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4 Opinión MARTES 4 7 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil UNA FALSA VICTORIA DE EVO MORALES E VUELTA A MELILLA A muerte de dos inmigrantes que intentaron saltar en la madrugada de ayer la valla que separa Marruecos de España en Melilla es la prueba irrefutable de que la inmigración ilegal requiere una tensión permanente del Estado en la aplicación de las leyes y en la presión diplomática con los estados de origen y de tránsito, como es Marruecos. No se trató de una avalancha multitudinaria, como las que se produjeron el pasado año, pero el episodio tampoco debe ser tomado como un hecho aislado, y menos aún sin visos de repetirse. Por el contrario, es un grave aviso que confirma que nuevos grupos de inmigrantes se están formando en suelo marroquí y están dispuestos a intentar pasar a España, asumiendo riesgos mortales. También demuestra que esos grupos empiezan a congregarse en los puntos débiles del perímetro melillense que aún no está total y debidamente reforzado. Por tanto, la primera medida del Gobierno debe consistir en asegurarse de que Marruecos cumpla sus compromisos internacionales y que no estamos ante la reedición de un problema que, en el plano político, entraña una desestabilización de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, creando el consiguiente caldo de cultivo para el irredentismo alauí sobre una y otra. Por otro lado, próximamente se celebrará una cumbre bilateral hispano- marroquí, a la que ir precedida de un brote de crisis migratoria puede favorecer las pretensiones del Gobierno de Rabat. Ahora es preciso conocer con total transparencia las causas de la muerte de los inmigrantes, dado que uno de ellos presentaba heridas de arma de fuego en el pecho. En caso de que la autoría de los disparos recayera- -otra vez- -en la gendarmería marroquí, el Gobierno español deberá recordar la pésima imagen que se dio a la opinión pública internacional el pasado año, cuando elogió la cooperación del país vecino en la prevención de las avalanchas, mientras cientos de inmigrantes subsaharianos eran abandonados a su suerte en la desértica frontera con Argelia. Los Derechos Humanos deben estar presentes, como prioridad, en la política de colaboración inter- L nacional para la erradicación del tráfico de inmigrantes y, por eso, España no puede ni debe consentir que la ayuda marroquí se haga a tiros, ni tratando a los inmigrantes como si carecieran de la más mínima dignidad. El asalto de ayer en Melilla es un posible anticipo de las consecuencias de haber reforzado la vigilancia en las rutas hacia las Islas Canarias, siguiendo así un patrón que mueve a los grupos de inmigrantes de un punto de partida a otro, pero no los retorna a su países de origen. Otros dieciocho inmigrantes fueron hallados muertos frente Al Aaiún, lo que resume, junto con los muertos en la frontera hispano- marroquí, la tragedia inmensa que supone la inmigración ilegal. La vuelta a Melilla es una reacción similar a la apertura de las rutas a las costas canarias, lo que supone que el Gobierno español ya debe considerarse preavisado de la posibilidad- -por ahora, sólo la posibilidad- -de que aquéllos que no entren en España con los cayucos que salen de Mauritania y Senegal intentarán nuevamente hacerlo por encima de las vallas de Melilla y Ceuta. El Gobierno siempre ha ido por detrás de los acontecimientos, o bien, simplemente, los ha ignorado, y así es cómo la política migratoria de España representa un problema para Europa e infunde incertidumbres a la opinión pública española. Se han dicho cosas que no eran ciertas: que Marruecos cooperaba- -hicieron falta varios muertos, cientos de heridos e imágenes brutales de inmigrantes colgados de las alambradas para que empezara a hacerlo, que no había crisis migratoria en Canarias, o que la regularización masiva de 2005 no ha atraído a las mafias de inmigrantes. Los hechos han demostrado todo lo contrario. No obstante, habrá que presumir que las giras diplomáticas de las últimas semanas por los países de África central empezarán a dar sus frutos y que los flujos de migración ilegal comenzarán a controlarse en su origen. Esto es a lo que se ha comprometido el Gobierno, y los resultados tendrán que ser visibles de forma inmediata. La vuelta a Melilla de los asaltos nocturnos es, por ahora, sólo un aviso, pero el Gobierno ya no puede sentirse sorprendido por nada. TODA ESPAÑA CON VALENCIA A tragedia del metro ha golpeado con crueldad a la ciudad de Valencia. Tenía que ser precisamente durante una semana de alegría, en pleno desarrollo del V Encuentro Mundial de las Familias y pocos días antes de la visita del Papa. Los valencianos- -y con ellos todos los españoles- -viven ahora