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38 Madrid MIÉRCOLES 28 6 2006 ABC La decepción tras el final del encuentro quedó reflejada en el rostro de estas jóvenes FRANCISCO SECO Miles de aficionados toman Sol y Colón para ver el partido de España, que terminó con incidentes La Policía cargó contra un grupo de jóvenes que cortó parte de La Castellana CRISTINA ALONSO MADRID. La derrota siempre duele. Más aún si los que ganan celebran la victoria a escasos metros. Eso es lo que ocurrió ayer en la Puerta del Sol, a eso de las once de la noche. Una vez que el árbitro pitó el final del partido que enfrentaba a Francia y España, pequeños grupos de personas nacidas al otro lado de los Pirineos- -y que habían acudido al kilómetro 0 para ver el partido en la pantalla gigante que se había colocado en la fachada de la Casa Real de Correos- -celebraron el 3 a 1 enarbolando la bandera de la selección que acababa de arrebatar a España el sueño de ser campeona del mundo. ¿La reacción? Insultos, agarrones y empujones. Hubo más altercados. Unas cuantas calles más allá, la Policía Nacional se vio obligada a intervenir. Algunos de los miles de seguidores que presenciaron la derrota de España desde la plaza de Colón decidieron saltar a la carretera a mostrar su descontento- -y su embriaguez- -sorteando coches y arrojando botellas a vehículos y transeúntes. Durante estos episodios de enfrentamiento, agentes del dispositivo poli- cial instalado en los alrededores de la plaza cargaron contra las personas que manifestaban actitudes violentas y destrozos del mobiliario urbano. Hubo al menos dos detenidos. Las fuerzas de seguridad utilizaron material antidisturbios para restablecer el orden en la zona, que estuvo vigilada por un fuerte dispositivo policial integrado por una veintena de vehículos de la Policía Municipal, apoyada por otros tantos de la Nacional. El tráfico tuvo que ser cortado entre la Castellana, Colón, Goya y Serrano. Por su parte, los equipos de limpieza se afanaban en retirar las toneladas de basura nacidas de dos largas horas de descontrol. No faltó la bebida Dos horas antes, muy pocos presagiaban tan triste desenlace deportivo. Bajo la enorme bandera de España, Colón, subido a un pedestal, era testigo de cómo unas quince mil personas se congregaban bajo sus dominios. No obstante, el conquistador fracasó como anfitrión. Su casa se quedó pequeña para acoger a tanto forofo decidido a celebrar en el centro de la ciudad el posible pase de España a cuartos de final. Lo que no faltó- -ni mucho menos- -fue bebida. Bien fuera en forma de botella o de tetra brik, el alcohol sirvió, incluso, para aliviar el calor veraniego, que se incrementaba una vez dentro de la algarabía. Los jóvenes- -la media de edad de los asistentes no superaría los treinta años- -lo tenían claro: el fútbol, con alcohol, se disfruta el doble. De hecho, algún despistado, cuando se adentraba en la plaza, no sabía muy bien si aquello se trataba de la retransmisión de un partido o de un macrobotellón En cuanto uno ponía un pie en el recinto, se topaba con restos de bolsas de hielo, vasos rotos y envases. Algunos- -los menos- -decidieron irse a casa ante el exceso se gente. Me voy porque he venido a ver el partido y ni siquiera soy capaz de divisar la pantalla. Además, la gente está bastante pasada explicaba una joven madre, que trataba de abrirse paso con su bebé en brazos entre la multitud. El deseo de ver a la perfección cada minuto del encuentro hizo que un nú- VICTOR INCHAUSTI La Puerta del Sol acogió a miles de personas que vieron el encuentro en la pantalla gigante que instaló la Comunidad