioambientales o el envejecimiento de la población. Pero lo que cuenta en este caso es la tendencia y la dirección de la economía, L y en ese sentido no se puede dudar de la determinación de los chinos de mantener el rumbo ascendente. Inevitablemente, el paso siguiente ha de ser la democratización de la sociedad china, porque ese y no otro es el secreto del progreso de los países más desarrollados. China es demasiado grande e importante para el mundo como para ser gobernada por dirigentes sin control democrático, y tarde o temprano esa evolución económica acabará fomentando reclamaciones sociales. China es el perfecto ejemplo de cómo una sofisticada civilización ancestral se adapta al mundo globalizado y nos obliga a nosotros a habituarnos también a que esa vivificante corriente del progreso de la Humanidad tenga cada vez más ingredientes chinos. En contraposición, el mundo árabe- musulmán sería el modelo de una resistencia feroz a formar parte de esa corriente, y no es casualidad que se estén produciendo allí las dramáticas tensiones que afortunadamente no se han visto en China.