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64 Cultura SINFONÍA DE FESTIVALES DE MÚSICA EN ESPAÑA METROROCK EN MADRID LUNES 26 6 2006 ABC Paul Weller, una leyenda muy seria El fundador de los Jam cierra con un repertorio de clásicos un Metrorock de transición la chulería de los Jam al arrebato espiritual de un Marvin Gaye pálido, el autor de Wild Wood vació su genio sin esfuerzo, sin activar nostalgias forzadas JESÚS LILLO MADRID. Más y mejor música y, paradójicamente, menos público en la segunda jornada del Metrorock, cuyo cartel, normalizado y atento al dictado anglosajón de la moda festivalera, sin pachangas multiculturales, mostró las limitaciones de un certamen que, despacio, intenta arrancarse la costra y pasar a limpio su repertorio. Valió la pena el esfuerzo, aunque tarde en cuajar entre una audiencia todavía desconfiada y sometida a la inercia de otras muestras, tradicionalmente sensibles al pop británico y sus más que discutibles aproximaciones locales. A ese subgénero, la traducción simultánea de formatos importados, pertenece Lori Meyers, banda que, sin embargo, ha logrado personalizar su señal y ofrecer una grata aproximación al pop yeyé de raíces patrias, oportunamente filtradas a través de una psicodelia bastante accesible. Su actuación fue un buen y raro ejemplo de equilibrio entre acentos geográficos y transferencias temporales. A continuación, los Charlatans de Tim Burgess mostraron una de las mejores caras del certamen: pese a la visible desmotivación de su líder, el grupo presentó Simpatib De co y repasó antigüedades con una solvencia apabullante. Libérrimos y sin achaques, premeditadamente adolescentes, los Charlatans expusieron en directo una obra, cara b de la reciente historia del pop inglés, con la que no echar de menos a los Stone Roses y capaz de cuestionar las dimensiones de Oasis. Pop eterno El concierto de la banda de Burgess sirvió de prólogo a la actuación de quien, por veteranía y méritos, encabezaba el cartel de la segunda jornada del Metrorock, un Paul Weller que, al otro lado del recinto, contó con la competencia de Ok Go, conjunto de recién llegados y sin apenas papeles que supieron representar en vivo el chispeante guión de Oh No notable álbum de ritmos y estribillos rockeros que cerraron con un guiño a los Violent Femmes y una desvergonzada coreografía ejecutada sobre el play back de su último sencillo. Expresión corporal en una discoteca imaginaria donde bailan, sueltas, las guitarras. Paul Weller siempre ha sido un señor muy serio. Con una bandera británica sobre los amplificadores, impresa con el lema Fire Skill y una copa de vino tinto a mano, el compositor británico ofreció una versión abreviada de Catch Flame su reciente antología de éxitos en directo. Se olvidó del Style Council, pero llegó hasta los Jam A Town Called Malice In The Crowd y repasó con generosidad su carrera en solitario. Paul Weller, durante el concierto en Madrid Weller prescindió de las proyecciones de la pantalla que ocupaba el escenario para reclamar toda la atención del público: siempre ha sido un señor muy serio, pero está hecho un chaval. Hiperactivo, furioso, delicado, dominante o profundo, según el minuto, Weller se apasiona con un repertorio que interpreta con una vitalidad que desarma. De la chulería de los Jam al arrebato espiritual de un Marvin Ga- EFE ye pálido, el autor de Wild Wood vació su genio sin esfuerzo, sin activar nostalgias forzadas, sin tocarle una coma. Pop eterno en presente de indicativo. Todo lo contrario a Surfin Bichos, supervalorado fósil del pop español cuyo pretencioso discurso de angustias regresa este año para confirmar, en vivo, la fragilidad de esa mitología escrita por sus falsos profetas.