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4 Opinión MIÉRCOLES 28 6 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EL DINERO DEL TERRORISMO A revelación por el diario The New York Times de que la administración Bush puede estar filtrando las operaciones bancarias en cualquier parte del mundo desde 2001 ha suscitado una nueva polémica sobre los límites de la lucha antiterrorista. En esta ocasión, y a diferencia de lo que sucedió al conocerse el plan de intervención masiva de conversaciones telefónicas por la CIA, el debate en Estados Unidos no se centra tanto en la legalidad de la actuación de Washington como en la tensión entre libertad de información y seguridad nacional, crudamente expuesta en las recriminaciones de Bush al diario neoyorquino. La administración republicana, que no ha encontrado críticas de relieve en el bando demócrata, apela a la legislación interna sobre situaciones de emergencia y al pacto con una cooperativa bancaria belga, que permitió a Washington el acceso a las operaciones de entidades radicadas en más de doscientos países, gracias al programa Swift El problema, sin duda, lo plantea la aplicación de esas facultades de control fuera de las fronteras de Estados Unidos y a nacionales de otros países, problema que no es otro que el que se deriva del carácter trasnacional del terrorismo y que ha supuesto a Washington polémicas y roces con la Unión Europea, como ha sucedido en el control de los pasajeros de líneas aéreas o en el más espinoso asunto de los traslados de detenidos por terrorismo, cuya posible ilicitud está siendo investigada en España por la Audiencia Nacional. La cuestión de fondo es la necesidad de atajar la financiación de las organizaciones terroristas, y esta prioridad no fue producto exclusivo de los atentados de 2001: ya en 1999, Naciones Unidas promovió el Convenio Internacional para la Represión de la Financiación del Terrorismo. Por su parte, la Unión Europea ha reforzado su normativa interna, mediante posiciones comunes del Consejo y Reglamentos, para yugular las fuentes financieras de los terroristas, especialmente de los grupos integrados en Al Qaida. De hecho, España aprobó en 2003 la ley de Prevención y Bloqueo de la Financiación del Terrorismo, en coherencia con las reformas legales y acuerdos internacionales puestos en marcha tras el 11- S. El resultado de la persecución financiera del terrorismo integrista no ha sido hasta el momento satisfactorio, entre otras razones por la utilización por los terroristas de vías de ingreso no oficiales- -o directamente delictivas, como el narcotráfico- -y de métodos rudimentarios, pero eficaces, de movimientos de capitales, como el hawala No obstante, el seguimiento económico de los grupos terroristas es fundamental para su localización y desmantelamiento y no se debe renunciar a él. Esta prioridad debe impulsar a la comunidad internacional a dotarse de métodos de cooperación, con base legal explícita, que combinen la eficacia de la lucha antiterrorista con el respeto a los derechos individuales. L EL POLVORÍN DE ORIENTE PRÓXIMO ADA vez que se atisba un claro- -aunque sea parcial- -o una brizna de luz en el tenebroso túnel del conflicto palestino- israelí, inevitablemente sucede algo que nos devuelve a la oscuridad. Los partidarios del cuanto peor, mejor emergen fatalmente con su cortejo de explosiones encadenadas al mecanismo de acciónreacción- acción, que es lo único que se mantiene constante a través de los años en Oriente Próximo. No hace tanto tiempo que el mundo había saludado con optimismo el inicio de negociaciones interpalestinas con el objetivo de formar un gobierno de unidad, la fórmula más adecuada tanto para ejercer de interlocutor internacional como para hacer frente a los desafíos políticos internos, pero en cuestión de días la zona vuelve a estar en puertas de una tercera intifada. El anuncio de un inminente reconocimiento implícito de la existencia de Israel por parte de Hamás es una señal que habría sido recibida con gran satisfacción en otras circunstancias, pero en este momento el injustificable secuestro de un soldado israelí mantiene en vilo una situación que puede volver a estallar en cualquier momento, con los tanques israelíes como recordatorio implacable de que la paz aún está muy lejos. Desde la victoria electoral de Hamás, en Palestina las cosas no han hecho sino empeorar y, a pesar de que el principio de no tener contactos con grupos terroristas se mantiene firme sobre el papel, la comunidad internacional sigue sin encontrar una fórmula que le permita mantener la necesaria presión política y al mismo tiempo contribuir a paliar los sufrimientos de la población civil e impedir así que aumenten aún más las tensiones. Ambas pretensiones son lo bastante contradictorias como para poner a prueba la coherencia de unos principios que Occidente debe sostener sin ambages para, tal vez, lograr algún día una solución racional: en tiempos