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ABC VIERNES 30 6 2006 Madrid 45 El yoduro de plata, un estimulante para tormentas perezosas Se trataría de echar una mano a las nubes. Para que llueva son necesarias dos cosas. Una, que haya un cien por ciento de humedad relativa- -que las nubes estén cargadas- -y dos, que existan núcleos de condensación- -la humedad necesita algo a lo que adosarse para que las gotas se puedan formar- Cuando las nubes plomizas se situaran sobre el embalse del Atazar- -posible lugar del bombardeo- -unos aviones las regarían con yoduro de plata (sal con yodo y plata) que facilita la absorción de la humedad y forma núcleos de condensación. Uno de los mayores problemas es conseguir que llueva antes de que esa humedad se vaya, ya que es imposible mantenerla un tiempo específico durante un mismo lugar. Además, los conjuntos de nubes poseen corrientes verticales bastante intensas y si el peso de las gotas de agua no es capaz de vencer a estas corrientes, no lloverá. Lo máximo que se conseguiría- -en 1978 se hicieron experimentos similares en Valladolid y los resultados fueron totalmente negativos es que las precipitaciones aumentaran un 15 por ciento. Sería mucho el esfuerzo para conseguir no muy buenos resultados afirma Emiliano Hernández, catedrático de la Universidad Complutense de Física y de Meteorología. EFE aseguró Rojo, ningunea y desprecia Ignacio González, presidente de dicho Canal y vicepresidente primero de la Comunidad de Madrid apuntó ayer que Israel es un país de referencia en la gestión de recursos hídricos y criticó la postura de la ministra de Medio Ambiente y del Partido Socialista, cuya única política para resolver la sequía- -indicó González- -es la cultura del ahorro y la escasez. Por su parte, Ildefonso de Miguel, director gerente del Canal, aseguró que se estudiará este sistema, utilizado con éxito desde hace 30 años de forma habitual en Israel y que ha aumentado en un 18 %l as precipitaciones en el Mar de Galilea. De Miguel atribuyó las críticas de Andrés Rojo a su ignorancia sobre el tema del agua y calificó de soberbia estúpida considerar que por el hecho de que la empresa pública madrileña lo haga muy bien se tenga que pensar que los demás no lo pueden hacer bien agua tenemos, sólo debemos utilizarla con cabeza y no desperdiciarla regando parques y jardines o llenando miles de piscinas Además, Barea desconfía del producto químico que se pretende utilizar para bombardear las nubes. No hay datos de su inocuidad. El hom- bre puede terminar perdiendo si pretende ser más listo que la naturaleza Por su parte, el portavoz del Instituto Nacional de Meteorología, Ángel Rivera, recordó que el primer experimento que se hizo en el mundo con esa técnica fue precisamente en España, en concreto en Valladolid, en 1976, auspiciado por la Organización Meteorológica Mundial. El proyecto se desarrolló durante mucho tiempo con aviones y helicópteros, pero la conclusión fue que no se podía asegurar que desde el punto de vista coste- beneficio mereciera la pena Parece ser que con ciertos tipos de nubes, en ciertas condiciones geográficas, siempre en zonas muy localizadas, ha tenido algún efecto. Rivera explicó que el yoduro de plata facilita la formación de agua, y que, de hecho, en todo el valle del Ebro, los agricultores llevan años disparando con quemadores humo de ese compuesto hacia las nubes cuando hay tormentas para evitar el pedrisco En la URSS, en vísperas de las grandes conmemoraciones, el Ejército Rojo bombardeaba las nubes para garantizar tiempo soleado en los fastuosos desfiles del régimen Milagros de la Unión Soviética TEXTO: ALBERTO SOTILLO ¿De quién son las nubes? La complejidad de encontrar una respuesta a esta pregunta es una de las razones por las que la iniciativa no ha convencido a ecologistas y a varias ONG. Tal vez el destino de una nube gris y plomiza que se detiene unas horas sobre Madrid sea descargar sus gotas de agua en Toledo. ¿Tendría derecho Madrid o cualquier otra comunidad a arrebatar de forma artificial la lluvia a sus vecinos geográficos? Algunos abogados especializados en temas medioambientales señalan que, según la legislación existente, el agua que corre por un río no pertenece a una comunidad por el simple hecho de que ésta circule por sus cauces. De ahí, que el trozo de cielo escogido por las nubes para detenerse no marcaría, obligatoriamente, qué comunidad es la propietaria de esa lluvia. Julio Barea, responsable de las campañas de aguas de Greenpeace, califica el yoduro de plata como una medida descabellada por parte de Aguirre: Si MADRID. En aquel Moscú soviético, donde siempre hacía un tiempo de perros, había al menos dos días luminosos, con una atmósfera transparente y un sol de leyenda. El Uno de Mayo, fiesta del trabajo y el 9 de ese mismo mes, aniversario de la Victoria de la URSS sobre los nazis. También teníamos el día que conmemoraba la revolución de octubre, que podía hacer un frío de pelar, pero en una atmósfera límpida, transparente, sin una nube en el cielo. Los muy adictos podían pensar que eran milagros del comunismo. Pero cualquier Ivan Ivanovich, cualquier ruso de la calle, te explicaba que el secreto estaba en que el infalible Ejército Rojo bombardeaba las nubes en vísperas de esas sagradas fechas para garantizar tiempo soleado y sin problemas. Al principio creí que eran leyendas urbanas de un Imperio a la deriva. Pero, año tras año, el milagro se repetía. Nunca falló en los siete años y medio que viví en esa ciudad. En el Día de la Victoria, desfilaban los soldados y los inacabables misiles intercontinentales; y en el del Trabajador, las legiones de obreros con rojos floripondios y sonrisas del Pravda. Siempre bajo un cielo azul y sin huellas de nubes. Unos días antes, diluviaba. Y en la semana del 2 al 9 de mayo volvía a diluviar. Sobre todo, en los alrededores de Moscú, donde los soviéticos ya sabían que la aviación bombardeaba su cielo encapotado. Las autoridades nunca dijeron una palabra, pero aquel secreto a voces se convirtió en argumento para la guerra fría cuando se especuló con la posibilidad de fabricar un arma que pudiera provocar cataclísmicos cambios de clima. Luego, en la Rusia postsoviética, un diario Pravda modernizado confirmó aquel bombardeo de nubes con yoduro de plata y otras sustancias un tanto sospechosas, como el dióxido de carbono helado con minúsculas partículas de cemento. Se habló entonces de reanudar la práctica para los nuevos festejos. Pero aquel milagro comunista pasó al olvido, porque salía muy caro. Por el cambio de clima o porque el país así lo daba, el caso es que en la URSS hacía mucho más frío que en la nueva Rusia. Pero, al menos, aquellos enigmáticos bombardeos de yoduro de plata traían tres días luminosos al año.