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ABC JUEVES 29 6 2006 57 El Museo de Arte Abstracto de Cuenca cumple cuarenta años de su creación en las Casas Colgantes El tiburón de Hirst se pudre nueve años después de haber sido convertido en arte gracias al formol nuestra música. Se han construido más salas de conciertos y espacios polivalentes. Todo esto favorece el crecimiento de las orquestas, de las temporadas... Pero tal vez las estructuras que los hacen funcionar no están bien consolidadas todavía. -Usted que ha viajado y actuado mucho tiempo fuera de España, ¿considera que la música debe ser subvencionada por la Administración? -Una vez leí en una revista en Alemania algo que me impactó. Decía que Alemania tenía la suerte de tener incluida en su cultura también la música, no sólo la pintura, la arquitectura u otras artes. Esto permitía que la gente pudiera beneficiarse de esta parte de la cultura, a diferencia de aquellos países que consideran a la música como una diversión... ¿Está España entre esos países? -No, porque España ha demostrado que musicalmente tiene una cultura que es apreciada fuera, yo diría incluso que más que en nuestro país. Y no sólo hablo de cantantes, sino de instrumentistas y compositores. La música forma parte de la cultura de una nación. Eso es una realidad en lugares como Japón donde los niños aprenden a tocar el piano o el violín con tres años. Es como el biberón para ellos. Recuerdo haber viajado a Japón en los años 70 y ver en televisión la Tosca en dibujos animados. -Si tuviera que darle un consejo al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, respecto a la educación musical en España, ¿qué le diría? -Pérdone la expresión, pero creo que los jóvenes la utilizan mucho: ¡Que habría que darles caña a los estudiantes! pero, claro, para eso tienen que tener posibilidades. ¿La palabra retirada está en su vocabulario? No ve mi calendario (se ríe) Igual que los sueños y las ilusiones son el hoy y el mañana, el trabajo también lo es. Sentarse en el sillón a ver la televisión o pasear, eso es decadencia. No entra en mis planes. -Durante el último año se ha especulado mucho sobre su salud, ¿Cómo se encuentra? -Muy bien. Estoy activa. Mis médicos dicen que tengo una mala salud de hierro (bromea) Sinceramente, sí, pasé una época muy mala pero ya estoy muy recuperada, y la prueba es todo lo que estoy haciendo porque no quiero estar parada. -Por último, y cambiando el tercio, como catalana, ¿qué opina sobre la aprobación del Estatuto? -No lo he leído, no puedo opinar. -Pero, ¿ha votado? -No. Nunca voto. Pertenezco a Naciones Unidas desde 1974, y allí tenemos una visión de que todos hemos de respetarnos los unos a los otros en nuestras creencias e ideologías. El que alguien piense distinto no quiere decir que sea un enemigo. Lo que debemos hacer es convivir y dialogar para comprender a los demás. Sólo en el mutuo respeto se puede hallar la paz. Juan Ángel Juristo novela la necesidad humana de encontrar una salida La revolución de la comunicación ha hecho que el mundo sea muy pequeño sol su primera novela, el crítico, narrador y colaborador de ABC recrea tres historias de fuga en Roma, Bizancio y el Madrid contemporáneo TULIO DEMICHELI MADRID. Juan Ángel Juristo sitúa Detrás del sol (Trama editorial) en tres épocas distintas, la del emperador romano Antonino Pío; la del bizantino Justiniano II y el Madrid contemporáneo porque buscaba describir una situación fantasmagórica y me parecen épocas de límite. Durante el reinado de Antonino Pío el imperio ya estaba asentado, pero comenzaba a resquebrajarse. En la época de Justiniano II, aún Bizancio es fuerte, aunque el islam por entonces ya no sólo era una amenaza: Capadocia cae en sus manos... Son tiempos donde este resquebrajamiento es mínimo pero en los que se anuncia el germen de la decadencia b En Detrás del Juan Ángel Juristo JULIÁN DE DOMINGO y, además, se confunde al enemigo. El militar que protagoniza el segundo tramo del libro no vive en Constantinopla, sino en la frontera siria, y cree que los enemigos reales de Bizancio son los persas y no los árabes Aunque el argumento discurre en Roma y Bizancio, Juristo afirma: No me gusta la llamada novela histórica por no decir que la detesto: la historia no es novela y la novela no es historia. Ya sé que parece una contradicción, pero los relatos de mi libro sólo transcurren en el pasado, no es el pasado el que los protagoniza o busca explicarse. Para mí el modelo de novela histórica sería, por un lado, Salambó de Flaubert, y por el otro, La cartuja de Parma de Stendhal Sin embargo, Salambó es pura pedrería, no tiene nada que ver con Cartago... Ocurre que Flaubert consultó toda la documentación que había en su época de Cartago, más de sesenta libros... lo cual no significa que lo que entonces se sabía de Cartago fuera Cartago. En fin, Flaubert inventó el cine de cartón piedra a lo Cecil B. De Mille, el peplum y los estudios Cinecittá... Con esa novela pretendidamente histórica lo inventó todo. Por su parte, Stendhal no pretende ninguna exactitud cuando escribe La cartuja... sino recrear una atmósfera y al hacerlo, además consigue inmortalizar Parma... Detrás del sol exige lectores que gustan demorarse en la lectura, no está escrita con un lenguaje funcional, sino en prosa de intensidades, interiorizada, de periodos largos y de gran riqueza expresiva, y tampoco su temática es fácil. Son tres historias de fuga, aunque las que transcurren en el pasado tienen salida y la contemporánea, no, quizá porque nuestro mundo, en el que se ha anunciado el fin de la historia, ya no hay salidas. Hoy las salidas no existen porque el mundo, con la revolución de las comunicaciones, es muchísimo más pequeño que antes. Si se mira una fotografía de la Carrera de San Jerónimo sacada en el siglo XIX, ésta parece mucho más grande que ahora, y no porque entonces la gente fuera más bajita, sino porque había muchas menos cosas Muy lejos, pues, de la novela histórica tan de moda hoy día, Detrás del sol tampoco parece española. A pesar de que hay autores españoles que me gustan mucho y de que yo he estudiado filología hispánica, no soy un lector fascinado por la tradicción española. Creo que ése es, incluso, un rasgo generacional... Quizá porque nuestra generación aprendió la tradición de la modernidad en la literatura hispanoamericana y, a partir de ella, incorporamos influencias norteamericanas, francesas, italianas...