de confusión es cuando más se aprecia el valor de las ideas claras. En este sentido, la Unión Europea afirma que dispone de una fórmula que le permitirá hacer llegar sus ayudas económicas a la población palestina sin pasar por las manos de Hamás, tratando así de evitar que los territorios se hundan, pero lo cierto es que nadie se lamenta de que hasta ahora no hayamos logrado convencer a los terroristas palestinos de que deben renunciar a la violencia, ni se quiere reconocer que esta comprensible benevolencia hu- C manitaria por la que estamos apostando no contribuye en absoluto al objetivo de persuadir a Hamás para que reconozca a Israel sin vacilaciones y admita el resultado de negociaciones anteriores. Del mismo modo, hay que decir que la desastrosa tendencia hacia el desorden que los palestinos se empeñan en manifestar constantemente no contribuye en absoluto al progreso de su causa, aunque por desgracia se ha llegado a una situación en la que los movimientos de una y otra parte se han hecho tan previsibles que ya nadie se extraña de que una cosa desencadene la otra. Cada hecho aislado tiene claramente un responsable en sí mismo, pero, vista en su conjunto la sucesión de los acontecimientos, resulta muy desalentador constatar que en el fondo muchos palestinos y muchos israelíes pueden tener en común un fatal escepticismo sobre las posibilidades de alcanzar una solución negociada. Se diría que los protagonistas de este conflicto (sus principales víctimas también) son quienes menos creen en la paz, frente a un clamor universal que reclama un final posible del conflicto. El día en que los partidarios de la negociación se muestren tan decididos y tenaces como aquéllos que prefieren seguir la vía de la guerra, será posible ver claramente dónde están las puertas para salir de este desastre. Y aunque a veces parezca que es un esfuerzo inútil, la comunidad internacional no tiene más remedio que seguir intentándolo, porque la alternativa es seguir como hasta ahora, y eso es algo inaceptable. Muchos israelíes creen que esta situación puede llevar inevitablemente a que su propuesta de solución unilateral sea aceptada como mal menor, aunque es poco probable que una decisión de este tipo sirviese para resolver el problema. Lo que no se acuerde en paz no resolverá nada, y mucho menos si se trata de fronteras. El camino de la violencia sólo engendra violencia, y no hay un lugar en el mundo donde eso sea más cierto que en Oriente Próximo. Lamentablemente, parece que eso seguirá siendo así hasta que palestinos e israelíes se den cuenta de que en el fuego de las batallas han perdido mucho más de lo que ambos dicen defender, y de que tanto como ahora destruyan deberán reconstruir algún día. Ambos han de convencerse de que sin paz no tendrán nunca victoria, ni saldrán jamás de este polvorín infernal en el que están atrapados. MARBELLA, TRAMA SOBRE TRAMA A llamada Operación Malaya continúa produciendo- -ya en su segunda fase- -nuevas actuaciones judiciales y policiales: ha sido detenida una treintena de personas, entre ellas ex concejales, funcionarios públicos, constructores y promotores, en varias provincias andaluzas, Madrid y Pamplona. Se trata de una operación espectacular, con participación de más de trescientos agentes, que destapa (a salvo la presunción de inocencia) delitos de cohecho y prevaricación y en la que se han intervenido múltiples propiedades y sumas de dinero. La trama urbanística de Marbella ya ha dado lugar a la disolución de la corporación municipal, aplicándose por primera vez en este sentido la ley básica de Régimen Local de 1985, y amenaza con quebrar la confianza en las instituciones de esta localidad, emblemática para el turismo español. A pesar de los esfuerzos de la Comisión Gestora, se hace imprescindible que los ciudadanos se pronuncien por vía electoral sobre quiénes deben dirigir una nueva etapa, con el objetivo de devolver el L buen nombre a una ciudad que necesita una gestión rigurosa y transparente. Vistas las nuevas circunstancias, la Junta de Andalucía tendrá que dar explicaciones acerca de su pasividad, inaceptable en términos políticos, ante unos hechos que- -sin conocer los detalles, como es lógico- -eran vox populi en muchos ambientes de la Costa del Sol. No basta con rasgarse las vestiduras y lanzar acusaciones grandilocuentes. La Junta que preside Manuel Chaves es responsable por omisión, al haber mantenido una actitud indolente y permisiva. Laeficacia de jueces y fiscales y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad en el desarrollo de esta operación está fuera de duda. Sin embargo, las autoridades políticas no deben escudarse en ello y tienen que afrontar su cuota de responsabilidad, producto de una pasividad que permitió objetivamente el desarrollo y la extensión de la trama. La Administración autonómica tendría que haber practicado la sabia política de prevenir las causas para no tener que lamentar las consecuencias.