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62 Cultura LUNES 3 7 2006 ABC POP- ROCK Sting Intérprete: Sting (voz y bajo) Dominic Millar (guitarra) Lyle Workman (guitarra) Abe Laboriel (batería) Lugar: Hoyos del Espino (Ávila) Fecha: 2 de julio 2006 MÚSICA POPULAR Anoushka Shankar Concierto de Anoshka Shankar. Lugar: Teatro Español, Madrid STING APUESTA POR THE POLICE Y GANA PABLO CARRERO LIGERA DE ESPÍRITU L. M. D espués de la meteórica carrera al frente de The Police, una de las bandas más importantes y populares de la nueva ola británica, su bajista, vocalista y principal compositor, Sting, ha venido editando discos regularmente con un respaldo nada desdeñable. Sin embargo, tanto sus seguidores como, naturalmente, él mismo, saben bien del valor que atesora el repertorio del trío que compartía con Andy Summers y Stewart Copeland, cuya cotización está hoy bien alta, transcurrido de sobra el tiempo necesario para asignarle la categoría de clásicas a muchas de aquellas canciones. Abrió la velada Fictionplane, la banda de uno de los hijos de Sting, Joe Sumner, que ofreció un concierto discreto pero correcto, mostrando algunas canciones llamativas y evidenciando que en absoluto está dispuesto a evitar que se sepa de quién es descendiente: no solamente su voz guarda un enorme parecido, sino también algunas de sus canciones y el estilo de la banda suenan a una suerte de reedición de los Police más eléctricos y poderosos. Muy poco tiempo después- -vaya aquí un laurel para la impecable organización- comenzaba la actuación de Sting, y lo hacía dejando las cosas bien claras. Cuando las últimas luces del día ceden ya ante los focos y sin presentaciones previas empiezan a sonar los acordes de Message in a bottle editado en su día como sencillo de su gran segundo álbum, Regatta de blanc (1979) Con un sonido sorprendentemen- Sting, durante un concierto reciente te cálido y nítido, se abren paso también en los primeros minutos piezas como Sichronicity II Every little thing she does is magic o Walking on the moon otra de las más célebres y características del sonido de The Police, combinadas con alguno de sus más sólidos éxitos en solitario como la espléndida If I ever loose my faith in you o English man in New York que sonó poco más tarde. No solamente el recurso a ese repertorio clásico remitía en la noche del sábado a los viejos y buenos tiempos. También jugaba a favor de ese intento de recuperación de la energía primeriza el formato con el que se presenta Sting. No hay arreglos de cuerda o viento, como en otras giras; ni siquiera el piano que tan presente está en algunos de sus discos en solitario. Frente al cuidado por los arreglos y los matices, Sting opta en este Broken Music Tour por la electricidad y la frescura del formato más clásico del rock: dos guitarras (las REUTERS de su habitual colaborador Dominic Millar y la del miembro de la banda de Beck Lyle Workman) bajo (el suyo propio) y batería (la de Abe Laboriel, baquetista de Paul McCartney) Los resultados son notables: potencia guitarrera, solidez rítmica y mucho espacio para la voz de un Sting que se mostró en plena forma y se hizo con el público desde los primeros compases del concierto. Más desangelada quedó su osada revisión de A day in the life una de las canciones más majestuosas del repertorio de los Beatles, que además entonó en el mismo bloque que dedicó a revisar algunas de sus más recientes composiciones. Para la recta final, en cambio, volvió a tirar de material sensible: una gran versión de Next to you frenético power- pop cosecha del 79, Every breath you take el último gran éxito de The Police, y, naturalmente, la formidable Roxanne en una extensa versión en la que encajó algunas notas de otro clásico de la época, So lonely TEATRO Crimen y castigo Autor: Fedor Dostoievski. Dirección, adaptación, escenografía y vestuario: Ángel Gutiérrez. Iluminación: Francisco Caballero. Intérpretes: Chema Coloma, Teresa García, María Muñoz, Ludmila Ukólova, Germán Estebas, José Luis Checas y Paco Ferrer. Lugar: Teatro de Cámara Chéjov. Madrid. LITURGIAS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN E l Teatro de Cámara Chéjov es un recinto sagrado. Se respira en él una suerte de serenidad