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ABC MIÉRCOLES 5 7 2006 69 El Museo Reina Sofía reúne, hasta el 16 de octubre, dos centenares de obras de Gordon Matta- Clark Ignacio Padilla desciende al infierno de Dante desde su novela La Gruta del Toscano Cultura concede el premio Nacional de Cinematografía, a título póstumo, a Joaquín Jordá El cineasta, ideólogo de la Escuela de Barcelona falleció hace tan sólo doce días b El jurado, presidido por el direc- tor general del ICAA, destacó del premiado su capacidad para abrirse a nuevas formas del relato audiovisual ANTONIO WEINRICHTER MADRID. Para hacerse una idea cabal del legado potencial de Joaquín Jordá al cine español, hay que empezar por anotar todos los proyectos que no pudo realizar y que un estudio reciente de Gloria Salvadó cifraba en casi una cuarentena: obras truncadas que planeó o escribió en colaboración con Marco Ferreri, Pere Portabella, Javier Maqua, Gonzalo Suárez o Nuria Villazán. Habría que continuar aquilatando su aportación a la mítica Escuela de Barcelona, más allá de los títulos que firmó personalmente, dados los principios de trabajo en equipo e intercambio de funciones que frecuentemente presidieron su funcionamiento: su condición de ideólogo del movimiento, en cambio, sí se encuentra bastante documentada. Y habría que terminar con su difícilmente cuantificable labor como maestro o padre de adopción de nuevos valores del cine de no ficción catalán, como Isaki Lacuesta. Pero ciñéndose a los proyectos que sí llegó a realizar, su obra guadianesca (por los períodos de alejamiento o inactividad) y proteica (por su alternancia entre la ficción y, sobre todo, el documental) ya tiene de por sí una consistencia considerable y sólo necesitaría, para concretar ese legado que se mencionaba arriba, de una mayor accesibilidad por parte de un público más amplio que ese círculo de iniciados jordianos que agrupa a ciertos críticos, historiadores y comisarios de museos. El juego sobre la seducción y la posibilidad misma del narrar historias de la sherezade de Dante no es únicamente severo la película- faro de la Escuela. La radicalidad de mostrar una fábrica autogestionada, y de darle la palabra a los obreros (como preconizaba pero no siempre hacía aquella ficción de izquierda de que hablaba Daney) en Numax presenta y la coherencia de volver a darles la palabra veinte años Joaquín Jordá, en una imagen tomada el pasado mes de abril después, cuando ya el fondo del aire no era rojo, en la melancólica pero vital Veinte años no es nada La operación de autopsia de la Escuela y el retrato de su viejo compinche Jacinto Esteva que llevaba a cabo en El encargo del cazador Y la espléndida mezcla de voces, discursos y materiales de que hacía gala en su obra maestra, Monos como Becky en donde mostraba su gravísima operación, habla- EFE ba de su disfunción, incluía diálogos socráticos y un reportaje- ficción sobre la trepanación, y montaba una obra de teatro con otros discapacitados mentales... Diferentes acercamientos a esa frontera entre el documento y la representación, en la que se instaló y que le llevó a ocupar un injusto lugar periférico en nuestro cine. Pero éste fue menos convencional gracias a todo lo que hizo o quiso hacer Joaquín Jordá.