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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Una cuadrilla de jóvenes equipados con hoces se dedica a destruir las plantaciones de cannabis de acuerdo con el programa elaborado por el Gobierno Lo peor que nos puede ocurrir es que se nos pase alguna finca por alto por las disputas que ello puede generar comenta sin querer dar su nombre en pleno campo de batalla el caíd de Beni Gorfet, con sombrero de paja, gafas de sol y uniforme militar. El periodista acompaña a los erradicadores para comprobar cómo arrancan las plantas de varias parcelas que ya fueron destruidas en 2005. Esta campaña es un compromiso de buena fe ante Europa, que debe ayudarnos. Es una obligación también ante la población europea, consumidora de cannabis puntualiza Milahi, que se defiende del implacable solano con una gorra del Real Madrid. Siempre vamos a encontrar gente reticente a estos planes (de erradicación) pero en cambio han de saber que dejarán de ser perseguidos por la Justicia. Ninguno se va a morir de hambre Parece que los reacios no están tanto entre los campesinos, que apenas hacen dinero con este negocio, como entre los que participan de la elaboración del hachís y de su tráfico. Por estos puebluchos se ve a veces a gente con un tren de vida difícil de explicar con lo que se supone que es su trabajo o propiedades. Sabemos que hay gente con intereses económicos y personales que vienen detrás de nosotros intentando destruir todo lo que vamos haciendo comenta un responsable refiriéndose a aquellos a los que costará apartar del negocio. Por la carretera que lleva a Souk Kola un hombre que hace auto- stop nos acompaña unos kilómetros. Aquí hay gente que lleva años plantando cannabis y no tiene ni para zapatos En casa- -por decir algo- -de los Fertuti lo comprobamos. Fátima nos abre la puerta, la siguen uno de sus hijos y varios sobrinillos. Todos descalzos y más bien recortados de carnes. En dos habitaciones, sin luz ni agua y con un amago de fregadero, habitan siete personas. Esta es una familia tipo de los eslabones inferiores de la cadena del cannabis. Lejos de todoterrenos y ropa cara y, sobre todo, con muchísima desconfianza hacia las ofertas que les hacen las autoridades. Cerca de donde malviven los Fertuti el secretario general de la provincia de Larache, Abderrazak Mansuri, ha inaugurado un centro de formación con una guardería. Hay máquinas de costura y un aula de alfabetización, y se aprovechará para concienciar a la población sobre la necesidad de cambiar de hábitos. En el centro de Souk Kola, unos cientos de metros más allá, se instaló para la ocasión una jaima en la que Mansuri dio el banderazo de salida al reparto de un centenar de cabras y unas decenas de colmenas que irán a parar a las cooperativas recién creadas. Esto no es ningún crédito. Son ayudas sin que el Estado tenga que recibir nada a cambio les asegura a través de un micrófono que se entrecorta una y otra vez. Lo pasado, pasado está. A quien quiera abandonar este crimen le apoyaremos y no le pediremos cuentas. El kif ya es historia en Larache Ver para creer. Es irresponsable arrasar sin dar soluciones a la población. No se debe plantar cannabis. Pero hay que diseñar una estrategia paralela nos comentan en la ONG Targa La familia Fertuti vive de trabajar en los campos de cannabis