pendientes del recuento de muertos y heridos. Las Administraciones Públicas han reaccionado con rapidez y eficacia y las autoridades han estado en su sitio para encabezar la respuesta ciudadana, prueba una vez más de civismo y serenidad ante el dolor. Lo urgente es atender a las víctimas y sus familias, así como restablecer la normalidad en el funcionamiento de los servicios públicos afectados. No obstante, en cuanto terminen estas tareas inaplazables, ha de ponerse en marcha una investigación a fondo sobre las causas del siniestro, determinando con todo rigor y precisión las responsabilidades a que haya lugar. De nuevo, la reacción unánime en apoyo de Valencia y su gente demuestra la solidaridad de todos los españoles ante el drama que aflige a una de nuestra regiones. La reacción de muchas personas en los primeros momentos, L apuntando a la posibilidad de un atentado terrorista, es significativa del estado de ánimo de la opinión pública. Todos los portavoces oficiales coinciden en que se trata de un accidente, si bien las causas que se barajan (exceso de velocidad, deficiencias en las infraestructuras o cualquier otra posible) distan mucho de estar definidas. Es imprescindible trabajar sin prisa pero sin pausa, porque la seguridad de los ciudadanos es la primera y principal obligación que incumbe a los poderes públicos en la actual sociedad del riesgo La vida sigue y los acontecimientos excepcionales previstos para los próximos días van a continuar su curso. Benedicto XVI sabrá sin duda traer un mensaje de consuelo y esperanza a una ciudad que ha sufrido pérdidas irreparables en vidas humanas, pero que mantiene intactas todas sus energías para hacer frente a la tragedia. Pueden estar seguros todos los valencianos de que España entera está dispuesta a volcar en ellos su apoyo material y moral, como ha ocurrido siempre con cualquier tipo de catástrofe o accidente, puesto que estas situaciones llegan a lo más profundo de la sensibilidad colectiva. N su primer compromiso electoral desde que ejerce como presidente, Evo Morales puede decir que ha logrado el respaldo de una mayoría de los votantes, aunque cometería un error si cree que le favorecen los resultados de la elección a la asamblea constituyente. El Movimiento Al Socialismo (MAS) se consolida como primera fuerza política del país, pero no consigue el refrendo que esperaba para poder maniobrar en la redacción de la nueva constitución, y eso le obligará a una política de pactos. El problema es que después de sólo medio año de gestión, Morales se ha dedicado intensamente a una política demasiado dogmática, lo que ha favorecido la división política, y ahora convierte en un objetivo muy complicado el consenso con los demás partidos. Lo mismo se puede decir de los resultados de la consulta sobre las regiones. En el conjunto del país, la propuesta que defendía el MAS en contra de la autonomía regional ha sido la más votada, pero eso no puede resultar tranquilizador para nadie, porque, al no haber preparado antes una fórmula en la que cupiesen todas las sensibilidades, se ha provocado una profunda brecha entre dos proyectos de país: las regiones orientales, donde ha triunfado clarísimamente la idea de un régimen autonómico, frente a los departamentos del occidente y La Paz, donde se ha producido un rechazo a todo cambio de este tipo. Cualquier decisión que se tome en una dirección u otra corre el riesgo de ser mal recibida y profundizar la incomprensión entre las regiones y el Gobierno central. Durante las dos últimas décadas, los países iberoamericanos que salían de las dictaduras militares aplicaron generalmente fórmulas inspiradas en la transición española. Los Pactos de la Moncloa fueron un modelo evocado con éxito por muchos países. Morales ha optado por una renovación radical, revolucionaria para ser exactos, y por ahora está siguiendo el modelo bolivariano del venezolano Hugo Chávez, basado en la instrumentalización de las instituciones para imponer un determinado modelo, más o menos extravagante. Chávez tuvo una asamblea constituyente prácticamente unánime y aún así necesitó aplastar al poder judicial para hacer prevalecer sus tesis fundacionales. Ahora, Morales emprende un camino parecido y es de suponer que, dado el resultado de estas elecciones, tarde o temprano se encontrará ante la necesidad de optar entre ceder en sus aspiraciones maximalistas para pactar con los demás partidos, o imponer sus planes siguiendo el modelo chavista. Por lo que se ha visto hasta ahora, con actitudes como la nacionalización de los hidrocarburos o su política indigenista, existen muchas posibilidades de que, llegado el caso, Morales pueda sentirse inclinado a seguir los consejos que recibe desde Caracas o La Habana. Y se equivocaría nuevamente.