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50 Madrid DOMINGO 9 7 2006 ABC Los comerciantes del centro de Madrid llevan meses soportando diariamente calles ocupadas por grúas, camiones, taladradoras y vallas de Fomento. Las pérdidas económicas son cuantiosas, porque el ruido y el polvo se han convertido en compañeros inseparables de trabajo Cerco al comercio en Sol TEXTO: MERCEDES SÁNCHEZ FOTOS: VÍCTOR INCHAUSTI ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Ruido, mucho ruido. Camiones, grúas, volquetes, vallas, taladradoras, martillos neumáticos, maquinas pilotadoras... Las obras tienen levantadas las calles del centro de Madrid. Y hundidos a los comerciantes. Hacer una buena caja en una de las zonas más turísticas y comerciales de España se ha convertido en misión imposible. Cinco establecimientos se han visto obligados a echar el cierre, varios han sido traspasados y otros muchos han tenido que cambiar de actividad para poder sobrevivir. Son algunos de los daños colaterales de esta situación, que dura ya más de tres años, en algunos casos. El Ministerio de Fomento construye desde hace meses una estación subterránea de Cercanías en la Puerta del Sol. Y el Ayuntamiento también ha aprovechado para acometer unas obras de mejora en la línea 3 del metro. Arturo Llerandi Empresario Trabajamos en permanente tensión nerviosa Hasta la legendaria Casa Diego situada en la esquina de Montera con la Puerta del Sol y famosa por sus abanicos y paraguas, se ha visto afectada por las obras. Arturo Llerandi, dueño del establecimiento, reconoce que atender al público requiere amabilidad y cortesía, pero en estas condiciones es difícil ofrecer el trato que el cliente se merece. El ruido constante de las obras, insoportable en muchos momentos del día, te pone de mal humor. Trabajamos en permanente estado de tensión nerviosa. Vivimos todo el día con un estrés... El jaleo de las máquinas es muy molesto, te altera y te saca de tus casillas. Tiembla hasta el mostrador. Y acumulamos ya varios meses de obras, y lo que nos queda. Es comprensible que los clientes se lo piensen dos veces antes de venir a esta zona. Es un incordio pasear por aquí: hay polvo, ruidos, aceras muy estrechas. En fin, todo son incomodidades. Me consta que muchas personas han cambiado sus rutas de compras con el único objetivo de no tener que pasar por el centro. Así que las pérdidas en estas condiciones están aseguradas. Se nota mucho. Y eso que a nosotros la gente nos conoce porque tenemos una trayectoria muy consolidada y los Carrera de obstáculos Si pasear por el kilómetro cero es una carrera de obstáculos, imagínense lo que es trabajar en la Puerta del Sol y alrededores. Un infierno. Los dolores de cabeza son permanentes y los tapones, imprescindibles. Mañana y tarde soportando este ruido es inhumano. ¡Y eso por no hablar de la pérdida de clientes, en torno al 40 por ciento! comenta Pilar, que regenta una farmacia. Estamos encantados con esta situación. Tenemos que limpiar la tienda todos los días, el escaparate está tapado por unas vallas, han aparecido grietas en el techo y, además, un camión se pasa todo el día sacando tierra en la misma puerta de entrada. Los clientes no entran. Sólo nos queda patalear comenta resignado Juan Carlos, encargado de una tienda de confección en la calle Tetuán. En Montera, también tienen razones para las quejas. Unas doce o trece casetas de vestuario para los operarios ocupan la calzada y provocan el corte al tráfico de la calle. Aquí llueve sobre mojado. ¿Dónde están los comercios de toda la vida, los tradicionales? Para encontrar una panadería o una carnicería tienes que recorrer todo el barrio. Estamos invadidos por negocios de oportunidad, que igual que han florecido se irán: establecimientos de piercings y tatuajes, salones recreativos, sex- shops... La hostelería es uno de los sectores que presenta mayores pérdidas, cerca del 80 por ciento. De hecho, al menos dos cafeterías no han resistido el envite. Ya no somos un referente para las excursiones de escolares, que en otro tiempo constituían una fuente de ingresos básica afirma Juan Ramírez, presidente de la Asociación de Comerciantes de Montera. turistas nos buscan expresamente, pero aún así, en la caja registradora se nota mucho menos movimiento. El bolsillo se resiente. Pero bueno, como ciudadanos, nos queda el consuelo de creer que, una vez finalizadas las obras- -dicho sea de paso, la fecha exacta la desconocemos porque el Ministerio no ofrece información al respecto y los plazos se han ido modificando progresivamente- todos los madrileños salgamos ganando. Ojalá que en el futuro recibamos más visitas de turistas, entren más personas en la tienda y aumenten las compras. Es lo mínimo después de todo el tiempo que llevamos soportando este jaleo Yesenia Fu Dependienta Tenemos unas pérdidas del 50 por ciento Los números 32 y 34 de la calle Montera han desaparecido. Un muro de vallas y casetas de operarios impiden su visión y dificultan el acceso. Una zapatería regentada por ciudadanos chinos, que se han apoderado del sector en la zona, tiene tapado su escaparate. Como su propio nombre indica, un escaparate está para que el público vea la oferta de la tienda. Pones el género más atractivo para que la gente que pasa por delante lo vea y, si le interesa, entre. Es el gancho, en el buen sentido de la pala- bra. Desde que comenzaron las obras y pusieron delante mismo de la puerta unas casetas para los operarios, tenemos un ruido espantoso. Y las personas que pasan por la otra acera no nos ven y si quieren cruzar la calle tiene que hacerlo unos metros más para allá y luego retroceder. En fin, muchas molestias para ir de compras. Tenemos unas pérdidas considerables y no se puede soportar esta situación por mucho tiempo. Consideramos que hemos perdido un 50 por ciento de ingresos, pero los gastos son más. Sólo en limpieza gastamos el triple. Y tienes que seguir pagando un sueldo a los trabajadores por no hacer casi nada, ya que hay días que entran muy pocos clientes