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66 JUEVES 29 6 2006 ABC Toros JOSÉ MARÍA MANZANARES Triunfador de la Feria de San Juan La guerra con el toro no es física, sino mental -Ha conquistado el corazón de Alicante. ¿Cómo se siente? -Muy contento. Es maravilloso ser el triunfador de la feria de mi tierra, de mi gente, de las personas que me han arropado desde niño. -En su segunda tarde ofreció una versión desconocida para muchos: la de valiente a carta cabal. -El público me tiene catalogado como un torero de arte y, además de sentir el toreo con un concepto clásico, mis mayores virtudes son la disposición y el valor, que no es de cara a la galería ni circense, sino más sereno y serio. Desde mis inicios, mi padre siempre me recalcó que lo importante en mí era ese valor, un elemento imprescindible para llegar a figura. ¿Dónde estriba la clave para ponerse frente a dos pitones con esa frialdad? -La mentalización antes de la corrida es básica. También la preparación física da mucha seguridad, puesto que ayuda a pisar terrenos impensables en otro momento. El animal siente la debilidad, porque hay una lucha de ver quién puede más. Pero no es una guerra física, sino mental: cuando un torero se encuentra seguro, el toro lo nota y se entrega antes que si le ve dudoso. -La pasada temporada se le achacó falta de ambición, pero en ésta su actitud es muy distinta. ¿Cómo se cruza de una orilla a otra? -El año pasado pecaba de conformismo, derivado de que en mi entorno y en mi vida profesional no era realmente feliz, y eso se hace muy cuesta arriba, sobre todo para quienes nos jugamos la vida. En cambio, cuando la convivencia con tu familia te llena de felicidad por todos lados, da mucha más motivación a la hora de entrenar. -El acercamiento a su padre le ha hecho alzar el vuelo. -Yo a mi padre lo quiero muchísimo y para mí ha sido el mejor torero del mundo. Cuando no estaba cerca de él, como durante la temporada anterior, se notaba; no era totalmente feliz, porque siempre me rondaba el pensamiento de si debería estar con mi padre. Este año nos hemos entrenado y tentado juntos, y eso es fantástico. Me ha dado una paz interior muy grande. Además de reunir todas las condiciones para llegar a lo más alto, esta temporada se ha aliado con la ambición. Alicante se ha rendido ya a su clásico y valiente toreo TEXTO: ROSARIO PÉREZ FOTO: ANTONIO VIGUERAS Manzanares quiere conquistar el corazón de todas las aficiones La ruptura con los Lozano se produjo sin yo tener que ver nada; guardo un recuerdo genial de ellos Me molesta la falta de respeto de varios programas al torero, que se juega los muslos y baila cada tarde con la muerte ¿Se ve al nivel de los matadores de su hornada? -No me comparo con mis compañeros: voy a la mía. Evidentemente, la rivalidad existe en la plaza y me pico más con los de mi generación; a los consagrados, como Ponce, los admiro. -Muchos se quejan de que los toreros están cortados por el mismo patrón. En su caso, ha tenido una escuela particular y cuenta con el privilegio de ser uno de los pocos a los que se les reconoce hasta difuminándoles la cara. -He oído muchas veces a mi padre decir que antiguamente veías a un torero de espaldas, a Ordóñez o Camino, por ejemplo, y sabías quién era; hoy cuesta, hay que fijarse más. Falta personalidad. -En esta importante evolución, ¿ha influido también la preparación invernal con los Lozano? -Casi todos los tentaderos los he hecho en su finca y guardo un recuerdo genial. Cuando se rompió el apoderamiento, comenté que me sentía bien con ellos. Les estoy muy agradecido. ¿Y cómo se encuentra con su nuevo mentor? -Era el que quería la temporada pasada: Toño Matilla fue mi primer pensamiento. Y no hay mal que por bien no venga; este año se rompió el apoderamiento con los Lozano, prácticamente sin tener que ver yo nada, y ahora estoy con uno de los mejores apoderados. ¿Le presionan las continuas comparaciones con su progenitor? -En mis inicios me ponía presión y no veía justa la comparación: mi padre ya consagrado y yo empezando... Pero ahora es un orgullo, aunque sé que deberá pasar mucho tiempo hasta que alcance su nivel, si llego algún día. De cualquier forma, es lógico que sienta el toreo como él, porque es lo que he vivido desde pequeño y en quien siempre me he fijado. ¿Qué sintió cuando su padre se cortó la coleta en Sevilla? -No me lo esperaba, ya que fue algo espontáneo. Me dio muchísima pena, porque el toreo ha sido toda su vida. Yo pasaba miedo, pero a la par me encantaba verlo vestido de luces y ver cómo llevaba las tardes: era como un ritual. Aunque también siento cierta tranquilidad de que ya no tenga que ponerse delante del toro, por los riesgos que entraña. -Una legión de manzanaristas se ha quedado huérfana con este adiós. ¿Le gustaría heredar a sus seguidores? -Claro que sí. Sería una herencia maravillosa. -Con lo arriesgada que es su profesión, deben de molestar las calumnias vertidas por algunos programas, que hasta se atreven a despotricar contra mitos como Manolete. -Molesta porque es una falta de respeto a gente que puede perder la vida. Aquí no existe ningún tipo de mentira. Lo que hay es un torero que se juega los muslos y baila cada tarde con la muerte.