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62 DOMINGO 9 7 2006 ABC Cultura y espectáculos Un desván familiar Admirando la exposición, asegura el propio Vasco, ha sentido emoción: es como un desván familiar sensación que también sienten muchos de los integrantes de la CNTC. Algunos se iniciaron en figuración y ahora son verdaderos protagonistas apunta. Eduardo Vasco reconoce que la gente en Almagro nos entiende muy bien, se identifica con nosotros y se nota el cariño no solamente en la muestra, sino en la fiel respuesta en todos los espectáculos. Recuerda, con especial cariño, un montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico: en 1987 dirigió Adolfo Marsillach Antes que todos, mi dama de Calderón. Fue de los más audaces comenta Vasco. Confiesa sentirse privilegiado por tomar el testigo tras un largo camino andado: Menos mal que se creó la Compañía asiente. En la exposición, señala el director de la CNTC, se puede apreciar el esfuerzo, la audacia y la creatividad el trabajo de tanta gente, durante todos estos años. Desde El médico de su honra hasta Don Gil de las calzas verdes la muestra recorre la historia de la CNTC ABC El Festival de Almagro acoge una muestra que rinde tributo a los veinte años de vida de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Trajes, libretos o fotografías dan fe del recorrido trazado por un grupo de profesionales que, con algo más que palabras, ha defendido nuestro Siglo de Oro Dos décadas amando a los clásicos TEXTO: CARMEN DEL CAMPO aceptó, sino que le animó a que se tomara todas las libertades necesarias. Curiosamente, diez años después, retomando esta misma obra con actores como Carlos Hipólito y Adriana Ozores, recibió tal acogida que, en algún caso, se llegó a pedir perdón a Marsillach, al que se le consideraba ya un adelantado a su tiempo en la concepción de los clásicos Periodos de incertidumbre gran valor artístico de hombres y mujeres que permanecen en la sombra, en la soledad del escenario, que no trascienden al gran público, pero que han contribuido al realce de la Compañía Nacional, dirigida en estas dos décadas por Adolfo Marsillach, Rafael Pérez Sierra, Jose Luis Alonso de Santos, Andrés Amorós y, en la actualidad, Eduardo Vasco, el más joven. Bajo la batuta de José Luis Alonso de Santos, Peláez señala como momento clave el estreno de El alcalde de Zalamea Fue una etapa más convencional, pero a partir de ese momento se tenía que creer en la Compañía Si bien reflexiona que durante la legislatura del PP, bajo la dirección de Andrés Amorós, hubo algunos periodos de incertidumbre, se llegó a plantear su privatización en algunos aspectos y hasta se puso en duda su presencia en Almagro en el Festival del año 2001, por motivos laborales. Curiosamente, para el comisario de la exposición, el actual director, el más joven de cuantos han llevado las riendas, Eduardo Vasco, con apenas 37 años de edad- -que siguió el primer espectáculo de la CNTC, siendo alumno de un instituto de Alcalá de Henares con tan sólo 17 años- es el que ha demostrado tener la sabiduría de retomar a los clásicos desde el principio, como Adolfo Marosillach defendió. Él quería una Compañía con un repertorio y actores estables, un criterio muy claro, que Eduardo Vasco ha sabido entender mejor que nadie ALMAGRO. Fiel testigo directo de la historia del Festival de Teatro Clásico de Almagro, allí nació como una necesidad imperiosa para mantener una actividad permanente en la recuperación de los autores del Siglo de Oro. En el espacio más singular destinado a las exposiciones, la iglesia de San Agustín, se compilan los veinte años en escena (1986- 2006) de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) Todo un espectáculo visual donde se pueden ver de cerca fotografías, bocetos, partituras, trajes o programas desde la primera versión de El Médico de su honra hasta el más reciente, Don Gil de las Calzas Verdes uno de los estrenos más aplaudidos este año. La muestra, como reconoce su comisario, Andrés Peláez, se ha convertido en un imán, habiendo conquistado ya a casi dos mil personas; la mitad en el primer fin de semana del festival. El germen de la CNTC se fraguó, como rememora Andrés Peláez en la emblemática piscina del Parador cuando el entonces director general de Teatro, José Manuel Garrido, encargó a Adol- fo Marsillach, un enamorado de la capital calatrava, su creación. Era el año 1985 y nace como una unidad de producción del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) con el propósito de consolidar un teatro vivo para recuperar y difundir los textos clásicos españoles. Peláez confiesa que aquellos baños eran, sin duda, milagrosos. Participé una vez en ellos y se vio la posibilidad de que el Museo Nacional del Teatro se ampliara y cambiara su ubicación a los Palacios Maestrales actuales La exposición presenta trabajos de Principios difíciles Veinte años de recorrido en los que la CNTC, desempolvando a los clásicos, se ha ganado el respeto del gran público, aunque los principios, como recuerda el director del Museo Nacional del Teatro, que ha vivido todas las etapas de cerca, no fueron precisamente sencillos. Según relata Andrés Peláez, el primer montaje de Marsillach de El médico de su honra recibió una crítica feroz. Se llegó a calificar como un atentado escénico de destrucción de los clásicos. Hasta tal punto que Marsillach presentó su dimisión al entonces director general, José Manuel Garrido, que no solamente no la El germen de la CNTC se fraguó en la piscina del Parador cuando el entonces director general de Teatro, José Manuel Garrido, encargó a Adolfo Marsillach su creación