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46 Madrid SÁBADO 1 7 2006 ABC La plaza de la Luna no es el único punto caliente de la ciudad. De Tirso de Molina a Embajadores, pasando por Lavapiés, hay otro circuito de marginalidad y droga Tengo de todo y todo malo. Un día de estos, la palmo TEXTO: MARÍA ISABEL SERRANO FOTOS: CHEMA BARROSO MADRID. Yo te cuento todo lo que quieras. Mi vida ya tiene pocos secretos. ¿Cuándo sale esto? Te lo pregunto porque lo mismo no duro lo suficiente para leerlo ¿Cómo? Es duro escuchar cosas así. Se hiela hasta la sangre. ¡Maldita la gracia de seguir con el reportaje! Pero Benito- -quiere que le llamemos así en honor a un colegui que ya no está- -parece tener asumido que su adicción puede pasarle la última factura en el momento menos pensado. Benito es uno de los toxicómanos asiduos de la plaza de Tirso de Molina. Pasa, por poco, de los 40 años. Su deterioro es visible. Aunque lleva una camiseta de manga larga, se imaginan unos brazos esqueléticos. Casi lo mismo que las piernas. Los ojos se le salen de las órbitas y la dentadura ya es un puro recuerdo de lo que debió de ser en su día. Benito rebusca en el fondo de una mochila de la que no se separa. Saca un trozo de un pastel de chocolate, casi derretido por el calor. Habla despacio. Parece que le falla hasta el aliento para unir varias palabras seguidas. Me metí en la droga muy joven. Ahora, tengo de todo y todo malo. Un día de estos, la palmo Horroroso. A su lado están varios hombres y mu- Es verdad que cada vez hay menos toxicómanos, pero no se trasladan de sitio; es que se van muriendo En la plaza de Lavapiés, un joven duerme su borrachera a la sombra sobre un colchón que da asco nada más verlo jeres. Indigentes, alcohólicos y toxicómanos. También son fijos en Tirso de Molina. Una plaza que, ahora, en plena reforma, no da ninguna sensación de suciedad y de marginalidad. De día, y buscando la sombra, los pocos mendigos y drogadictos que quedan aquí se reúnen junto a las paradas de los autobuses de la EMT, cerca de la calle del Doctor Cortezo. A ellos también les gusta cómo se está acondicionando la plaza. Dicen que las flores, de tantos colores, dan vida y que es maravilloso que ya no huela tanto a orín, a alcohol y a deposiciones. Van y vienen. Deambulan. Pero aseguran que siempre vuelven a esta plaza. Es su domicilio habitual. No se trasladan Antonio Medina, portero de la finca número 5 de la plaza de Tirso de Molina, nos revela, con la mayor naturalidad del mundo, un dato escalofriante: Es