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ABC MARTES 4 7 2006 Internacional 39 Sara, tres años, pamplonica, vino hace un mes a visitar a su abuela. La ofensiva israelí le causa pesadillas, convulsiones, aneuresis nocturna... Su padre quiere sacarla de aquí. No puede. Es palestino Niña española rota en Gaza TEXTO: J. CIERCO FOTO: LAURA LEÓN GAZA. Sara lleva varios días atada a cuatro palabras. Lleva una semana atacada de los nervios. Lleva muchas noches sin dormir. Lleva un cuadro médico cargado a sus tiernas espaldas que lo dice todo: traumas físicos, delirio, convulsiones, pesadillas, aneuresis nocturna (se hace pis en la cama, y caca encima) Sara, tres años y medio, nacida en Pamplona, con pasaporte español (AE 602082) y DNI (73115206 T) lleva varios días atada a cuatro palabras: Quiero irme con mamá Mamá está en la capital navarra, donde vive la familia desde hace cuatro años. Las dice una y otra vez. En ese español que habla como española que es. Con esos ojos grandes que abre todavía más cuando oye su idioma pero que se nublan enseguida por las lágrimas que no deja de verter. Quiero irme con mamá repite mientras se abraza a su padre del que no se separa ni unos segundos. Sara y su padre, Isham Salman, palestino de 33 años, con permiso de residencia en España, recién finalizada su tesis en la Facultad de Farmacia de Pamplona, miembro de su departamento de Investigación y Desarrollo, llegaron a Gaza el 3 de junio. Él llevaba cuatro años sin ver a su madre, a sus hermanos, a sus sobrinos. La niña no los conocía. Ola, la madre de la pequeña y esposa de Isham no las tenía todas consigo. No vayas, no te lleves a la niña pero a su marido le hacía mucha ilusión volver a pisar su tierra. Tenía que haber regresado, por la frontera de Rafah con Egipto, el 1 de julio. Pero siguen aquí. Sara Salman trata de refugiarse en un armario durante uno de sus ataques de miedo en la casa de sus familiares en Gaza y me han prometido ayuda pero la situación es muy difícil. emergencia que la UE está organizando para sacar por Rafah a los ciudadanos europeos asegura. Y tiene razón. El cónsul general de España en Jerusalén, José María Ferré, explica a ABC que el caso es realmente muy complicado porque Israel considera a todos los palestinos con doble nacionalidad (aunque Isham ni siquiera la tiene) que regresan a Gaza y Cisjordania sólo palestinos. Sara podría ser evacuada por un diplomático español pero en estos momentos, tal y como se encuentra de salud, es completamente impensable que se separe de su padre. Además, Ola, su madre, no puede viajar a Egipto a recogerla. Imposible regresar Yo soy palestino y no es seguro que me permitan salir en el convoy de Más de 80.000 niños afectados Desde que llegaron, Isham y Sara han pasado más tiempo en el hospital, con un psicólogo infantil, que en casa. Poco después de ser secuestrado Guilad Shalit, la aviación israelí lanzó su ofensiva contra Gaza, con bombardeos, vuelos rasantes, fuego de artillería y, sobre todo, las espeluznantes bombas ultrasónicas que tienen aterrorizada a toda la población, sobre a todo a los niños. 80.000 afectados, según el psiquiatra Sami Oweida. Sara es una de ellos. Cada vez que se produce una explosión ultrasónica, varias veces al día, varias veces durante la noche, la niña sufre un ataque de nervios, convulsiones, rompe a llorar desesperada, se hace pis en la cama y caca encima. Nada la consuela salvo los brazos de su padre y alguna canción de Los Lunnis que Isham le pone en su ordenador portátil. Está bajo tratamiento médico, con tranquilizantes y sedantes pero apenas ha mejorado nos dice Isham que se muestra tan impotente como ansioso por sacarla de aquí. He hablado con el consulado español en Jerusalén Asentados en España Está embarazada por cuarta vez (su hijo mayor, Samer, de 4 años y medio, nació en Gaza; Saher, de dos, lo hizo en Pamplona y también es español, como lo será Sandra) y sale de cuentas el 25 de julio. Sara nos escucha atentamente mientras conversamos con su padre y apenas mira por entre los dedos de sus manos que tapan su cara. Está muy asustada. Tiene miedo de casi todo. De los cazas F- 16 que rompen la barrera del sonido, de las bombas ultrasónicas, de los helicópteros Apache de los portazos inesperados por una mala corriente de aire, de la cámara de nuestra fotógrafa... Y es que, pese a todos los esfuerzos que hace su padre, al borde también de un ataque de nervios; pese al interés de los diplomáticos y periodistas españoles por ayudarla, Sara sigue, en su pequeño y terrorífico mundo de Gaza, atada a cuatro palabras: Quiero irme con mamá