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ABC MIÉRCOLES 28 6 2006 99 MUNDIAL 2006 LA SELECCIÓN XAVI. Regular. No cogió en ningún momento la onda por más que lo intentó. Se le notaba incómodo y no encontró huecos para desarrollar su juego ni sus pases. RAÚL. Regular. Labor muy oscura, no tuvo ninguna ocasión de remate y se esforzó en echar una mano al centro del campo para evitar la superioridad numérica francesa. TORRES. Regular. Fue el único que se mostró capaz de marcharse en velocidad de los defensas, pero arrancó desde muy atrás y apenas tuvo remate. VILLA. Regular. Poco activo, perdió demasiados balones y apenas entró en juego. Su mejor aportación fue acertar con el penalti, que ajustó mucho a un palo. Bien tirado. LUIS GARCÍA. Regular. Un remate de cabeza y un par de paredes por el centro. Se movió mucho entre líneas, pero sin entrar demasiado en la dinámica del choque. JOAQUÍN. Bien. Parecía el hombre idóneo para romper el partido con su regate y velocidad. Cuando encaró se fue bien y colocó un par de centros buenos y un remate pifiado. SENNA. Regular. No tuvo mucho tiempo para entrar en juego. Un remate lejano, que parecía bien dirigido y que se estrelló en Abidal, y un par de balones al área ya a la desesperada. Zidane, destellos decisivos JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Un afectuoso Zidane, sobre todo con sus compañeros del Real Madrid, saltó al campo para luchar contra los españoles. En el terreno de juego, sólo dos destellos, pero decisivos Podía ser el último partido de Zizou y hubo pequeños homenajes de sus compañeros. Abrazos de sus compañeros madridistas, saludos de Raúl en el intercambio de banderines y sentida emoción en el francés a la hora de los saludos. Poco antes, en el túnel de vestuarios, no había habido tanto. Rictus serios, rostros trascendentes ante la dimensión del choque. Ni amigos ni compañeros, sólo concentración. Luego, muy poquitas cosas dejó Zidane en la primera parte, tan poquitas como el propio equipo francés, muy echado atrás y pocos efectivos alrededor de la estrella francesa y de Henry, aislados ambos arriba. Se tiró Zizou en los primeros compases a las alas buscando crear huecos para los movimientos diagonales de Henry y, sobre todo, la entrada desde atrás de Vieira, que llegaba por ese hueco. Pero entró muy poco en juego. Hasta el minuto tres no tuvo contacto con el esférico y luego sólo saques de falta y de córners. Tuvo especial cuidado en las faltas que cometió, siempre disculpándose y pidiendo perdón al colegiado y al contrario por si había hecho daño. No se le iba de la memoria al francés contra quien jugaba y quien tenía delante. En el partido en sí, muy poco. Se emparejó más en la escasa defensa que hizo con Xavi, pero apenas le robó un mísero balón. En el ataque tampoco mucho. Una apertura por la derecha que creó una buena ocasión de gol y luego silencio y desaparición del encuentro. Lentitud en el traslado del balón y sólo algún control de balón complicadísimo como el que realizó en el meridiano de la primera parte en la banda izquierda, enganchando el balón y pinchándolo a pesar del duro acoso de Sergio Ramos, que ese sí que no conoce amigos. Pero a pesar de la posibilidad de ser su último partido, nada pareció acelerar las acciones del francés, toques razonados hacia atrás a la espera de efectivos que les ayudaran y poco más. Dos córners bien sacados, dos faltas peligrosas por su rosca y nada más. Ni un tiro a gol, ni un pase al hueco de mención y algo lento ante el acoso rival. En el gol francés sí funcionó el ensayo realizado, probablemente pensado en la estrategia de Doménech. Se escoró a un costado y dejó el hueco por donde entró Vieira para poder dejar el pase a Ribery, pero él no intervino en el gol, si bien fue uno de los más alborozados en la celebración del gol junto al banquillo francés. Pelillos a la mar con Doménech, que se suele decir en estos casos. Y la segunda mitad, con unos cambios de orientación estupendos de lado a lado al pie del compañero. Se metió Zizou en el carril del diez controlando el balón a la espera de la segunda línea y para conectar con más facilidad con Henry, que siempre se escoraba al lado zurdo. Barthez y Zidane se felicitan al concluir el partido AP La hora de la verdad A medida que avanzaba el partido y menguaba las fuerzas, Zizou fue replegando velas para enlazar la contra y tocar de primera. En el tramo final, cuando los nervios estaban más a flor de piel, tuvo que salir a hacer de bombero para tranquilizar los ánimos, mediador de buena voluntad entre Vieira y Luis Aragonés. De pronto, sus destellos decisivos: un golpe franco sacado desde la medular rival con una rosca tremenda que se comió la defensa española para certificar el adiós de los nuestros. Y al final, otro destello de gran calidad para mandarnos directamente al infierno. Este tipo no cesa... Su sustituto natural, Ribery, un peligro constante Muy diferente fue el papel jugado por Ribery, el sustituto natural de Zidane en el fútbol francés. Muy diferente al marsellés, Ribery es un futbolista bajo, un tipo de corte marmolillo, parecido en su quehacer a Del Piero. Se metió en la banda derecha, aunque escorándose con facilidad al otro costado. Desde la banda derecha, Ribery puso en continuos aprietos a Pernía, pues estuvo muy activo, pidió de continuo el balón y se fue con mucho peligro dando velocidad a su juego, muy incisivo y con salida por ambos lados, creando problemas al lateral español. Cuando se fue al lado zurdo tuvo más problemas con Sergio Ramos, que es un jugador más parecido a él, nervioso y fibroso. El gol lo consiguió aprovechando su velocidad para irse en un buen desmarque de Pernía y realizar una diagonal espléndida. Resolvió con maestría y frialdad la salida de Casillas y luego definió lo justo para que no pudieran llegar los zagueros españoles. Un toque de calidad en su definición. El resto del partido fue otro concierto de actuación completa, defendiendo y con destellos de talento en cada balón que logró tocar.