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112 MIÉRCOLES 28 6 2006 ABC Gente Ortega Cano: La quiero más que nunca Tras conocer el testamento, su viudo admira la entereza de Rocío en su lucha por vivir y la inteligencia con la que dictó su última voluntad TEXTO: BEATRIZ CORTÁZAR Patricia Arquette ha aprovechado también el fin de semana para casarse y ha contraído matrimonio con el actor Thomas Jane, protagonista de la película El castigador en la romántica Venecia. La pareja estuvo acompañada de sus familiares y amigos, entre los que se encontraba la hija de ambos, Harlow, de tres años. as siete y media de la mañana, sin cámaras ni testigos, se vio la figura de un hombre mientras se acercaba hasta el cementerio de Chipiona. Vestido de negro riguroso y con una cruz de claveles en la mano entró en el camposanto y depositó esa cruz en la tumba de su amada. Sobra decir que ese hombre era el torero José Ortega Cano, quien una vez más se ha reencontrado con la lápida donde descansa la artista y donde puede llorar a solas y rezar en silencio. El diestro se encuentra estos días en su finca Yerbabuena donde tiene que organizar muchas cosas, la ganadería, el campo, los arreglos... y donde intenta buscar ocupaciones que le quiten del pensamiento la tremenda pena que siente tras la pérdida de su esposa. Ortega no está solo, siempre tiene a alguno de los suyos cerca, pero se siente muy perdido sin Rocío. Estos días además ha dejado a sus hijos en un campamento que hay en una finca de Samuel Flores y es normal que su ausencia también la note. El viernes presidirá en Sevilla el funeral por la cantante que se celebrará en la catedral y que oficiará monseñor Amigo y donde es más que seguro que sentirá el calor de la gente que seguía y quería a la artista y que acompañará esa tarde a su familia para darles el pésame. Pero también estos días se habla y se comenta el testa- Al mento de Rocío Jurado que, como ya informó ABC, se abrió el pasado domingo en una reunión familiar que se celebró en la casa de La Moraleja, con la presencia de la abogada de la artista; de su viudo; de sus hermanos Gloria y Amador, acompañados de sus cónyuges, y de su hija Rocío Carrasco, con su novio Fidel. Como ya se sabe en las últimas voluntades de Rocío está que se venda su casa de La Moraleja, en un plazo no superior a dos años (esa vivienda la adquirió durante su matrimonio con Pedro Carrasco a quien compró su parte cuando se separaron) con la condición de que no la pueda comprar nadie de la familia. Generosa hasta el final, no se olvidó de ninguno de los suyos; a sus hermanos les dejó una finca en Chipiona, dos naves comerciales en Madrid (para Amador y su hijo) y la casa de Chipiona (para Gloria) a su secretario un dúplex en Chipiona; a sus hijos el reparto del dinero que se obtenga de La Moraleja y a la mayor, Rocío Carrasco, la finca El administrador de Chipiona; el apartamento de Miami más la mitad del otro que compró con el torero, además de dejarla heredera universal de todos los royaltis de sus discos, del vestuario, las joyas, los muebles... Está claro que Rocío se pensó mucho lo que hacía. Ayer era su viudo quien callaba al- Ortega Cano, pese al dolor, tendrá que aprender a vivir sin Rocío gunas voces que proclamaban un enfado irreal cuando aclaró a ABC que su esposa había pensado todo con gran acierto y sabiduría. Rocío sabía de sobra que mi situación económica era buena y que me iba a ocupar de nuestros hijos. Si Dios me da vida me encargaré de que los niños tengan una educación y preparación suficiente para poder ser alguien en la vida aparte de lo que yo les pueda dejar Al diestro le lega el cincuenta por cien que tenía de la ganadería que juntos habían creado. Es normal, sabía que yo podía encargarme bien y sobre uno de los puntos más sorprendentes del testamento, la venta de La Moraleja, tampoco pone reparos. Yo tengo un chalet en Fuente del Fresno donde guardo muchos de los trofeos que he cosechado por América y Europa. Su decisión me parece muy respetable y muy sabia. Es más, ahora la quiero más que nunca El hombre que habla es el to- JULIÁN DE DOMINGO Rocío sabía que mi situación era buena y que me iba a ocupar de nuestros hijos rero, pero es también el viudo desconsolado que se agarra a su fe. Quienes buscaban una disputa familiar, un rechazo a las últimas voluntades de una mujer que siempre luchó por defender a los suyos, vuelven a equivocarse. Con la cabeza muy serena y sin más testigos que su abogada (a quien nombró albacea y administradora de su testamento) Rocío Jurado dejó todo muy bien amarrado. Su viudo admira la manera con la que su esposa luchó por vivir y la entereza e inteligencia con la que una mañana dictó cómo quería que se repartieran sus bienes si la enfermedad podía con ella.