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26 Internacional VIERNES 30 6 2006 ABC La ofensiva comenzó después de conocerse el asesinato de un colono judío de 18 años cerca de Ramala (Viene de la página anterior) Cambian de coche cada pocos kilómetros. No utilizan sus teléfonos móviles. No duermen dos noches seguidas en la misma cama. Se comunican con mensajes escritos. Cuidan cada detalle para evitar ser víctimas de un asesinato selectivo israelí Con el Gobierno de Hamás decapitado, Mahmud Abbas se puede estar planteando, en su aislamiento de Gaza, la formación de un Ejecutivo de emergencia nacional que pudiera ligar con la grave situación que se vive en estos momentos en Cisjordania y en la Franja, algo que a su vez dinamitaría el acuerdo sellado hace tan sólo unos días entre las facciones políticas palestinas sobre el Documento de Reconciliación Nacional urdido por los presos en las cárceles hebreas. Mientras al otro lado del muro ilegal israelí que crece y no para a unos cuantos kilómetros de la Línea Verde, Tel Aviv se desayunaba en dos bocados a un tercio del Gobierno y del Parlamento palestinos, aquí, en una Gaza sin electricidad, con muy poco agua, con mucho sueño por la imposibilidad de dormir a pierna suelta ante las explosiones sónicas provocadas por los cazas F- 16 seguía lloviendo, y mucho. La operación Lluvias de verano no se detuvo en parte alguna de la Franja, aunque en el norte, cuando ya había comenzado la invasión con el bombardeo de la artillería israelí, se pisó el freno a última hora por orden de Olmert y Peretz y a petición de los mediadores egipcios que querían dar otra oportunidad, a la desesperada, a las negociaciones. En todo caso, para evitar males mayores, los embajadores árabes en Gaza dejaron la Franja sin mirar atrás. El parte meteorológico de ayer, como el de anteayer, como el de hoy, como el de mañana, no tuvo desperdicio. A bote pronto, Israel bombardeó por tierra, mar y aire el citado norte de la Franja; el centro de la ciudad de Gaza (con un asesinato selectivo fallido contra dos miembros del Yihad Islámico) el sur (donde fue volada una parte del muro que separa Gaza de Egipto) y el campo de fútbol, quizá porque se juega el Mundial en Alemania o porque el Pisuerga pasa por Valladolid, de la Universidad Islámica. También fueron atacadas diversas bases de entrenamiento de las milicias palestinas, algunas carreteras de Jan Yunis; varias zonas despobladas de Beit Hanún y Beit Lahia... No faltaron ni de noche ni de día, más de noche que de día, los vuelos rasantes de los cazas israelíes, rompiendo de una sola tacada la velocidad del sonido y los tímpanos de los sordos. Las explosiones sonoras (nada tienen que envidiar en cuanto a su estruendo y pánico a un coche bomba a la puerta de tu casa) hacen que edificios de hasta 14 plantas tiemblen desde sus cimientos hasta su azotea mientras las camas y sus somnolientos moradores danzan mano a mano el baile de San Vito. Así se esconden los topos de Hamás en Gaza J. CIERCO CORRESPONSAL GAZA. Ghamzi Hamad se ha disfrazado de fantasma. El portavoz del Gobierno de Hamás intenta pasar lo más inadvertido posible, con el propósito de evitar ser víctima de un asesinato selectivo de Israel. Tras la redada del Ejército hebreo en Cisjordania, donde no han dejado ministro, diputado o alcalde con cabeza, los jefes militares y políticos de Hamás viven bajo tierra. Han cambiado sus costumbres, su rutina, sus hábitos más banales. Por cambiar, Hamad, por ejemplo, cambia hasta tres veces de coche en unos pocos kilómetros, tras salir de la Oficina del primer ministro para dirigirse al único lugar seguro de la Franja, la sede de la Presidencia palestina. Y es que Mahmud Abbas no está todavía en el centro de la diana israelí. Todavía. Ghamzi Hamad no utiliza su vehículo oficial. Va acompañado por un solo guardaespaldas, en contra de lo que en él es habitual, para no llamar la atención. Su móvil está cerrado a cal y canto. Sólo lo utiliza, con una tarjeta SIM recién adquirida, para llamar a otros números muy concretos y seguros. Lleva dos días sin dormir en la misma cama y seguirá cambiando de casa cada noche. Se ha despedido de su mujer e hijos para una larga temporada. De golpe, sin tenerlo previsto, sin tener más remedio, se le ha puesto cara de topo. Todos Una cara común a todos los dirigentes de Hamás. Todos cuidan hasta el más mínimo detalle. Todos, incluido el primer ministro palestino, Ismail Haniyeh, tan escondido como sus compañeros de armas, de fe, de ideología. Haniyeh es un hombre de costumbres. Le gusta empezar todos sus días del mismo modo. En la mezquita. En la misma mezquita, la que se levanta junto a su modesta casa del campo de refugiados de la Playa. Ya no puede hacerlo. Ha renunciado a rezar en la primera oración del día, la de las 4 y media de la madrugada, en su mezquita preferida. Pero nunca renunciaría a rezar a esa hora. Cambia por ello de lugar cada mañana. Si los jefes políticos de Hamás las pasan moradas, no digamos los militares. Saben que son, desde hace tiempo, los objetivos prioritarios del Ejército de Israel, de sus servicios de Inteligencia. Se sienten vigilados por decenas de pares de ojos, los de los colaboracionistas, imprescindibles para el éxito del 99 por ciento de los asesinatos selectivos, unos más que otros. También viven bajo tierra. Mucho Niños palestinos queman una bandera israelí en un campo de refugiados libanés más que sus solegas de papel y lápiz. Se comunican a través de correos que no se conocen entre ellos, con mensajes escritos llevados de un lugar a otro, los llamados puntos muertos, dispuestos por el liderazgo de la organización. Sus guardaespaladas son elegidos con esmero. Tienen que pertenecer, como ellos, a las Brigadas de Ezedín alQassam desde hace años. Ser leales. Honrados. Píos. Y estar también en el punto de mira israelí, porque así no caerán en la tentación de dejar sus AFP Tras la redada del Ejército israelí en Cisjordania, los jefes de Hamás viven bajo tierra puestos. Son sus guardaespaldas, precisamente, los que organizan a diario su particular equipo de supervivencia. Se ocupan de todo. Nadie les conoce. Ni siquiera sus colegas del brazo político. Conducen sus coches; controlan el dinero; deciden dónde dormir, cuándo moverse, con quién hablar... Utilizan incluso a sus mujeres como tapadera para esconder a sus jefes. Ellas salen de casa cubiertas de arriba abajo, con la cara tapada, detrás de sus maridos, y se instalan una semana en casa de sus padres. De allí vuelve el marido, con una persona cubierta de arriba abajo, con la cara tapada, que parece su mujer pero que no es sino el jefe militar de Hamás. Así viven los líderes fundamentalistas. Así se esconden los topos de Hamás.