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ABC LUNES 26 6 2006 29 Terroristas de Al Qaida asesinan a los cuatro funcionarios de la Embajada rusa secestrados en Bagdad El juez Santiago Pedraz investiga en Guatemala los crímenes de la dictadura militar de Ríos Montt En primera línea de esta guerra sin frentes, se saben en el punto de mira de los milicianos palestinos, que darían su vida, y así lo hacen, por las suyas. ABC estuvo con ellos Kerem Shalom, la puerta del infierno J. CIERCO Guilad Shalit KEREM SHALOM. Vallas electrificadas. Pistas de arena. Torretas de vigilancia. Alambradas desordenadas. Puestos de observación, en la distancia, de la terminal de Rafah. Soldados israelíes. Muchos beduinos, etíopes, recién emigrados. Observadores europeos, entre ellos españoles. Milicianos palestinos detrás de las dunas, con el colmillo retorcido, la navaja afilada, el kalashnikov engrasado... Pasear por el triángulo de Kerem Shalom, punto de encuentro de Israel, Gaza y Egipto, es hacerlo por el lugar más peligroso del conflicto entre palestinos e israelíes. Más que en la garganta, el nudo se lleva en el estómago, aunque el jeep blindado, la profesionalidad del mando que te guía, la tranquilidad de los soldados que te acompañen rebajen algunos grados el termómetro de la tensión. En la base de Kerem Shalom, en la que ABC pasó una jornada de trabajo con los soldados israelíes hace menos de un mes, el ambiente nunca es relajado, ni siquiera cuando las armas están enfundadas y la calma se confunde con la rutina. Hablamos ese día con varios soldados allí destinados, todos muy jóvenes, con ganas de acabar su largo servicio militar para viajar por el mundo, estudiar, trabajar, formar una familia... Los muertos de ayer No sabemos si entre ellos estaban el teniente Hanan Barak, de 20 años, natural de Arad, en el sur del país; o el sargento primero Pavel Slutsker, también de 20 años, ambos muertos ayer en el sofisticado ataque palestino. Algunos de los presentes entonces no dijeron sus nombres pero charlaron con paciencia, buen humor y amabilidad con este corresponsal, explicando sus preocupaciones, su día a día, su miedo pero a la vez su orgullo. Tampoco sabemos si Guilad Shalit, de 19 años, residente en la Galilea, se encontraba entre ese puñado de chavales dispuestos a contestar a muchas preguntas, que no a todas. Shalit, secuestrado por el grupo de milicianos palestinos que lanzó el ataque contra el puesto militar de Kerem Shalom, pudo o no estar con nosotros hace un mes, pero si no lo estuvo en casi nada se diferenciaría de los que sí compartieron esa tarde de primavera junto a la puerta de un infierno que, en la madrugada de ayer, se presentó sin avisar ni llamar en este particular triángulo en tierra de nadie. El Batallón del Desierto Esta es la puerta del infierno. Nosotros lo sabemos y somos conscientes del papel tan duro que nos ha tocado jugar. Pero a la vez estamos orgullosos de ello porque servimos a nuestro Ejército y a nuestro Estado El comandante del Batallón del Desierto, la misma unidad que se vio ayer sorprendida por un ataque sin demasiados precedentes por parte de las milicias palestinas, no quiere dar su nombre pero sí ofrecer unas cifras que ahora, por desgracia, tendrá que corregir. En los últimos años han muerto 24 de mis hombres en esta zona (26 desde ayer) pero aún así hemos sido capaces de abortar en un cien por cien las operaciones terroristas de los grupos palestinos Ya no. EPA gre por derramar. Gaza, en el punto de mira. Ninguna negociación por el soldado secuestrado. Palabra de Olmert, quien culpa a Haniyeh pero también a Abbas, con todo lo que eso implica. Mediación de Egipto a la desesperada. Los matices del conflicto Cuestión de colores. El verde de esa luz que se apaga. El blanco de esa carta que nunca llega. El rojo de esa tensión imparable. El gris de ese cerebro retorcido. El negro de ese panorama cegador. El verde del brazo armado y otra vez activo de Hamás. El naranja de esa evacuación que cumple un año entre muertos y secuestros. El morado de unas caras con fecha de caducidad. El otro verde de una esperanza siempre ausente. El otro rojo de esa sangre ya derramada, de esa sangre aún por derramar.