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ABC MARTES 4 7 2006 Tragedia en el metro de Valencia 17 Muertos, trenes y confusión. Esta mezcla recordó el 11- M hasta que la Delegación del Gobierno descartó la hipótesis del atentado. Un alivio que no consoló a quienes, como un padre desesperado, buscaban a los suyos: ¿Qué pasa? Mi hijo no coge el móvil Psicosis de atentado TEXTO: V. V. J. R. A. C. MIKEL PONCE ria, así como la inauguración del Congreso Teológico- Pastoral que esta tarde habría de tener lugar en la Feria. Finalmente, el simposio se celebrará, pero se anularán todos los actos que no sean exclusivamente académicos. Además, en todas las actividades se incluirán oraciones por las víctimas y sus familiares. La única actividad lúdica que se mantendrá será la zona de juegos para niños que funciona en la Feria desde el pasado sábado. Desde la organización se ha indicado que los pequeños deben mantener la serenidad, y sus padres deben saber que estaremos con ellos En todo caso, el calendario de eventos podría sufrir variaciones ante funeral por las víctimas, que tendrá lugar a las siete de esta tarde y al que acudirán numerosas personalidades civiles y eclesiásticas. Viaje confirmado Por su parte, la Santa Sede confirmó que el Papa Benedicto XVI mantenía íntegra su agenda, con lo que todos los actos programados para los días 8 y 9 se mantienen, aunque con toda seguridad el Pontífice reformulará sus discursos para dar entrada al pésame por los fallecidos. Nadie duda que el V Encuentro Mundial de las Familias quedará marcado por la tragedia y la desesperación. Pero, casi desde el mismo momento en que se supo el alcance de la tragedia, cuando todos los rincones de la ciudad vestían las banderas con los colores del Vaticano de crespones negros, todos los participantes del encuentro mostraron su confianza en que la próxima llegada de Benedicto XVI ayude a llevar un poco de esperanza y consuelo a toda una ciudad (todo un país) que ayer se puso de luto. VALENCIA. Los 38 grados que marcaban ayer los termómetros de Valencia a la una del mediodía no evitaron la sensación de escalofrío colectivo que sacudió a la ciudad tras la transmisión, en principio confusa, de que un grave accidente habría segado un número indeterminado de vidas. Con el amargo recuerdo de la masacre de Madrid instalado en la memoria, la rumorología apuntaba hacia la posibilidad de un atentado. Las primeras declaraciones del subdelegado del Gobierno, descartando esa hipótesis, significaron un alivio. Durante las horas posteriores al accidente, la comunicación telefónica se bloqueó en la ciudad. Superada la psicosis inicial, llegó el amargo trago para aquellos que no tuvieron la suerte de que alguien les contestara sus llamadas, que se tornaron agónicas. Nervios a flor de piel. Uñas destrozadas por los continuos mordiscos a las que fueron sometidas sin descanso. Sollozos compartidos y abrazos sinceros. Caras de angustia y una mirada fija, depositada en el diminuto teléfono móvil, que hace horas que no suena y no se tienen noticias de los seres queridos. La espera fue una inmisericorde carcoma para los que esperaban a alguien que tenía que desplazarse en metro a esas horas. La estación del suburbano de Plaza España, por donde a las 13 horas pasó el tren de la muerte y la más cercana a la de Jesús, lugar de la catarsis, es un frecuentado punto de reunión de amigos y familiares, debido a su ubicación, próxima al centro del casco urbano. Muchas personas que tienen que desplazarse hasta el corazón de la ciudad se citan en esta parada. Por ello, las inmediaciones de la estación, precintada a cal y canto, eran un hervidero de gente, entre los que querían acceder al transporte metropolitano, todavía ajenos a la desgracia, y los que esperaban noticias que no llegaban. Una pareja de hermanos no podía reprimir las lágrimas, apartados unos metros de la entrada. En cuanto pasaba un policía, se acercaban cariacontecidos y preguntaban por el horario exacto del siniestro, para establecer un cálculo y adivinar si su madre, usuaria de esa línea, podría ser una de las víctimas. El agente les consolaba y razonaba que casi todas las líneas estaban paradas y podía encontrarse por cualquiera de las otras estaciones. Este consuelo no aliviaba. Al filo de las tres de la tarde un todoterreno se sube a la acera y aparca a escasos centímetros de la banda de precinto. Un atormentado señor intenta entrar a toda prisa a la boca del metro y es frenado en seco por los guardias jurados, quienes le señalan El recuerdo del 11- M disparó los nervios en las proximidades que no es posible bajar al suburbano. ¿Qué pasa? Mi hijo está en el metro y no me coge el móvil repetía hasta la saciedad, sin atender apenas a las indicaciones de los agentes de la Policía local también presentes. Con la voz entrecortada por la emoción, al final atiende a razones. Escucha sin mucho ánimo que lo mejor que puede hacer es dirigirse a la estación de Jesús, aunque ya le advierten EDUARDO MANZANA Las comunicaciones telefónicas quedaron bloqueadas en las horas posteriores al siniestro que allí manda el caos. Raudo, vuelve a montarse en su vehículo, da marcha atrás y sale zumbando a la calle sin mirar y casi atropella, casualmente, a un voluntario del Encuentro Mundial de las Familias que se dirige hacia el centro. La historia se repite sin cesar. Una señora, aparentemente tranquila, pregunta también por el horario del accidente, ya que mi madre viaja en metro y me estoy empezando a preocupar La respuesta es la misma. Escuche la radio o vea la televisión, que seguro que tienen más noticias que nosotros Las caras de desesperación, obviamente, se agravaban ante la falta de información. Pero en esos momentos trágicos, no había quién diera más.