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36 Internacional LUNES 26 6 2006 ABC Italianos cuando les interesa, suizos de conveniencia, los habitantes de este pueblecito llamado Campione d Italia, que vive del juego de los demás, se han dado a conocer con la trama de corrupción en la que está implicado el Príncipe Víctor Manuel de Saboya Un discreto enclave italiano en Suiza que sólo es fiel a su casino municipal TEXTO Y FOTO ENRIQUE SERBETO. ENVIADO ESPECIAL CAMPIONE D ITALIA. Ni siquiera muchos italianos conocían la existencia de este coqueto pueblecito situado a orillas del lago Lugano, un lugar limpio y ordenado, donde nadie se queja de nada, ni siquiera de que el Estado italiano se haya olvidado de las instalaciones sanitarias o las escuelas. Sus 2.500 habitantes tienen otra cosa mejor en que ocuparse: el gigantesco casino municipal que da de comer a prácticamente todos los habitantes y parece que algo más, porque el alcalde, Roberto Salmoiraghi, ha sido detenido en la misma operación de corrupción que se ha llevado por delante la reputación de Víctor Manuel de Saboya, el hijo del último Rey de Italia. Por aquí no lo hemos visto dice Franco, que es uno de los aparcacoches del casino, la mejor fuente de información para saber si alguien ha estado recientemente en Campione; o para todo lo contrario: los clientes saben que pueden contar con su discreción. Su hijo, Manuel Filiberto, sí que ha venido, pero de el del trono no sé más que lo que publican los periódicos Con Franco se puede bromear hasta de si conoce a todos los habitantes del pueblo por sus nombres y apellidos, porque aquí el que no trabaja en el casino, trabaja en el Ayuntamiento. Imposible mantener un secreto en un territorio de poco más de un kilómetro cuadrado, con una calle única que lo rodea, que tiene que pasar por debajo de la mole del nuevo casino, que está terminándose, y que parece una exageración propia de un emirato árabe, que no pega en estas verdes laderas que rodean el lago. A Campione se entra por un arco como el de Marbella, sin ningún tipo de control. Uno pasa de Suiza a Italia y vuelta a Suiza y no se daría cuenta de que ha cambiado de país y de moneda. No tanto de lengua, porque en esta parte de Suiza también se habla italiano, pero a la hora de preocuparse de una u otra selección de fútbol, los campionenses están con las dos. Al fin y al cabo, pueden decir que se han quedado con lo más práctico de los dos. Este exótico enclave vive prácticamente al margen de las reglas del país al que pertenece y donde, por cierto, tampoco se respetan mucho. Está rodeado de territorio suizo, que a su vez es bastante opaco a efectos financieros, y toda su industria es este gigantesco casino en el que igual da apostar en euros que en francos suizos. Estando a menos de una hora en coche de Milán y a un paso de Lugano, cualquiera diría que es el paraíso de todo tipo de enjuagues. Ah, el alcalde, pues volverá bien fresco después de unos días a la sombra bromea Filipo, que es un jubilado octogenario que aún recuerda cuando Musolini le añadió el d Italia al nombre de este antiguo territorio feudal, por si los avatares de la guerra acababan difuminando la frontera. Filipo ha trabajado de camarero en el casino, como casi todos, y tiene mucho que contar, pero naturalmente pocas ganas de hacerlo. Con decirle que he visto perder a gente hasta cuatro millones de francos suizos en una noche en los buenos tiempos, los 70 y los 80, con el boom del petróleo. De todos modos, no deben ir mal las cosas ahora: cada año pasan por aquí medio millón de personas y el coste del nuevo casino supera los 90 millones de francos suizos, unos 60 millones de euros. Como un extranjero Ni a Filipo ni a su amigo, que está a punto de jubilarse como crupier y que por eso no quiere dar su nombre, les preocupa que el nombre del pueblo se haya visto involucrado en el escándalo: Donde hay dinero, ya se sabe. Igual pasa en el fútbol, porque hay dinero Ni uno ni otro recuerdan al Príncipe y aunque durante su exilio estuvo viviendo precisamente en Suiza, para los de Campione es como si fuera una celebridad extranjera, de tantas que han pasado por el casino. En Campione no hay más que un hotel, al lado del casino, pero ahora está cerrado, sospechosamente por reformas La sombra de las acusaciones de tráfico de mujeres para la prostitución no es de lo que más hablan en el pueblo. La mayoría creen que el que se quisiera divertir con una amiguita ya se la traía de Milán El olor de las noches de grandes ganancias ha de ser forzosamente un atractivo para el negocio de la prostitución, pero dentro del casino la discreción es absoluta y, fuera, en las calles, reina la tranquilidad. El casino está abierto hasta las dos y media de la madrugada todos los días del año, excepto en Navidad. La pesca en el pequeño paseo frente al lago está estrictamente regulada, para que no se agolpen los pescadores. Todo es como una postal alpina, por debajo de la cual las aguas no bajan tan claras. El casino municipal de Campione d Italia, hoy en el ojo de la tormenta El escepticismo y el desinterés dominan el referéndum para la reforma federalista en Italia JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. El desinterés de los italianos por el referéndum sobre la reforma constitucional federalista se reflejó ayer en la escasa participación a lo largo de la primera jornada, aunque los colegios permecerán abiertos hasta las tres de la tarde de hoy. Desde 1995, ninguna de las 19 cuestiones sometidas a referéndum popular- -de un total de 58 en la historia de la República- -consiguió llevar a las urnas siquiera a la mitad del colegio electoral. A diferencia del entusiasmo de los políticos- -como Silvio Berlusconi, autor del proyecto de reforma, que hizo campaña por el sí y Romano Prodi que pidió el no -los ciudadanos de a pie tienen la sensación de que el proyecto de reforma de un tercio de la Constitución no va, en realidad, a cambiar nada: o porque triunfe el no o porque la complejidad misma de la reforma- -federalista y centralizadora a la vez- -impedirá ponerla en práctica. El proyecto de reforma federalista ha sido estudiado por sucesivas comisiones bicamerales del Parlamento en 1984, 1992 y 1997, sin que fuese posible un acuerdo. La ley exigida por la Liga Norte y aprobada por Berlusconi sin negociar con la entonces oposición de centro- izquierda nació destinada a morir en referéndum popular. Por eso fue aprobada tan sólo en noviembre de 2005, cuando ya no daba tiempo a celebrar el referéndum antes de las elecciones generales del pasado mes de abril que ganó Romano Prodi. Poco respeto a las leyes Parte del desinterés de los italianos proviene de la experiencia del escaso respeto a las leyes o al resultado de los referéndums, incluso por parte del Gobierno. Cuando un referéndum suprimió en abril de 1993 el Ministerio de Agricultura, el Gobierno creó en diciembre un Ministerio de Recursos Agrícolas con los mismos edificios y el mismo personal. Por lo tanto, la desconfianza popular es comprensible.