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9 7 06 SIETE DE SIETE (Viene de la página anterior) Es la misma frase usada por Zapatero en su corto viaje a la India para justificar la ausencia del ministro en un periplo de marcado carácter económico, y en el que los empresarios presentes se han sentido huérfanos de representación. ZP dijo que el sustituto probablemente sería catalán, para paralizar las protestas del mismísimo Montilla cuando se enteró de que el asturiano Javier Fernández, secretario general de la Federación Socialista Asturiana, estaba en la terna de posibles ministrables. Fernández sigue en la recámara de Zapatero, que será quien finalmente decida el nuevo ministro. La cuota catalana está cubierta por los candidatos en liza. Montilla ha propuesto a Joan Rangel, delegado del Gobierno en Cataluña. Su perfil político preocupa a los eléctricos, muy interesados también en saber si seguirá en su cargo el secretario de Estado de Energía, Antonio Fernández Segura, quien fuera director general de Industria entre 1991 y 1995, hombre de la vieja guardia del PSOE al que en el sector, donde ha adquirido gran autoridad, le temen por su obsesión sobre el exceso de dinero que ganan las eléctricas Otro sector del PSC apoya como posible ministro al actual conseller de Economía, Antonio Castells, que estaba llamado a ser candidato a la presidencia de la Generalitat. David Vegara es el que tiene más puntos. Es un técnico también catalán, secretario de Estado de Economía, que permitiría algo esencial: el buen entendimiento con el Ministerio de Economía. Montilla y Solbes han mantenido posturas divergentes en relación con la opa de Gas Natural sobre Endesa, embarrancada en un larguísimo proceso judicial y pendiente de que la Comisión Nacional de la Energía dictamine sobre E. On, quizá a mediados de julio. Maite Costa, presidenta de la CNE, nombrada por Montilla, no las tiene todas consigo y, tras pedirle más de 30.000 folios de documentación a E. On, podría dar luz verde a la opa con durísimas condiciones: véase la venta de las nucleares de Endesa y del negocio de la distribución en Baleares y Canarias. Además, Montilla nunca ha visto bien que E. On pueda permanecer en Medgaz, el gasoducto que unirá Argelia con España. La salida a la opa pasa por el pacto entre las partes, pero puede tener perjudiciales efectos sobre la acción. Los pequeños accionistas quieren que sea el mercado el que decida. Que Endesa desbloquee la opa de GN y ésta, en concurrencia, pugne con la de E. On. Probablemente Montilla no lo verá como ministro. Estará, como es habitual, en otros menesteres. Los valencianos e incontables peregrinos llegados de toda España se han entregado al Papa en su Más papistas que el Papa M. FRANCISCO REINA N Cultura egar la importancia cultural de la religión cristiana, fundamental- -en el sentido de fundacional- -en Europa, resulta tan absurdo como obviar que en los cimientos de Occidente están los griegos, los romanos, los judíos o los musulmanes, aunque en ocasiones los católicos hicieran hogueras para estos últimos. Yo me reconozco en alguno de los pilares básicos de la espiritualidad cristiana, difícil de conciliar con siglos de ese peligroso maridaje de la Iglesia Católica y el poder. Alguien lejano a sospecha anticlerical, José Antonio Marina, en su célebre libro Por qué soy cristiano dice: Cristo no hubiera creído lo que se dijo de él en el Concilio de Nicea... El Cristianismo estaba destinado a convertirse en una religión oriental, como actitud esencial y definitoria de una forma de ser, pero en el camino decidió asentarse sobre valores dogmáticos. Creo que la Iglesia antigua se equivocó cuando, para su propagación, decidió recurrir a la filosofía griega, que se encontraba ya en plena decadencia y había convertido los postulados platónicos en una maraña perdida de conceptos. A partir de ahí, el propio Cristianismo se fue pervirtiendo en una teología de conceptos cada vez más complicada e inaccesible, hasta defender aberraciones como que un niño recién nacido iría al limbo en caso de fallecer por el pecado de dos personajes mitológicos. Tiene Marina más razón que un santo, nunca mejor dicho, que algunos del santoral son de méritos más dudosos o ni existen, en dichas aseveraciones. No se puede olvidar que una religión que nace de un revolucionario, como Jesucristo, acabó convirtiéndose en la religión oficial del ya decadente Imperio Romano del S. IV. Constantino el Grande hizo de la Cristiandad, que hasta entonces sufría de una sangrienta persecución, la religión del Estado. Todos los defectos del decrépito Imperio fueron asimilados por el papado, incluidos sus títulos, como el de Pontífice Máximo, o Santo Padre, parte de la nomenclatura imperial del Emperador hasta ese momento. La devoción ha querido ver santidad en esta conversión de Constantino, y de su santa madre, en el sentido literal, santa Elena. Yo creo que para el emperador el Imperio bien valía unas misas. Constantino era pues, un converso, como san Pablo, que pasó de perseguidor a predicador con una caída de caballo. No me parece mal, pero, ante la visita del Papa Ratzinger, hay una serie de conversiones que le hacen a uno creer en los milagros, aunque la vehemencia de los conversos- -que son más papistas que el Papa- -siempre me ha parecido un tanto sospechosa por lo súbita. Esta visita del Papa, tan terriblemente precedida por la desgracia del metro, pretende ser como la megarave- party de las familias. Dice el Cardenal López Trujillo que nunca la familia ha estado tan acosada como en este momento y tiene razón: por la violencia histórica que vivimos, la incompren- La religión de Jesucristo era una doctrina abierta a todos, liberadora y de amor; no un fanatismo moral irreconciliable con la realidad del mundo