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ABC LUNES 3 7 2006 Sociedad 51 Isabel es una de las once mujeres que atienden el curso de recolocación laboral para prostitutas que ofrece el Ayuntamiento de Barcelona. No lo ha pasado nada bien en la calle. Se ve como cuidadora de ancianos dentro de unos meses Isabel dobla la esquina TEXTO: ÀLEX GUBERN FOTO: YOLANDA CARDO BARCELONA. Llegó un día en que Isabel se dijo que ya tenía bastante. Cinco años ejerciendo la prostitución en la calle castigan, pero a una edad en la que todavía puede uno dar un giro a su vida, Isabel se asomó de manera decidida a la ventana que se le abría. Con 41 años, dos hijas de 16 y 14 años a su cargo y el aplomo que a uno le da haberse visto en circunstancias inimaginables para cualquier otro, Isabel decidió que quería abandonar la calle. No fue un paso fruto de la desesperación, pero sí madurado después de comprobar cómo las condiciones de su trabajo empeoraban de manera paulatina. Por un lado, las circunstancias propias: la edad -la suya y la de sus hijas- el deterioro personal, el cambio de expectativas... Y por otro, las circunstancias externas: la caída de los precios por la llegada de prostitutas extranjeras, la violencia de las mafias, la acción represiva de la policía que hace que cada vez haya menos clientes... Había llegado el momento. No es la primera vez que me planteo dejarlo, pero sí la primera en la que alguien me ayuda de verdad explica en la sede de Surt- sal en castellano- la entidad que, en colaboración con el Ayuntamiento de Barcelona, ofrece, entre otras ayudas, un programa de recolocación laboral para prostitutas que pretende, sólo durante 2006, sacar a unas 50 mujeres de la calle. para el Tratamiento Integral del Trabajo Sexual, una propuesta a la que Isabel se ha agarrado con fuerza. Se presentaron bastantes chicas para hacer el curso de recolocación explica, y me tocó la lotería de que me cogieran. Hicimos varias entrevistas y empiezo a encaminarme Lo tiene claro: Me gustaría ser auxiliar de geriatría Y es precisamente el cuidado de ancianos la salida laboral que más posibilidades ofrece a estas mujeres, aunque en función de la preparación, edad y presencia de cada cual se buscan otras salidas. Una de las mujeres, por ejemplo, tiene conocimientos de costura; en otros casos las preparan para ser dependientas, donde hay mucha demanda en el sector de las carnicerías. Un poco de teatro Isabel, positiva, cree incluso que su pasado como prostituta le puede ayudar: La experiencia en la calle me ha ayudado a entender a las personas. Silencio cuando hay que callar, o sonrisas cuando no se tienen ganas pero hay que hacerlo. Es necesario un poco de teatro, eso te ayuda El curso de recolocación tiene una duración de ocho meses y obliga a una asistencia mínima diaria. Dan preparación laboral y también mucha ayuda psicológica, algo imprescindible en personas que tienen la autoestima por los suelos. Ayuda también para interiorizar que ganar dinero con un trabajo convencional tampoco es fácil. Yo siempre digo que el de la prostitución no es dinero fácil, es dinero rápido. Ahora lo tengo claro, prefiero comer patatas cada día antes que un bistec explica Isabel consciente de que con el tipo de empleo al que aspira, llegar a final de mes no será fácil. Bueno, mis metas ahora son otras Mientras llega ese momento, la asistencia al curso implica recibir una beca de 600 euros al mes, lo que unido a algún trabajillo que me sale por las tardes, como limpiar escaleras, me permite ir tirando Isabel dibuja ya cómo quiere su vida dentro de unos meses: Con seguridad, un contrato y más amor propio. Sentirme realizada Tanto y tan poco. Después de meses ayudando a las mujeres en la calle, las educadoras se han ganado su confianza, un proceso nada fácil en personas la mayoría de las veces atenazadas por el miedo, tal y como explica Mariana y confirman desde la entidad Surt. El proxenetismo habla también el lenguaje de la violencia, y es habitual ver a algunas chicas con moratones. Hay mucho miedo entre las chicas añade Isabel, a quien no le disgusta verse como ejemplo a seguir. Ojalá lo que estoy haciendo, además de a mí, le pueda servir también a otras mujeres Isabel empieza a doblar la esquina. Me vi en la calle Hasta hace pocas semanas, Isabel era una de las 800 meretrices que se calcula trabajan en Barcelona fuera de clubes, pisos y saunas, si bien hay entidades que elevan la cifra a 3.000. Isabel ejercía en el barrio del Raval, en lo que antes se conocía como Barrio Chino, tradicional mercado del sexo en la capital catalana que pervive, mal que le pese al Ayuntamiento, a pesar de saneamientos urbanísticos y nuevas ordenanzas municipales. El suyo es un caso tipo. Llegué a la prostitución como muchas otras mujeres. Me vine de Sevilla a Barcelona con doce años. Con el tiempo me vi sola, con dos niñas que mantener, sin medios y sin preparación. Me vi en la calle recuerda ahora Isabel con una mirada que explica mejor que sus palabras que no lo ha pasado nada bien. Fue trabajando en el Raval donde se topó con una de las dos educadoras contratadas por el Consistorio que se encargan, a tiempo completo a pie de calle, de servir de enlace entre las chicas y los programas de ayuda puestos en marcha. Fue lo mejor que me podía pasar en ese momento señala Isabel con una ilusión y una euforia quizás desmedida, algo que no deja de preocupar a la dirección del centro. Lo ha cogido con tanta ansia que quizás es necesario que toque de pies en el suelo. Isabel camina por una calle de Barcelona Nos da miedo un batacazo explica Mariana, una de las educadoras. Sea como fuere, mejor la euforia que el desánimo, y a Isabel le sobran las ganas. Ahora mismo atiende diariamente- -junto a otras once mujeres- -el curso de recolocación que ofrece Surt, el programa más novedoso del paquete de medidas sociales que el Consistorio ha puesto en marcha en paralelo a la aplicación de la ordenanza de Convivencia, la nueva normativa que desde enero restringe el ejercicio de la prostitución en la calle. Una agencia creada ex profeso y dotada con 480.000 euros se encarga de aplicar el llamado Plan