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68 MARTES 27 6 2006 ABC ZARZUELA La boda y El baile de Luis Alonso Música: Gerónimo Giménez. Libreto: Javier de Burgos. Reparto: L. Álvarez, M. Maciá, T. River, L. Rodríguez. Orquesta de la Comunidad de Madrid y Coro de la Zarzuela. Dir. Mus. M. Roa. Dir. de escena: S. Sánchez. Teatro de la Zarzuela. Madrid. Fecha: 23- 06- 06 ZARZUELA Luisa Fernanda Autor: Moreno Torroba. Int. María José Montiel (Luisa Fernanda) Elena de la Merced (Carolina) José Bros (Javier) Plácido Domingo (Vidal) Coro y Orquesta Titular del Teatro Real. Dir. escena: Emilio Sagi. Dir. musical: Jesús López Cobos. Lugar: Teatro Real. Fecha: 26- 06- 06. cisión forense una escena de limpísimo esteticismo. Blanca y negra en los trajes, sutilmente colorista en algún fondo, tenue en las gasas que la encierran. ¿Bonita? Sin duda. ¿Sustanciosa? Poco. ¿Provocadora? Nada. Eficazmente decorativa. No debe decirse que minimalista, pues el minimalismo (lo ha podido comprender el público del Real con Diálogos de carmelitas es algo más que la desnudez. Aquí solo hay un escenario con posibilidades, pero que descarga la responsabilidad de la tensión emocional (y Luisa Fernanda la tiene) sobre el paisanaje. Tras el descanso, a uno de sus protagonistas, al director musical Jesús López Cobos, se le recibió con disparidad de opiniones por el solo delito de querer participar de esta higiénica visión de la obra. Se consideró inadecuado el esfuerzo que hacía por desmembrar la orquesta entresacando voces y timbres, en un juego puramente intelectual y ajeno a la materia. Ejemplo: la mazurca de las sombrillas, excesivamente articulada, falta de naturalidad, al margen de desajustada en el encaje con el coro, que, por cierto, no tuvo anoche su día de gloria. Quizá, López Cobos se muestre demasiado heterodoxo con el estilo, término, por lo demás, fangoso, impreciso y demasiado castigado cuando se implica con la zarzuela. Por eso, los aplausos, que los hubo durante la representación y, por supuesto al final, fueron para los cantantes. Primero para Plácido Domingo pues en él sobrevive estupendamente el porte del extremeño Vidal (tan buen hombre, tan noble, tan republicano sin saberlo Lo cual tiene mucho mérito. Al gran Sagi Barba, que estrenó la obra, se le reconoció el impulso de la juventud y tenía 57 años. En Domingo es imposible no rendirse ante el volumen, el timbre en gran parte de la extensión, la dicción y el carácter. Por mucho que el color no se acople del todo al papel y que llegadas las romanzas actúe como los toreros modernos, pasito atrás, ofreciendo interpretaciones personalísimas hasta el punto de desequilibrar la batuta del maestro. En Domingo hay materia de calidad en considerables proporciones, por eso cuando liga dos pases, por ejemplo, cantándole a su morena clara se descubre la maestría y el saber. Esa es la razón por que puede llegar a congeniar muy bien con María José Montiel, pues en ella manda el carácter, la sensibilidad y una desbordante naturaleza teatral que la convierten en una Luisa Fernanda de muchos quilates. Más deudora del corazón que de la cabeza, lo cual es una opción de peso. Su ¡Cállate corazón! lo dice todo. Dos apuntes más. Uno para José Bros, Javier Moreno, que vuelve a Madrid alardeando de un color vocal elegante y hermoso, y que ayer dejó en un inmejorable lugar al vaina del coronel de húsares. Con seguridad, lo hará mejor en los próximos días cuando acabe de afirmar alguna inestabilidad en las notas tenidas. La dicción, la atractiva continuidad de la línea, la consistencia de la voz se demostraron armas extraordinarias. A su lado Elena de la Merced, resolvió con gracia y buen perfil el más simple pero necesario papel de la condesa Carolina. Y con ella muchos secundarios imprescindibles a la hora de sacar a flote a La Luisa Como lo fue Luis Polanco, director adjunto del Festival de Peralada, a cuya memoria el Real