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ABC SÁBADO 1 7 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL REY DEL MAMBO E LO QUE HACEN LOS NAZIS AÑANA ABC repartirá gratuitamente entre sus lectores la autobiografía de Joseph Ratzinger, en un ejercicio de coherencia con los principios y valores que siempre han informado su línea editorial. Sobre la belleza frugal de este libro, en el que descubrimos la aventura vital de un hombre que convierte su vocación intelectual en una gozosa pesquisa en pos de Dios, ya hablé en un artículo publicado ayer. Me faltó, por restricciones de espacio, llamar la atención sobre algunos pasajes que, si bien referidos a una etapa de la historia aparentemente remota, poseen una estremecedora vigencia. El ascenso al poder del partido nazi en Alemania se produce cuando Ratzinger es todavía un niño; las consecuencias se notarán enseguida en la reforma educativa que impulsan los nuevos gobernantes. Antes de dicha reforma, nos cuenta Ratzinger, el latín era la asignatura JUAN base de toda la enseñanza escolar y MANUEL DE PRADA se estudiaba con gran severidad y rigor en el nuevo modelo impulsado por los jerarcas nazis, desapareció por completo la enseñanza del griego, el latín quedó considerablemente reducido y adquirieron gran relieve las ciencias naturales Ratzinger, que acababa de ingresar en el instituto de Traunstein, aún llegó a estudiar el bachillerato conforme a los planes antiguos; pero muchos profesores de griego y latín fueron expulsados del instituto, por no mostrarse demasiado entusiastas con las consignas de los nuevos patronos. Rememorando aquellos años de estudio- -prosigue Ratzinger- encuentro que la formación cultural basada en el espíritu de la antigüedad griega y latina creaba una actitud espiritual que se oponía a la seducción ejercida por la ideología totalitaria Quizá la falta de esa formación cultural explique la risueña mansedumbre con que las nuevas generaciones acatan el pienso ideológico que se les administra desde el poder. M Otra disciplina que el nacionalsocialismo no tardó en desterrar de las aulas fue la religión católica. La narración que nos ofrece Ratzinger del paulatino desalojo de la religión en la Alemania de los años treinta y su sustitución por una religión de Estado disfrazada de educación ciudadana bien podría servir para describir el estado de la situación en España, setenta años después. Al principio- -observa Ratzinger- parecía que esto (la enseñanza de la religión) podía ser garantizado por el Concordato, pero bien pronto se pudo comprobar que para los nuevos patrones la fidelidad a los convenios no contaba para nada. Primero se produjo la lucha contra la escuela confesional: hacía falta liquidar el todavía existente vínculo entre Iglesia y escuela y que el fundamento espiritual de esta última no fuera la fe cristiana, sino la ideología del Führer. Los obispos llevaron a cabo con dureza la lucha en defensa de la escuela confesional, la lucha por la observancia del Concordato: han quedado muy grabadas en mi memoria las cartas pastorales sobre este asunto que el párroco leía durante las celebraciones dominicales. Ya entonces empecé a darme cuenta de que con la lucha en defensa de las instituciones desconocían en parte la realidad. Porque, en efecto, la sola garantía institucional no sirve para nada, si no existen las personas que la sostengan con sus propias convicciones Por supuesto, a la vez que los jerarcas nazis se dedicaban a conculcar de facto el Concordato, pisoteando las garantías institucionales de la Iglesia, se aumentaron las horas lectivas dedicadas al deporte. Esta circunstancia llegó a ser para mí un verdadero suplicio- -comenta Ratzinger, con pudorosa ironía- ya que no estoy lo que se dice especialmente dotado para el deporte No es preciso forzar la memoria para recordar a cierto político autóctono que, en plena campaña electoral, formuló un eslogan que postulaba un modelo escolar calcadito del que propugnaban los nazis: Más educación física y menos religión Quizá alguna de las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan sepa ya su nombre. N el palco de Chamartín me contó Nemesio Fernández Cuesta (padre) una anécdota del gran Raimundo Saporta, aquel viejo factótum del Real Madrid que ejercía como valido de Bernabéu cuando al club se le consideraba un trasunto del régimen de Franco. Saporta venía de visitar El Pardo, donde el dictador le había recibido en batín en sus habitaciones privadas, una muestra de confianza reservada sólo a los personajes con verdadera influencia. Pero aquel listísimo rumano nacionalizado no se fiaba de las apariencias y era consciente de los límites de su papel en un mundo que gira alrededor de algo tan caprichoso como una pelota. Todo mi poder- -le dijo a Nemesio- -depende de que Gento meIGNACIO ta un gol o lo falle CAMACHO Los cinco aspirantes a la poltrona de ese palco convertido en objeto de oscuros deseos de protagonismo y fama deberían grabarse esta sentencia en el frontispicio de sus oficinas. Por olvidarla tuvo que irse por la puerta de atrás Florentino Pérez, convencido en su orgullo cesáreo de que podía desafiar las reglas sagradas del juego. El fútbol se rige por un código propio que contiene el secreto de su seducción universal, y quienes se consideren por encima de ese arcano están condenados a la trituradora. El Real Madrid es sin duda una plataforma de poder blando, ese soft power que en la sociedad global es tan importante o más que el que otorga la política. Maneja sin demasiado control un presupuesto exorbitante, de 300 millones de euros, y su presidencia facilita el acceso a los grandes resortes de los negocios, proporciona una aureola social de primer orden, ablanda los créditos, abre todas laspuertas y otorgamás ascendienteque muchos ministerios. Pero todo ese altísimo trampolín de gloria se levanta sobre un hilo que pende del acierto de un delantero o de la vista de un árbitro. El público es una fiera hambrienta y desmemoriada que no entiende de presupuestos ni de marketing, y que vive en un presentismo feroz, despiadado. No ha lugar para los perdedores, ni se aceptan excusas. Si no hay goles ni triunfos, la gente busca un responsable para que se lo coman los leones, y que pase el siguiente. No hay tregua. Esos cinco tipos que luchan por el sillón del Bernabéu han gestionado con éxito grupos industriales, bufetes de alto standing, negocios de riesgo, pero su alma de hinchas sólo vibra de veras con la pasión vertiginosa del fútbol. Por eso han comenzado a hacer cosas que jamás admitirían en su mundo profesional, como la compra de voluntades y un vergonzoso enjuague en el voto por correo que ha requerido que la justicia ponga pie en pared. Los socios asisten perplejos y desmoralizados a este aquelarre en el que unos caballeros parecen capaces de comportarse como villanos por una poltrona en la que, a fin de cuentas, dependerán de que a Ronaldo no le duelan los piños o siente melancolía de su último ligue. El que triunfe se creerá el rey del mambo y sacará pecho en un palco repleto de personalidades, pero quizás eso no valga la reputación de una persona respetable.