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ABC MARTES 27 6 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA DEPORTADOS RESCIENTOS euros. Eso es lo que les han dado en Barcelona a un puñado de inmigrantes ilegales subsaharianos antes de meterlos en un tren rumbo a Almería, para que no contaminen con su menesterosa negritud la belleza inmaculada y refulgente de la capital de la pequeña nación deparada -como dice Maragall- -por el Estatuto. Trescientos eurillos para que se busquen la vida en los secarrales del Sur, donde siempre podrán encontrar algún empresario desaprensivo dispuesto a infracontratarlos en la nueva aparcería de los invernaderos. En Cataluña estorban, estropean la arquitectura de diseño, la política de diseño, las instituciones de diseño. Si al menos fueran polacos, tan rubios y de ojos tan claros. IGNACIO Pero negros... y sin haCAMACO blar la lengua propia del Artículo 6. Hala, hala, a Almería. No hace mucho, un jubilado jienense me contó en un casal badalonés su llegada, cuarenta años atrás, a la estación de Francia, con la maleta amarrada sobre un machadiano asiento de tercera. Nos bajábamos del tren y echábamos a correr hacia Montjüic, porque si nos cogían sin contrato nos metían en un tren de vuelta. A muchos los echaron para atrás Los que lograron colarse, huyendo del subdesarrollo andaluz, contribuyeron con la fuerza de sus manos al despegue industrial de Cataluña, y sus hijos son hoy catalanes bilingües que votan al PSC para que gobierne en nacionalista y deporte a la tierra de sus padres a los subsaharianos que han reemprendido la aventura de la inmigración. Eso sí, ahora les meten en el bolsillo trescientos euros para los primeros bocatas. Pero el principio de actuación es el mismo: sacárselos de encima para que se vayan a estorbar a otra parte. Cuanto más lejos, mejor. Esta es la política real de inmigración que se está practicando en España. Una especie de deportación interior que va trasteando a los ilegales de una autonomía a otra, a ser posible de tapadillo, para que las autoridades de la región receptora no se enteren y los peloteen de nuevo hacia el punto de partida. Como no se les puede expulsar, se les va largando de tapadillo, de Canarias a la Península, y una vez aquí, a rodar por esas calles y esos campos de Dios. Hasta que surge el fantasma étnico que se esconde a veces bajo las sábanas del nacionalismo, y que sale de paseo en los vagones de esos trenes nocturnos que bajan hasta el Sur sediento, al que le niegan el agua y le envían los irregulares quienes presumen de ser tierra de acogida De acogida de privilegios, será. Hubo una vez uno que mandó meter a un montón de subsaharianos en un avión, anestesiados, y los devolvió a África. Había un problema, y se ha solucionado dijo en infausta frase de expeditiva jactancia. Pues no; el Gobierno ha cambiado, y sigue habiendo un problema. Pero lo peor es que continúa el mismo tipo de soluciones. T ATRACOS AL ESTILO RUMANO A corrupción y el crimen han ido reduciéndose en Rumania con la acción estelar de la ministra de Justicia, Mónica Macovei, hasta el punto de que va derritiéndose uno de los impedimentos para el ingreso rumano en la Unión Europea. No vale preguntarse si habrá contribuido a tantos méritos de la señora Macovei que las bandas más agresivas y metódicas de la delincuencia rumana en su momento se hayan trasladado a España en busca de nuevos beneficios. Dentro de unos meses se sabrá si este país balcánico se convierte en miembro de la UE, tal vez a mitad del año 2007. En caso positivo, a Mónica Macovei le espera un monumento, y en España podríamos caer en la impertinencia de poner a su nombre varias calles, en especial las que abundan en establecimientos de joyería o en chalés ajardinados. El efecto llamada que es consecuencia de la impunidad y el angelismo judiVALENTÍ cial ya tiene su anecdotario: QueriPUIG dos colegas, veniros para acá porque a la que te detengan estás en la calle Son pruebas epistolares en prosa rumana y archivadas por la Policía. Por supuesto que una cosa son los veintidós millones de rumanos y otra esos rumanos que actúan con tanta violencia en España, como bandas organizadas. Sin duda, una cosa son las buenas gentes de la Rumania que aguarda su ingreso en la Unión Europea y otra muy distinta es la delincuencia rumana que estamos padeciendo, pero el caso es que la estamos padeciendo nosotros aquí y ahora, a falta de una más bondadosa y justa representación de la idiosincrasia rumana, si dejamos al margen una inmigración rumana laboriosa y cívica. Es muy injusto juzgar el todo por una parte, pero también es injusto padecer las atrocidades de una parte, aun sintiendo la mejor de las simpatías por el todo. Bienvenidos sean a la Unión Europea los rumanos, que fueron L parte, además del Imperio Romano, de constelaciones imperiales de tanta solera como el universo otomano y el cosmos austrohúngaro. Desde luego, antes sería de agradecer que ofrecieran la más eficaz y presta de las colaboraciones para identificar, detener, juzgar y deportar a todas esas bandas criminales que actualmente operan en España. La migración criminal no es algo nuevo. La mafia siciliana tuvo sus logros trasatlánticos y las mafias rusas imperan en San Petersburgo y Marbella. Las triadas orientales actúan en Liverpool y en Fráncfort. A cada mafia, sus estilos y sus territorios, sus códigos y- -en el mejor de los casos- -sus penitenciarías. En el caso rumano, sería de la más baja estofa diplomática sugerir que España pueda vetar el ingreso de Rumania en la UE si no mejorar la contribución de Bucarest a la reducción de las bandas criminales que de allí proceden y aquí delinquen de forma tan cruel y aparatosa. No, esas cosas no se hacen. A veces, simplemente, basta con sugerirlas. Existe otro método, y es el que, aparentemente, se ha utilizado para que se desmoronase la torre humana que iba a saltarse nuestras verjas fronterizas en el norte de África. Es el método que consiste en retribuir los poderes que en los aledaños del absolutismo tienen la capacidad para que la masa migratoria subsahariana de pronto se decida a cambiar sus rumbos. Atrás quedan las pateras, aparecen entonces los cayucos. Ceder pagando: es como haber inventado el disco gramófono de chocolate. Donde antes fuera subvencionada la asistencia de los poderes del Magreb, ahora se desembolsa de una u otra forma para que los nuevos países emisores no hagan la vista gorda cuando los cayucos zarpan en la noche hacia las Islas Canarias. Es el peor de los métodos, por mucho que se esté generalizando. Es inimaginable su extrapolación en el caso rumano. A lo sumo, eso merece un epígrafe en los protocolos de la Alianza de Civilizaciones. vpuig abc. es