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ABC MARTES 4 7 2006 Tragedia en el metro de Valencia 13 Rompimos las ventanas a puñetazos para dejar ese infierno P. GÓMEZ VALENCIA. Tardamos un cuarto de hora en reaccionar. Los nervios y gritos nos paralizaron a todos hasta que un grupo decidimos romper las ventanas del vagón para poder salir de ese infierno Víctor viajaba en el convoy accidentado camino a Torrent. Quedaban pocos metros para alcanzar la estación de Jesús cuando ocurrió la tragedia. Cada una de las unidades se encontraba al completo. Un grupo de jóvenes tomó la iniciativa entre el estupor, el humo y la histeria: Las puertas no se abrían y tuvimos que romper los cristales para poder salir, abrir los accesos desde fuera y ayudar al resto de pasajeros a escapar continuó el joven minutos después del accidente. Las llagas y heridas en sus manos ensangrentadas lo decían todo. No puedo hablar, no me salen las palabras consiguió pronunciar uno de los viajeros que logró escapar del túnel pasadas las 14.15 horas. Tras pasar por el hospital de campaña se apreciaban rasguños en sus piernas que le hacían cojear del dolor. El tren se movía mucho y sólo puedo recordar ahora la confusión en la que hemos estado todos explicó antes de estallar en lágrimas. No quiero hablar más, lo siento dijo antes de emprender su camino volviendo la vista atrás. Decenas de 30 personas salieron por la boca del metro un poco antes. El primer vagón, el descarrilado, era de color rojo y el segundo amarillo, comentaban varios jóvenes con ansiedad en busca de una hipótesis de la causa del accidente. Grupos de personas se arremolinaban y se reproducía un sólo comentario: es un milagro que no estuviera yo ahí debajo hace unos minutos. La mujer embarazada que resultó herida en el momento de ser traslada al hospital ra contribuir a su identificación. Varios funcionarios se ocupaban de tomar nota de identidades y teléfonos de contacto. Una lista y nada más. A esperar. Porque las autopsias requieren tiempo. Hay víctimas que portaban documentación. El hallazgo de un carné, de un pasaporte suaviza el mal trago de sus familiares: no tendrán que ver los cádaveres. Basta un reconocimiento fotográfico. Lo mismo ocurre con aquellos cuerpos reconocibles. El hallazgo de un carné, de un pasaporte, allana también el camino de los forenses, que tropiezan en infinidad de complicaciones ante cuerpos mutilados dificilmente identificables. En esos casos es necesario recurrir a las pruebas de ADN. Veinte forenses trabajan sin descanso. A medida que iban siendo identificados, los cadáveres iban a ser trasladados al Tanatorio Municipal. Según fuentes del TSJ, al cierre de esta edición, se habían practicado 27 autopsias y se habían identificado 14 cuerpos en la Ciudad de la Justicia, donde un grupo de 15 psicólogos ayudaba a las familias a asimilar el golpe. La cafetería de la segunda planta se habilitó como zona de avituallamiento: agua, café, algún bocadillo y tila, mucha tila. La noche iba a ser larga. AP Mientras, después de muchas especulaciones sobre su paradero, a primeras horas de la noche se confirmó, por parte de la Consejería de Justicia del Gobierno valenciano, que el conductor del convoy se encontraba entre los fallecidos. Durante la tarde, el secretario general de SF- Intersindical Valenciana, José Fernando Soto, había mostrado su inquietud por el paradero del conductor, así como de la interventora que viajaba en el metro, aunque, al parecer, sí se había encontrado documentación. Ello a pesar de que se había informado que se encontraba entre los heridos leves.