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ABC MARTES 4 7 2006 Cultura 63 MÚSICA POPULAR Noches del Español Concierto de la Orquesta Nacional de Barbés. Lugar: Teatro Español, Madrid. UNA CUADRILLA ALBOROTADORA LUIS MARTÍN El presidente Jaume Matas y su esposa junto al matrimonio Douglas, durante la inauguración en Deià Los actores Catherine Zeta Johnes y Michael Douglas acompañaron a Jaume Matas en la inauguración de la casa del autor de Yo, Claudio en las afueras de Deià, en la que vivió desde los años cuarenta hasta su muerte en 1985 Deià reabre la casa de Robert Graves TEXTO: JESÚS GARCÍA CALERO FOTO EFE MADRID. Pareció que Robert Graves celebraba otro de sus cumpleaños. La gente se arremolinaba junto a su casa a las afueras de Deià, en la costa norteña de Mallorca. Buena parte del pueblo se acercó a beber a su salud e incluso se presentaron algunas estrellas de Hollywood. Así era antaño, cada 24 de julio, cuando Rober Graves abría su casa para celebrar su aniversario y los invitados podían compartir unos momentos con Ava Gardner o Alec Guiness. Pero, por mucho que se pareciera el ambiente de ayer, el motivo de la reunión era otro. El presidente de Mallorca, Jaume Matas (que se llevó una bolsa, por cierto, de hortalizas del jardín huerta familiar) y las estrellas hollywoodienses Michael Douglas y su esposa Catherine Zeta Johnes, presidieron, por así decir, el brillante acto social con el que se abrió la casa de Robert Graves, autor de Yo, Claudio y también de La diosa blanca escritor de El vellocino de oro y asimismo de Adiós a todo eso poeta entre los grandes del siglo XX y soldado en las dos guerras mundiales. Después de meses de rehabilitación, la morada de Graves ha quedado como estaba en los años cincuenta. Su hijo Guillermo nos lo comenta, con ilusión no ajena al sentido del humor. Es cierto que hubo algunos discursos, pero asistimos, gracias a sus palabras, a la apertura de un centro de la cultura que ahora se ha recuperado. Los lectores, aquellos a quienes las obras de Graves, en verso o en prosa, conmovieron o cambiaron, tienen la posibilidad de asomarse a aquella intimidad un poco indómita que habitaba en la España de Franco, en una aldea agrícola aunque anticlerical, como él solía decir. En el piso de abajo, relata Guillermo Graves, todo ha quedado como en los años 40. Los mismos muebles y el mismo ambiente de cuando vivíamos allí Están sus plumas, su tintero y las fundamentales tijeras, que en sus manos acuñaban el valor del corta y pega que hoy todos hemos asumido a través de la informática. Están su despacho y el comedor de entonces, alimento del Pareció que Graves celebraba otro de sus cumpleaños, con la presencia de estrellas de Hollywood y todo La casa quedará abierta al público este mismo verano y se conserva como cuando él vivía con su familia en ella cuerpo y del espíritu, y al lado se ha recuperado la cocina de carbón marca AGA, el Rolls Royce de las cocinas También está la imprenta que trajeron con ayuda de T. E. Lawrence para fundar Season Press, editorial que vio el nacimiento de un puñado de poemarios allí mismo, junto con la factura de los aranceles de su importación. El jardín, según queda dicho, ha vuelto a florecer con árboles cuyos frutos el escritor recolectaba y luego mercadeaba. Y en la planta de arriba la zona de exposición con sus primeras ediciones a la vista, con el fin de demostrar qué hay más allá de Yo, Claudio un autor de 144 publicaciones, el 60 por ciento de ellas en prosa. Allí también documentos históricos, la carta de Gertrud Stein comentada por Graves, otra de Churchil agradeciendo el envío de un libro, su discurso al aceptar ser hijo adoptivo de Deià, una conferencia de Cela, la carta de la Reina Isabel II de Inglaterra otorgándole una condecoración poética, misivas de Thatcher y otros políticos ofreciéndoles oropeles del poder que nunca aceptó... Graves dio a Deià la carretera que baja serpenteando a la cala recogida y preciosa. Y, en 1963, tras cartearse con Manuel Fraga, y luchar contra la burocracia, logró que llegase la luz eléctrica. Por eso la apertura de su casa es, otra vez, un acontecimiento, para el pueblo, las islas, para todos nosotros. a retranca, variedad de colorido sonoro y eficaz teatralidad de esta formación alborotadora ya puede ser bien conocidas entre nosotros. La Orquesta Nacional de Barbés recalaba en Madrid en 1998 y 2003, y ahora ha abierto el ciclo Noches del Español. No ha resultado mejor que entonces y, quizás, sea debido al reducido espacio que un teatro es capaz de ofertar para lo que esta gente demanda sin cesar: que el público baile y cante hasta el agotamiento. Los músicos que componen esta orquesta viven en el parisino barrio de Barbés. Todos provienen de emplazamientos bien diversos del Magreb y hace tiempo que comenzaron a tocar juntos para divertirse. El supuesto aislamiento que viven estos barrios periféricos en Francia no ha impedido el desarrollo de una música que parece filtrada, con interferencias, a través de antenas parabólicas con múltiples orientaciones. Un K. O. pugilístico, limpio y rápido, hecho de rock, raï argelino, funk, gnaua marroquí, reggae jamaicano y sukús centroafricano. Un K. O. para el que es bueno tener cintura y bailar. Hay interesantes instrumentistas en la empresa y otros, en cambio, sólo son discretos; todos, sin embargo, dominan con espeluznante naturalidad la escena. Alternan en percusiones y voces, en voces y acordeón. Cantan en árabe, visten rigurosa estética proletaria y se ríen de muchos de los prejuicios que, en Occidente, existen para con su pueblo y cultura. El asunto tiene verdadera guasa cuando, durante más de diez minutos, consiguen que el personal coree Alabado sea Dios en árabe. Un mundo extraño éste de la world music; en la calle se tienen prejuicios y, más tarde, en la escena, la segregación racial retrocede incluso enteros. Muchas cosas suenan en el repertorio de esta formación que podrían ser objeto de reflexión. Ellos, en cambio, se arrojan en brazos de la fanfarria, y ya nadie recuerda que alguna de las piezas interpretadas buscaba revolucionarias equivalencias sonoras: la flamenca, la marroquí y, si me apuran, hasta la balcánica. El fenómeno de la Orquesta Nacional de Barbés desborda cualquier previsión que se quiera hacer sobre ellos. Y su sentido de la polirritmia como vía hacia la catarsis colectiva, y, sobre todo, la tremenda energía vital incorporada a la música y a la danza, no hacen sino confirmar sobradamente el poderío. Que vuelvan pronto. L