religiosa con algún matiz de solemnidad. El oficiante de este sanctasanctórum escénico es Ángel Gutiérrez, cuyo último montaje es una arriesgada, compleja y muy interesante adapta- ción de Crimen y castigo de Fedor Dostoievski, en cuyo comienzo ha incluido inteligentemente unos fragmentos de Los demonios del mismo autor, que activan claves que parecen apelar directamente a resortes de la actualidad: se plantea la hipótesis del asesinato selectivo de los seres a los que el verdugo- -ungido de una suerte de impunidad moral como ejecutor de una misión trascendente- -considera escoria, gente prescindible y molesta, en clara alusión a los hipotéticos superhombres por encima del bien y del mal al servicio de supuestas causas patrióticas, y tan inmunes a la piedad como a la sensatez. La puesta en escena está servida por Gutiérrez con minuciosidad de orfebre. Su capacidad para la creación de atmósferas poderosas con elementos sencillos es formidable: la gotera que percute en un barreño, el sonido de una caja de música, la matizada ilumi- nación y otros cuidados detalles consiguen momentos de gran fuerza plástica que transmiten la oscuridad, la degradación, la oscuridad húmeda, la culpa que acosan al protagonista. El espectáculo se resiente, sin embargo, de la heterogeneidad de registros de los actores, que parecen trabajar en diferentes niveles de interpretación que no terminan de casar en un todo consistente. Tal vez al Raskolnikov de Chema Coloma le falte la angustiosa energía oscura que requiere el personaje; por el contrario, la Sonia de Teresa García concilia belleza y muy sensibles matices expresivos. Con todo y por muchos motivos hay que aplaudir y alentar este valiente Crimen y castigo tan bien servido, tan lleno de amor por el teatro y que, en una hermosa liturgia anegada de entusiasmo, se atreve a hacer volar ante los ojos del público algunas cuestiones, éstas sí, trascendentales. e convocaba noche de fuerte olor a incienso. Noche de sitar, de tablas, de flautas orientales en compañía de personaje de ilustre apellido y bien dispuesta a dotar a la música popular de cintura india, de restituir a Krishna al panteón de la world music. Anoushka Shankar, criatura que cultiva la espiritualidad y la belleza de la música de India, estrenaba sus últimas creaciones entre nosotros. Su concierto ha servido para ahuyentar definitivamente la idea de que, si un día su padre, Ravi Shankar, nos abandona, ella podría continuar sin problemas su legado. Las dudas son innúmeras y todas razonables. El primer responsable de que surjan es un repertorio que luce escorado- -que dirían algunos- -hacia la mansedumbre ambiental; bien acomodado, dirían otros, a las formas blanditas de la new age. Debilidades, por ejemplo, de Anoushka son introducir en su formación al ablandapianos Pedro Ricardo Mino, un tipo algo manco de la mano izquierda, cuyo placébico discurso pianístico sólo fue una pincelada, un trazo apastelado que coincidía con las tibias ideas que Anoushka Shankar tiene de una raga. El pretexto es que Anoushka hace música de ahora mismo. Formas que invitan al recogimiento y a la adopción de posturas de flor de loto, aunque con un ligero pellizco de modernidad en la electrónica pregrabada. Ni Kerouac, ni sobre todo Allen Ginsberg, ni tampoco Burroughs, se descubrirían ante esta mujer. El intento de aunar la electrónica occidental con la música de India da como resultado un extraño cruce entre lounge y música de tienda naturista algo freaky. Y todo demasiado digerible para mi gusto. Conviene, sin embargo, no asustarse porque la insistencia en repetir, una y otra vez, patrones similares hizo que la cosa se volviese muy didáctica para los profanos y esto, en realidad, está bastante bien. Y tampoco los músicos nos dieron siempre gato por liebre. Tammoy Bose hizo algún buen solo de tablas, y la flauta de Ravichandra Kulur tuvo buena encarnadura cuando el temario se salía de la reproducción mimética del disco Rise Y, además, como no podía ser de otra manera, no faltó a la cita un cantante, Aditya Prekash, cuyo melisma vocal en Sinister grains fue, sencillamente, modélico. Música rica en ilustraciones de sonoridad hindú, pero también epidérmica, algo ligera de espíritu. S