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ABC MARTES 27 6 2006 61 Cultura y espectáculos Don Felipe a Antonio López: Muchas gracias por hacer lo que haces y por ser como eres, maestro El Príncipe entregó el premio Velázquez al pintor, de quien destacó su mirada eminentemente moderna b En un emotivo acto, el artista manchego rindió homenaje a su tío, el también pintor Antonio López Torres, el mayor ejemplo de talento para la pintura que he conocido NATIVIDAD PULIDO MADRID. Siendo adolescente, Picasso pisó por primera vez el Prado y hoy sus cuadros se miden en el museo con los grandes maestros. Décadas más tarde, otro adolescente, Antonio López, llegaba de su Tomelloso natal a la capital para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y también pisaba entonces por vez primera el Prado. Ayer, en la gran sala de Velázquez, con Las Meninas de fondo, recibía de manos del Príncipe de Asturias el premio que lleva el nombre del maestro sevillano. La ceremoniosidad propia de este tipo de actos se tornó ayer más cálida de lo que suele ser habitual. Ya se advertía en el entrañable saludo de los Príncipes al galardonado, cuando, pasadas las 12,45 horas, llegaban al museo. Doña Letizia, vestida con un favorecedor vestido color salmón, cogía cariñosamente las manos del artista. Y quedaba corroborado en el discurso de Don Felipe: Le felicitamos con emoción y afecto. Lo hacemos en nombre propio y en el de toda la Familia Real, que admira y aprecia tanto su obra como su persona. Es un verdadero honor entregar personalmente este galardón a un creador por el que sentimos una predilección especial y a quien, ya en 1985, tuve la satisfacción de entregar el Príncipe de Asturias de las Artes Antonio López, junto a su amigo Julio López Hernández, que ayer quiso acompañarle en un día tan especial, hicieron una escultura de los Reyes, que se exhibe en el Museo Patio Herreriano de Valladolid y, en solitario, ultima un retrato de la Familia Real que, dice, está ya muy avanzado: Estará listo a finales de septiembre o principios de octubre posiblemente Antonio López agradece la calurosa ovación tras recibir el premio Velázquez, en presencia de los Príncipes ERNESTO AGUDO Ha sido muy hermoso; he estado tranquilo y he disfrutado mucho Antonio López no estuvo solo ayer en el Prado. Todos los suyos quisieron rodearle en una ocasión tan especial. A su lado estaba María, su inseparable María; sus dos hijas y tres de sus cuatro nietos, que se arracimaban a su pierna. No se apartaban ni un minuto de su abuelo, que les achuchaba con ternura. Fue una sorpresa: no sabía que iban a acudir. Todos ellos han posado para él como modelos. Dos cabezas de Carmencita, una dormida y otra despierta, han servido para el homenaje que prepara para las víctimas del 11- M. Se instalarán en uno de los vestíbulos de la estación de Atocha. Las piezas, en bronce y de tres metros de altura, se situarán a ambos extremos: la dormida, al oeste; la despierta, al este. ¿Alguno de sus nietos apunta madera de pintor? Yo haré como tío conmigo; no les haré mucho caso. Prefiero que jueguen Bromas aparte, dice que ha querido rendir homenaje a su tío en el discurso, porque cada vez tiene mayor significado para mí, no sólo como artista, sino también como persona Respecto al acto, comenta que ha sido muy hermoso. He estado tranquilo y he disfrutado mucho Sobre los elogios que le dedicó el Príncipe, agradece que haya sido tan cálido y expresivo. ¿Le ha preguntado por el retrato de la Familia Real? No. Pero he logrado que no me pesara el encargo, ni me abrumara. Lo he abordado como un cuadro más Entre los numerosos asistentes figuran el duque de Soria, Miguel Zugaza, Rodrigo Uría, Rafael Moneo, Miguel Ángel Cortés, César Antonio Molina, Ana Martínez de Aguilar, Carmen Laffón, Beatriz Rodríguez Salmones, Benigno Pendás, José Luis Álvarez, Gonzalo Anes, Yago Pico de Coaña, y los galeristas Soledad Lorenzo, Álvaro Alcázar, Pepe Cobo y Julieta Rafecas. Realismo renovador El Heredero de la Corona expresó públicamente su admiración tanto hacia sus espléndidas creaciones primeras- -con las que entablé conocimiento desde muy joven- llenas de sentido poético, profundidad y connotaciones oníricas, como hacia toda su gran obra posterior, de un realismo renovador y trascendente En su opinión, sus composiciones nos muestran otra realidad, nunca un realismo al uso Para Don Felipe, su lenta y reflexiva mirada hacia la realidad es una mirada eminentemente moderna Durante su discurso, el Príncipe no escatimó elogios a Antonio López, uno de nuestros grandes maestros contemporáneos Subrayó la discreción y humildad con los que ha recibido importantes galardones a lo largo de su carrera. Ni siquiera pasó por alto su incursión en el cine: La genial obra de nuestro premio Velázquez, en un prodigioso ejercicio de integración de las artes, ha tenido una notable impronta en la estética del cine español más reciente El acto de ayer fue, como recordó Don Felipe, un homenaje a de reconocimiento, admiración y respeto a este referente esencial de nuestras artes plásticas contemporáneas, que nos llenan de orgullo por su espléndida encarnación de la realidad de España. Desde su aguda sensibilidad y libertad para mirar, Antonio López nos sigue dando una lección perenne e impagable de concordia y de amor a nuestro entorno, a la naturaleza y a los seres que en ella habitamos. Por todo ello, don Antonio, enhorabuena de corazón y muchas gracias por hacer lo que haces y por ser como eres: Maestro Antonio López quiso dedicar su discurso a su tío, con quien compartió mucho más que un nombre y un apellido: ambos vivieron la pasión por la pintura con la misma intensidad. Fue Antonio López Torres quien le inició en la pintura. Quiso agradecérselo ayer públicamente y dónde mejor que en el Museo del Prado y con Velázquez como testigo. Si las palabras del Príncipe estuvieron cargadas de admiración, no menos lo estuvieron las de Antonio López hacia su tío, el mayor de los hermanos de su padre, soltero, pequeño, nervioso, sensible, aprensivo... y el mayor ejemplo de talento para la pintura que he conocido Como ejemplo de sus palabras, una anécdota, que ayer confesó en público y que ilustra a la perfección la devoción que siempre ha sentido por su tío. Rememora el pintor cuando en 1949 llegó con (Pasa a la página siguiente)