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42 Internacional DOMINGO 9 7 2006 ABC Un soldado israelí salta de un carro de combate Merkava en la base de Zikim, entre el incesante ajetreo de las operaciones en la Franja de Gaza AFP El ajetreo es constante, agotador, ensordecedor. Salen hacia el centro de la Franja mientras otras unidades regresan del norte... El Ejército más poderoso de Oriente Próximo a pleno rendimiento Apocalypse Now en Gaza JUAN CIERCO. CORRESPONSAL BASE DE ZIKIM (FRONTERA DE GAZA) ...Acción. Pero no es una película. Ni siquiera un documental novelado. Es la realidad, pura y dura, que muchas veces, casi siempre para peor, supera a la ficción. El decorado parece sacado de una superproducción bélica de Hollywood. Pero no estamos en el desierto de Arizona, ni en las playas filipinas donde, por ejemplo, Francis Ford Coppola rodó esa obra maestra del cine, Apocalypse Now que tanto se parecía a la realidad de Vietnam, que tanto se parece a otras verdades a medias de Oriente Próximo. La Base de Zikim es un hervidero. No hay un momento de calma. Ni de tregua. Ni de silencio. Los relojes, en hora. Todo está organizado al milímetro. Los actores se saben sus papeles al dedillo. Cada uno hace cuando tiene que hacerlo lo que tiene que hacer. Y lo hace bien. Al menos eso parece. Nadie grita corten Los carros de combate Merkava salen por la verja que separa Gaza de Israel, acompañados del retumbar de sus motores, mientras sus jinetes saludan con el pulgar hacia arriba convencidos de una segura victoria. Se dirigen al centro de la Franja, a las puertas mismas de la ciudad, a barrios tan densos y combativos como los de Al Zeitun y Sajaiyeh, donde les espera una feroz resistencia palestina. Una columna de blindados para el transporte de tropas hace el camino a la inversa. No tienen la batalla en el horizonte sino en la retina, en la memoria. Los soldados de la Brigada Golani, la más temida por los árabes, la más y mejor preparada, aunque las demás no se quedan cortas, regresan a la base tras 48 horas de combates ininterrumpidos en Beit Hanún y Beit Lahia, en el norte de la Franja, donde en tan corto espacio de tiempo se han recogido más de 30 cadáveres palestinos. Con el pueblo judío no se juega Ariel es uno de los jóvenes militares que llegan rendidos. Mira desconfiado. Consciente de que se ha jugado la vida. Estoy orgulloso de lo que hemos hecho, de lo que estamos haciendo. No sólo luchamos para salvar la vida a nuestro compañero Guilad (hoy se cumplen dos semanas de su secuestro) no sólo combatimos para evitar el lanzamiento de cohetes Qassam contra nuestras casas sino que estamos aquí para defender la existencia de nuestro Estado, para demostrar al mundo y a los árabes que con el pueblo judío no se juega, para dejar claro que por mucho que se empeñen en empujarnos al mar nos encontrarán siempre aquí, erguidos, de pie, dispuestos a morir si hace falta para defender a nuestro país, nuestra patria, nuestras familias, nuestro modo de vida Y se va a una tienda de campaña toda abierta menos hacia el cielo, enorme, desproporcionada, donde se mezclan las cajas de conserva, las botellas de agua, las municiones, con unos polvorientos camastros donde se tumban los soldados a medida que llegan, también del sureño aeropuerto de Dahaniyeh, en otra retirada calculada, y cierran los ojos, y piensan en lo que ha podido ser y no ha sido, y comprueban que están vivos y pese a la locura colectiva que todo lo embarga y al infernal ruido que todo lo ahoga, se duermen presas del agotamiento. De fondo, como quien cuenta ovejas, pueden contar los cañonazos secos, huecos, ensordecedores de la artillería móvil, que asusta a los despistados, a los soldados en su duerme vela, a los perros que caminan atados a sus amos, husmeando aquí y allá, y sobre todo aterroriza a los pocos prisioneros palestinos capturados en las incursio- nes al norte de la Franja, con los ojos vendados, con las manos atadas con una cinta de plástico que corta la respiración y la circulación, con el rictus de una cara a medias de miedo entero. La bombardeos continúan Y el polvo se levanta a las primeras de cambio; y el humo todo lo nubla, y el olor a gasolina quemada te ahoga los pulmones, y los proyectiles en fila, trasladados algunos por los soldados hacia la boca de los cañones recién limpiadas por otros reclutas, presagian lo que está a punto de ocurrir. ...Fuego. Lo dicen los cañones. Lo repiten los soldados. En ningún caso sale de boca del director, sentado en esa silla de tela con su nombre a la espalda, complacido con el espectáculo, con el rodaje de una realidad que supera a la ficción, que no necesita de nuevas o falsas tomas, de ensayos interminables, de correcciones en el manoseado guión... Todo está tan controlado que asusta la precisión. La columna de carros de combate que se aleja hacia la ciudad de Gaza; la de blindados que llega del norte de la Franja; los soldados que saludan con el dedo pulgar levantado; los que te levantan el dedo corazón al no despertarles precisamente simpatía... Y Coppola seguro de todo. No es para menos... Luces, cámara y acción. Aunque se empeñen en destruirnos nos encontrarán siempre aquí, de pie, dispuestos a morir si hace falta