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ABC JUEVES 29 6 2006 25 Dominique de Villepin, primer ministro francés, niega que aspire a relevar a Chirac como presidente La Policía belga halla los cadáveres de las hermanastras, de 7 y 10 años, desaparecidas en Lieja el 10 de junio Amenazas contra las embajadas israelíes en el extranjero J. C. GAZA. La guerra física y psicológica que se libra en Gaza y Cisjordania, y ya ha sido exportada en parte a Siria, podría tocar a otros países tras las amenazas lanzadas por distintos grupos terroristas palestinos, vinculados al brazo armado de Al Fatah, de atacar las embajadas israelíes en Occidente si algún civil es dañado en la Franja mediterránea en la operación Lluvias de verano Las amenazas, recogidas ayer con interés por los medios de comunicación hebreos, son una prueba de los deseos que algunas de las partes involucradas en los últimos acontecimientos sobre el terreno tienen de internacionalizar el conflicto. Internacionalización que, por otra parte, ha buscado por sí misma la dirección política de Hamás en el exilio, encabezada por Jaled Meshaal, pero tutelada sin disimulo alguno y con mucho dinero desde Siria e Irán. Las reacciones de Occidente a lo que sucede en las últimas horas sobre todo en la Franja de Gaza van casi todas en la misma dirección. Así, Estados Unidos ha destacado el derecho de Israel a defenderse y a proteger a sus ciudadanos, pero también ha dado un toque de atención muy significativo a Israel para que no castigue de manera gratuita a la población civil palestina, consejo que podría deberse al bombardeo hebreo de la única estación eléctrica de Gaza, que ha dejado a 800.000 palestinos conectados a los generadores que abundan tanto como los carros tirados por enclenques burros en las calles de la Franja mediterránea. Las explosiones de los Apache y las bombas sonoras de los vuelos rasantes de los F- 16 te tiran de la cama. El alma, el corazón, los cimientos de la Franja tiemblan a la vez Terror psicológico en Gaza J. CIERCO GAZA. La cama sufre de pronto un ataque epiléptico. Un ataque epiléptico provocado primero por los bombardeos aéreos israelíes contra los puentes y la central eléctrica de Gaza, que han sonado cerca, han sonado fuerte, han sonado a hueco pero nada comparado a esto. Nada comparado a esto que te tira de la cama, abre de golpe la ventana, rompe los cristales de alguna habitación e invita a todos los insomnes habitantes de la Franja a coincidir en lo alto de las azoteas. Alto de las azoteas desde las que se puede ver un fuego eterno que todo lo quema en la central eléctrica recién bombardeada en lo que, como denuncia el presidente Mahmud Abbas, cada vez se parece más a un castigo colectivo. Un castigo colectivo que, de golpe y bombazo, afecta a 800.000 personas del millón doscientas mil que viven aquí. Viven aquí, y lo harán durante más de tres meses, según reconoce el subdirector de la central eléctrica, Derar Abu Sisi, atados de pies y manos a un generador imprescindible para ver, oír, palpar, oler, sentir. Ver, oír, palpar, oler, sentir la guerra que llama a la puerta de tu casa sin haber sido invitada; el pánico que hace que todo lo dejes a medias; el llanto de un niño que no puede conciliar el sueño, nadie puede conciliarlo aquí en Gaza, mientras su madre desesperada se pregunta a qué viene esa estrategia, ese terror psicológico. Estrategia, terror psicológico que empujan a centenares, miles de personas del sur de la Franja a huir hacia ninguna parte, aterradas por la enésima invasión del Ejército de Israel, que busca a su soldado secuestrado en un pajar lleno de trampas. Un pajar lleno de trampas, y de barricadas, y de bombas ocultas junto a las carreteras, y de odio, y de sed de El puente que comunicaba Gaza con el sur de la Franja tras el ataque israelí AFP Un castigo colectivo que afecta a 800.000 personas del millón doscientas mil que viven en la Franja venganza que cada uno intenta saciar a su manera sin demasiado sentido, sin demasiado éxito, sin más resultado palpable que el sufrimiento del otro. Sufrimiento del otro Sufrimiento del otro que al de este lado del muro no le importa, nunca le ha importado, que va de mano en mano, de casa en casa, de campo de refugiado a campo de refugiado entre los temblores del alma, del corazón, de los cimientos de la Franja de Gaza. La Franja de Gaza en el punto de mira de Israel, decidido a hacer pagar caro el secuestro de su soldado, y el lanzamiento de los cohetes Qassam contra Sderot, y las operaciones armadas palestinas contras sus bases fronterizas, justo ahora, casi un año después del comienzo del fin de la ocupación de Gaza durante 38 años. Treinta y ocho años que sólo sirvieron para que personas hechas y derechas como Ahmed Saadi, profesor en una escuela de secundaria palestina, aproveche la ocasión para felicitar a Israel por haber conseguido que otra generación de palestinos crezca entre el odio al enemigo que quiere convertirte en esclavo El enemigo quiere convertirnos en esclavos señala a su vez Abu Sisi en su despacho de la centra eléctrica bombardeada al explicar que ahora la única electricidad que llega a la Franja procede de Gaza y seguro que costará más cara para airear el día, para iluminar la noche. Iluminar una noche que se presenta otra vez muy movida, tanto que la cama volverá a sufrir un ataque de epilepsia.