dedica estas funciones. La de ayer, la primera, la presidieron, desde el palco principal del teatro, Sus Majestades los Reyes. ESPECTÁCULO BRILLANTE ANTONIO IGLESIAS PAISAJE Y PAISANAJE ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE E spectáculo brillante, magníficamente representado en su parte musical y también escenográfica, con decorados tan sencillos como acertados. En resumen, se pudo ver seguridad en el foso y un escenario sumamente divertido y gracioso. Los directores Miguel Roa (musical) Santiago Sánchez (de escena) y Antonio Fauró (del coro) a buen seguro que estarán satisfechos y hasta orgullosos por sus espléndidos resultados en común. Lo mismo que cabe afirmar ante la labor lograda por Yayo Cáceres, en la coordinación del Café Cantante que precede a lo musical (quizá resulte un algo excesiva su duración) y que sería conveniente al anunciar horarios tenerlo en cuenta. Es una pena que se lo pierdan los puntuales así como el epílogo desenvuelto y contagioso por su hilaridad, que cierra la representación con su chirigota racial gaditana. Merecen un recuerdo los titulados cantantes- actores porque las dos condiciones se revisten de inusitada calidad, lo mismo que cabe destacar el cuerpo de baile que, en su total de ocho bailarinas y cuatro bailarines, se encabezan con la extraordinaria pareja solista de Primitivo Danza y Cristina de Vega. Muy acertado ese engarce con la zarzuela, propiamente dicha, desde el inicial Café Cantante, en el que no hay que olvidar a Rosario La Tremendita del mismo sale- -toda una gran sorpresa- -la soprano la Juana que, encarnada por Leticia Rodríguez, nos deja un gran recuerdo, no ya por su genial desenvoltura escénica, sino por una voz de ejemplar categoría, en ese recuerdo latente en esencias populares tomado por eximias voces en el concierto. Colmo de una seria comicidad, el papel resuelto por Tony River en su estupendo Tinoco así como la superación del Luis Alonso interpretado por el barítono Luis Álvarez, unido al de la María Jesús de una soprano con sobresalientes cualidades concurrentes en María Macía. Las castañuelas, tan importantes en las dos zarzuelas, merecen un más atento repaso. La luz y el rico colorido de los figurines, la coreografía en general, cierran un cuadro múltiple en el elogio. El público se volcó en ovaciones ante tan espléndida traducción. A tenía ganas de sonreír el público del Real tras afrontar el fin de temporada sufriendo, de muy distinta manera y resultado, en el serrallo mozartiano y en el patíbulo carmelita de Poulenc. Nada mejor para desengrasar que la zarzuela. Nada mejor que Luisa Fernanda Porque no hay que estudiar demasiado la historia (larga, larguísima, casi incontable en número de representaciones) de la obra de Moreno Torroba para saber que, simplemente, con las cosas puestas en su sitio, La Luisa es capaz de poner en pie un teatro. Todavía manda el subconsciente colectivo de quienes se sienten capaces de hacer karaoke de la mano de la protagonista, de Vidal, de Javier o de Carolina. Añoranzas: Me recuerda las funciones del colegio decía una espectadora en el descanso de la de anoche. Lo decía, por supuesto, sin ánimo de literalidad: lo que la buena señora venía a explicar es que todo aquello le sonaba. Y tenía razón. Luisa Fernanda se ha programado en el Teatro Real en producción propia, de Washington y de Los Ángeles. Llega aquí tras ser defendida por Plácido Domingo, a partir de aquel primer tanteo en la temporada de La Scala milanesa, en 2003. De manera que el paisaje de la obra ha rodado y se ha enriquecido. Permítase, en primer lugar, hablar de ello, pues es importante y explica lo que anoche se vio escuchó. Emilio Sagi ha terminado por hilar con pre- Y Emilio Sagi ha terminado por hilar con precisión forense una escena de limpísimo esteticismo Los Reyes felicitan a los protagonistas de Luisa Fernanda con María José Montiel y Plácido Domingo a la cabeza EFE