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100 MIÉRCOLES 28 6 2006 ABC MUNDIAL 2006 LA SELECCIÓN Cesc- Vieira, la veteranía marca TOMÁS GONZÁLEZ- MARTÍN Francesc Fábregas idolatra a Patrick Vieira. Fue el hombre que le recibió en el Arsenal con las puertas abiertas, Se enfrentaban el alumno y el maestro. El niño barbilampiño que llegó al Arsenal con dieciséis años y el padre deportivo que le acogió en el vestuario inglés para hacerle crecer. El chaval que entraba en un equipo de jugadores curtidos y el protector que le ayudó a progresar al más alto nivel. Tres años después, Cesc Fábregas (Arenys de Mar, 4- 5- 87) y Patrick Vieira (Dakar, 23- 6- 76) se convirtieron en enemigos en un duelo de alto riesgo entre la juventud española y la veteranía de un equipo francés que vive los últimos destellos de una generación. Fue blanco contra negro. Cesc robó, presionó y protagonizó el fútbol de España junto a los dos Javieres, Xavi y Xabi. Vieira se limitó a defender, como Makelele, para esperar el contragolpe como única respuesta ofensiva. Pero llegada la hora verdad, el centrocampista senegalés decidió el encuentro en una de sus tres únicas subidas al ataque. El dominio de balón estuvo generalmente en los pies de Cesc, Xabi Alonso y Xavi, especialmente hasta la llegada del empate. Un control que Vieira y Makelele quisieron evitar mordiendo al triunvirato español a lo largo del partido. Fábregas demostró las razones de la titularidad adquirida en el Arsenal y en la roja pero con el paso de los minutos se convirtió en una isla de rendimiento aceptable, desasistido por el menor funcionamiento de Xavi, de Xabi Alonso y de Senna, que por experiencia tenían más responsabilidad en el centro del campo de Luis. Vieira se marchó hace un año al Juventus a sabiendas de que el nen que apadrinó ya puede volar solo. Anoche, Patrick tuvo que empujarle e incluso pisarle para intentar robarle el balón. Porque Francesc obtenía la pelota y jugaba inmediatamente con Raúl, con Torres, con Luis García o con Joaquín. Porque protegía la herramienta de trabajo como si fuera un veterano francés. cuando llegó a Londres con dieciséis años y mucho por aprender, aunque el talento era innato. El francés le ayudó a volar, y ayer, Cesc lo hizo en solitario, frente a su protector. El chaval fue mejor, pero su padrino sentenció Patrick apareció cuando hacía falta El español disparó una vez a puerta, un tiro que rebotó en un defensa y cazó Barthez. La roja ya vencía 1- 0. Pero los hombres de Luis no supieron jugar con la ventaja. Y el tanto de la igualada descolocó estratégicamente a Cesc y sobre todo a sus compañeros. Los galos buscaron transformar el duelo en un toma y daca, en un correcalles para eludir la posesión española del balón y aprovechar la velocidad de Henry. Lo consiguieron. Aunque Fábregas intentó serenar, mirar y templar el juego, se quedó solo ante el peligro, porque algunos de sus compañeros corrieron como gallos sin cabeza, como si fueran los únicos que tuvieran la obligación de vencer. Vieira (a la derecha) se prodigó muy poco en ataque, pero fue un muro en la medular A escala individual, Vieira solamente superó dos veces a su sobrino en ataque, pero la segunda sería definitiva. A lo largo del partido, Francesc fue más rápido, con y sin balón, y el senegalés- -nacionalizado francés- -mantuvo la tónica de esperar atrás para anular sus intentos de enlace con Torres, Luis García y Joaquín. El catalán era el único centrocampista de Luis que rompía por velocidad o con pases largos la red defensiva del enemigo. El padrino sufrió cuando su protegido le quitó la pelota en su segunda intentona de subir arriba. La batalla personal entre Pat y Cesc la había ganado el muchacho de diecinueve años. La amonestación que sufrió el africano, para frenar una penetración de su enfant era el ejemplo de ese relevo generacional que el Arsenal ya ejecutó. El viejo leñador, incluso, se jugó la expulsión y fue su amigo español quien le tranquilizó para AP no marcharse al vestuario antes de la hora. Podía haberse quedado quieto el chaval, porque Patrick decidiría la eliminatoria con un remate desde cerca que rebotó en Sergio Ramos. Ese cabezazo con fortuna oscureció la superioridad del centrocampista barcelonés en el duelo con su antiguo protector. El sobrino no mereció este castigo. El triunfo de Francia y de Vieira fue la victoria de la veteranía. Del savoir faire en estas guerras. Es un grado.