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32 Internacional ELECCIONES PRESIDENCIALES LA HERENCIA PARA EL VENCEDOR JUEVES 29 6 2006 ABC Fracaso a punta de machete M. M. C. CIUDAD DE MÉXICO. Muchos analistas sitúan el punto de inflexión del sexenio presidencial a finales de 2002, cuando el Ejecutivo tuvo que dar marcha atrás a su proyecto de construir un nuevo y necesario aeropuerto en la Ciudad de México, después de que un grupo de ejidatarios se rebelara, machete en mano, contra las expropiaciones de sus tierras de cultivo. Ahí, Fox se mostró incapacitado tanto para la negociación como para imponer su autoridad. El caso también dio al traste con las pretensiones de su delfín el entonces secretario de Gobernación, Santiago Creel, que optaba a la candidatura presidencial por su partido y que fue finalmente barrido en las primarias por Felipe Calderón. La frivolidad con que toleró las aspiraciones políticas de su esposa, Marta Sahagún, quien pretendía sustituirlo en la jefatura del Estado, terminó por enterrar el prestigio de Fox y el respeto de los ciudadanos. Vicente Fox, durante la XV Cumbre Iberoamericana celebrada en Salamanca el pasado octubre EFE México después de Vicente Fox El sexenio del cambio se resume en una palabra: frustración b El futuro presidente se encontra- rá una transición a medias, reformas estructurales pendientes, buena situación macroeconómica e inestable equilibrio social MANUEL M. CASCANTE CORRESPONSAL CIUDAD DE MÉXICO. En las elecciones presidenciales mexicanas del año 2000, y pese a que las encuestas lo situaban varios puntos por debajo del candidato oficialista, Francisco Labastida, Vicente Fox logró desalojar del poder al Partido Revolucionario Institucional (PRI) después de que este partido de Estado surgido de la Revolución monopolizara la política nacional desde 1929. El antiguo gerente de Coca- Cola, con madre donostiarra y rancho en Guanajuato, puso fin a 72 años de dictadura perfecta gracias a sus promesas de cambio, que generaron tanta esperanza como optimismo en el país. En 2006, el balance del Gobierno foxista se resume en una palabra: frustración. México es hoy un país más libre, más transparente y más democrático que hace un sexenio, sí, pero en él subsisten la corrupción, el abuso de autoridad, la nefasta impartición de Justicia, la desigualdad, la pobreza, la violencia, el desempleo, la emigración masiva... Muchos muertos que Fox mató gozan de buena salud. Cierto que del fracaso en la puesta en marcha de las reformas estructurales que precisa el país es tan responsable el presidente como los partidos de la oposición, que bloquearon sistemáticamente en el Parlamento todas las iniciativas impulsadas desde la residencia oficial de Los Pinos y que requerían de una mayoría de dos tercios de las Cámaras (idéntica situación a la que se enfrentará, casi con toda seguridad, el próximo mandatario: un Congreso y un Senado sin mayorías operativas) Pero, en su momento, Fox no supo o no pudo construir los acuerdos precisos para emprender la reforma fiscal, abrir a la inversión privada el sector energético y regenerar la legislación laboral y el sistema de pensiones. Sin embargo, el presidente llega a la recta final de su mandato (abandonará el poder en diciembre) con la aproba- ción popular. Según la última encuesta de Consulta Mitofsky, Fox obtiene un respaldo superior al 61 por ciento. Sus mejores cifras las obtiene en salud y educación, mientras que la pobreza, la defensa de los emigrantes y la corrupción le aportan las peores notas. La estabilidad económica es, sin duda, uno de los principales logros de su gestión. Fox y su equipo han sabido mantener a raya el gasto público- -estableciendo el déficit cero como meta- han reducido la deuda, tanto ex- terna como interna, han situado la inflación en unos excelentes 3,5 puntos y el índice de riesgo- país en un rango muy bajo. Las reservas internacionales de México se sitúan en su máximo histórico, unos 73.000 millones de dólares, más del doble que en 2000. En el debe económico se sitúa la pésima capacidad recaudatoria del Estado (menos del 11 por ciento del PIB) una evasión fiscal cercana al 40 por ciento y una economía informal próxima al 30 por ciento. Además del aumento del gasto corriente de la Administración, la sobrevaluación del peso, un crecimiento que apenas llega al 3 por ciento (frente al 7 por ciento prometido) y la pérdida de competitividad ante a países como China y la India. Batalla perdida del narcotráfico Otro de los lastres más visibles de este sexenio es la batalla perdida contra el narcotráfico, que se infiltra en los organismos de poder y pelea por su territorio a plena luz del día, ante la impotencia (o la dejadez, o la complicidad) de las autoridades policiales y judiciales. Asimismo, la lucha contra la pobreza, aunque ha ofrecido algunos resultados loables, no ha sido todo lo determinante como para ahuyentar el fantasma de un descontento social que podría estallar en función de quién sea el próximo inquilino de Los Pinos. El mandato de Fox se acerca a su fin. Algunas cosas se han hecho en este sexenio y muchas quedan por hacer. Pero, por primera vez desde hace más de siete décadas, el último año de un gobernante en el poder ya no será el Año de Hidalgo Chingue a su madre el que deje algo con que el gracejo mexicano describía la costumbre de los gobiernos priistas de arramblar con la caja antes de dejar sus cargos.