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102 JUEVES 29 6 2006 ABC MUNDIAL 2006 ENRIQUE ORTEGO LA SELECCIÓN convencido de que puede rematar la faena, que se ha quedado a mitad de camino, que le quedan dos años para cumplir un ciclo de cuatro (Mundial y Eurocopa) Ha fallado con el capote. Pero cree que este equipo, con una media de 25 años y un estilo de juego ya definido, puede sacar la muleta a pasear en la Eurocopa. Y él, ver su obra desde el banquillo. No lo va a pedir. Al revés, apostará por marcharse. Pero si la Federación le mantiene la renovación sobre la mesa con la boca bien abierta, si siente que la afición le permite otra oportunidad- -asunto difícil de medir y calibrar- -y los medios de comunicación le concedemos mayoritariamente el beneficio de la duda... podría cambiar de opinión. Su mente es una turmix. Es muy compleja- -hasta para los Luisólogos -como para asegurar lo que va a hacer en el momento de la verdad. Ayer quería seguir entrenando, pero la posibilidad de ser director deportivo de la Federación, compartiendo el cargo con el de seleccionador o no, también le parecía interesante. Al margen de que Luis continúe o no, venga Del Bosque o se dé paso a una nueva generación de técnicos, la selección debería intentar no perder los signos de identidad que ha insinuado en este Mundial y que por lo que me cuentan desde Madrid han llegado al aficionado como antes nunca lo había hecho. Mantener ese estilo de juego propio, una personalidad futbolística que permita saber a qué juega y cómo juega España. Para perder siempre hay tiempo. No hay otra selección que disponga de toda una vida para encadenar derrota tras derrota. Pero al menos que sea con unos principios, unas creencias y unas características. Y si dentro de unos años nos salen unos Xavis, con b y con v unos Cesc, unos Iniestas, unos Puyol y unos Torres, que además sean más fuertes y más altos, pues mejor que mejor. Hasta nos podría salir un Luis veinte años más joven. Mientras, a matar penas como cada uno mejor quiera. Señoras, señores, esto es lo que hay. ESTO ES LO QUE HAY a leyenda continúa. ¿Por dónde empiezo? ¿Cómo se puede explicar a un pueblo tan defraudado como uno mismo la idéntica cantinela de siempre? Seguro que les suena. Y les suena mal. Por reiterativa y pesada. Se lo leyeron anteriormente a quien esto firma y a sus antecesores ancestrales en la experiencia de contar fracasos, desilusiones y extravíos. Seguro que se repiten argumentos ya expuestos hace dos años después de la debacle de la Eurocopa de Portugal, o hace cuatro desde la lejana Corea, o seis desde la veneciana Brujas. Los más fieles a lo peor recuerdan las crónicas de Francia 98, donde no se pasó ni de la primera fase, o de la Eurocopa 96, hace una década, historia de otro episodio lastimero. Esta vez no vale ni el recurrente jugamos como nunca y perdimos como siempre del admirado Alfredo di Stéfano. Ante Francia, España jugó mal. Y punto. Y punto final. Siempre sucede algo el día que no tiene que pasar nada. Y hay lo que hay. Y por los siglos de los siglos. Se llamarán de otra forma. Serán más altos o más bajos, más fornidos o más enclenques, como lo fueron los anteriores que tampoco ganaron nada. No nos cortemos las venas. El once que Luis puso en el campo es el exponente del fútbol español. Su vivo reflejo. Los antiraulistas que quiten al capitán y pongan a Luis García, o a Joaquín, a Iniesta, a Reyes o a Morientes, que ni estaba. Da lo mismo. Son diez de once. Y seis de ellos, ¡sí, seis! Casillas, Puyol, Xavi, Xabi Alonso, Raúl y Luis García, son campeones de Europa con sus respectivos equipos. Y Cesc jugó la final este año. La misma que también ganó Iniesta. Son jóvenes, pero no inexpertos. Son buenos futbolistas. Al menos lo parecen cuando juegan con los que son peores que ellos o de su mismo pelaje. Pero se hacen malos, o al menos lo parecen, cuando juegan contra hombres de su talla. Se ofuscan. Pierden su ser. A los contrarios les sucede exactamente lo contrario. Pregúntenle a Francia. Dan pena antes de cruzarse contra España y se agigantan cuando ven a los nuestros empequeñecerse. Además tienen los de la roja la mala costumbre de ponerse de acuerdo. De citarse el mismo día y a la misma ahora. Sólo así se entiende que Xavi se disipe en la organiza- L ción el mismo día que Torres no arrasa con la potencia de su veloz galope; o que Pernía se descuide en una de sus mejores facetas, la táctica, a la misma hora que Villa no es capaz de sacarse un remate de encima. Llega la hora, como cada dos años, de recordar a José Luis Garci- -lo habré escrito mil veces- -y volver a empezar. ¿Con Luis? No creo que el problema de la selección sea de entrenador. Ni ahora, ni antes. Si acaso en algún caso particular pudo serlo, pero nunca en el general. Si la decisión se tomara hoy mismo, Luis no seguiría. Va a anunciar en las próximas horas su marcha como había prometido si no llegaba a semifinales. Le repatea ser tan fracasado como los demás y ayer se culpabilizó de todo. Es lo que le dicta su cabeza y su nobleza de bien. Pero en el fondo de su corazón quiere seguir. Está Luis está dispuesto a irse como prometió si no se llegaba a semifinales, pero su corazón le pide continuar y rematar la faena con un once joven y un estilo propio OCASIÓN GRANDÍSIMA spaña ha perdido una ocasión grandísima de hacer algo importante en un Mundial. De haber ganado a Francia el equipo hubiera alcanzado ese grado de confianza que precisamente siempre le ha faltado. No me esperaba que a la selección le saliera un partido tan plano. La verdad es que su gran virtud BERND SCHUSTER fue que no cayó en la especulación, como habían hecho otras selecciones en octavos. El problema fue que le salió un mal partido y a los franceses, el mejor desde que llegaron a Alemania. E No puedo objetar nada al equipo que sacó Luis. Sigo manteniendo lo que dije la víspera del partido. Que un encuentro como éste era para los mejores jugadores. Y creo que todos los mejores estaban en el campo. También comenté que lo de Cesc en el centro al lado de Xabi y Xavi era un riesgo, porque ellos eran y son fuertes en el medio con Vieira y Makelele. Pero no creo que se perdiera el partido por eso. Era una apuesta y a veces sale bien y otras no. La desgracia es que España no haya hecho su mejor partido cuando más lo necesitaba. A mí todo el mundo me estaba hablando aquí en Alemania muy bien del equipo español y era el cruce perfecto para dar el salto de calidad que la selección, por su peso, necesita. Comprendo la desilusión generalizada porque siempre que se espera mucho, el golpe es mayor.