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10 MIÉRCOLES 5 7 2006 ABC Tragedia en el metro de Valencia Don Juan Carlos y Doña Sofía asistieron ayer en Valencia al funeral por las 41 víctimas del siniestro La investigación no detecta fallos mecánicos o técnicos en el descarrilamiento del convoy Don Juan Carlos y Doña Sofía presidieron en la Catedral el multitudinario funeral por las víctimas b Entre las 41 víctimas mortales, 29 de ellas mujeres, había 35 españoles, un argentino, una colombiana, un venezolano, una paraguaya y una búlgara PABLO MUÑOZ JESÚS BASTANTE VALENCIA. Madrugada de silencio y trabajo; mañana de dolor e incertidumbres; tarde de perplejidad, llantos, oración y recogimiento, con Don Juan Carlos y Doña Sofía, el presidente del Gobierno, altas autoridades del Estado, autonómicas y locales y también representantes de todos los partidos volcados en acompañar a unos familiares destrozados, a una ciudad conmovida... Fueron las horas más largas, las horas más tristes de una Valencia que aún no ha logrado recuperarse del golpe pero que espera levantarse ante la llegada, el próximo sábado, de Benedicto XVI. Los valencianos querían respuestas rápidas a la tragedia, buscaban una explicación a lo sucedido, y las obtuvieron. No les sirvieron para aliviar el es- panto- -no hay nada en el mundo que pueda conseguir eso- pero al menos sí les tranquilizaron, porque el informe del Comité de Seguridad en la Circulación, en el que participan también los sindicatos, dejaba pocas dudas: el tren circulaba a 80 kilómetros por hora, el doble de lo permitido en ese tramo. Evidencias y serenidad Lo difícil, quizá imposible, será determinar el porqué, aunque la hipótesis más probable es que el maquinista sufriera un desfallecimiento por razones desconocidas. El estado del cadáver no pudo confirmarlo, pero al menos aportó un dato que consuela: no había ingerido sustancias tóxicas. Otra evidencia, que igualmente aporta serenidad a un debate incipiente entre distintos sectores que amenazaba con enfrentamientos y acusaciones: no hay un solo dato que indique que se produjera un fallo mecánico o técnico. Con el sosiego que producen las certezas, los valencianos y las decenas de miles de personas que visitan la ciudad en estos días previos a la visita de Benedicto XVI vivieron sin grandes de- mostraciones de tristeza colectiva estas horas de luto. La madrugada había sido de una actividad frenética en el Instituto de Medicina Legal, donde a la labor de los forenses se unió la de los psicólogos y el personal sanitario que atendieron a los familiares, a quienes recomendaron regresar a sus casas a descansar para poder afrontar mejor el doloroso día que les esperaba. Ya a primeras horas de la mañana, la actividad principal se trasladó al Tanatorio municipal, adonde eran llevados los cuerpos después de identificarlos y una vez realizada la autopsia, y al que acudían los allegados para velar, rotos, a sus seres queridos. El tercer foco de atención estaba en la estación de metro de Jesús, epicentro de la tragedia, donde los operarios municipales trabaja- ron sin descanso toda la noche del lunes y durante el día de ayer para que hoy se pueda reabrir esa línea 1. Resultados oficiales El difícil y penoso trabajo de los forenses dio resultados oficiales a media tarde, cuando se hizo público que entre las 41 víctimas mortales había 35 españoles, un argentino, una colombiana, un venezolano, una paraguaya y una búlgara. Se trataba de 29 mujeres y 12 hombres, la mayoría de los cuales residían en Torrente (16) y Valencia (12) y el resto en Paiporta, Real de Montroi, Catarroja, Alfafar, Picaña, Alcántara de Júcar y Alaquás. Sin embargo, la juez no autorizó que se facilitaran sus nombres, y además aún hay una persona sin identificar, un varón cuyo ADN no coincidió con el de las personas que se suponía que eran sus familiares. El día en Valencia era extraño. Había actividad, porque la vida tiene que seguir, pero no bullicio ni alegría. Lo comentaba ya muy entrada la madrugada del lunes al martes un taxista: El nivel de los decibelios en las calles ha bajado desde el mismo instante en que Fray Emilio Cruz, superviviente de la tragedia, fue uno de los religiosos que participaron en las exequias