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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Chirac quiso presentar esta colección como su legado cultural. Annan asistió a la inauguración y se extasió ante un símbolo de la inmortalidad Mesoamérica... El visitante puede visitarlo todo a paso de carga. Pero ¿cómo resumir el mestizaje de civilizaciones en lo que hoy se llama Argelia, donde se cruzan Grecia, Roma, el islam y la colonización a través del berebere, el griego, el latín, el árabe clásico y las lenguas contemporáneas en un mestizaje de difícil resumen ¿Cómo resumir el mestizaje de culturas que se cruzan de trágica manera en la mexicana Plaza de las Tres Culturas, donde aún están presentes los templos sacrificiales mayas, la iglesia cristiana y los símbolos del poder político y religioso contemporáneo? El Museo del Quai Branly no entra en tan ingratos detalles. Se limita a presentar, con mucho tacto, un número muy limitado de piezas u obras de las más distintas culturas y civilizaciones, dejando al turista solo ante el peligro de la ignorancia. El Museo ha sido concebido como un proyecto de diálogo, conocimiento y respeto mutuo. De la colonización a la mundialización, sus colecciones ofrecen insólitas perspectivas, de las que sólo están ausentes las obras convencionales indisociables de nuestra civilización ¿europea? ¿occidental? ¿trasatlántica? Mundo incógnito ¿Cómo no sentir respeto y admiración por las obras de una cantidad tan abrumadora de civilizaciones difuntas, en cuarentena, tarde, mal y apenas conocidas? Aunque ¿cómo no sentir una cierta vergüenza ante la ligereza culpable de nuestra contemplación turística de un patrimonio tan inmenso representado con tanta honestidad como responsabilidad limitada? En términos absolutos, 300.000 obras pudieran ser un patrimonio sin duda excepcional. Pero esa cifra oculta una realidad variopinta, no siempre comparable. Unos peines de marfil quizá sean un testimonio etnográfico esencial, no siempre comprable con las obras maestras del gran arte Las máscaras funerarias de civilizaciones africanas pueden ser sublimes, pero quizá sean difícilmente homologables como obras de arte definitivas. El Museo del Quai Branly ofrece al turista muchos recursos pedagógicos para intentar abrirse camino en una selva tan espesa de culturas y civilizaciones, a lo largo de 5.000 años de historia. Se abren horizontes inmensos, que hacen más insondables los vacíos y las forzosas ausencias. Aventura épica, la de ese Museo de las Artes Antiguas, que habla de un pasado colonial y un ambiguo presente multicultural, cuyo relativismo moral y cultural deja al paseante un amargo sabor a ceniza fría. Arte africano, oceánico, americano... Una apabullante muestra de culturas que el visitante visita a paso de carga para no perderse nada