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24 Nacional EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN IRREGULAR LUNES 26 6 2006 ABC Un senegalés relata su peripecia para llegar a España tras varios años de viaje. Expulsiones, asalto a la valla, abandono en el desierto y abordaje final a Canarias en patera. Los campos de Lérida son desde hace unos días su lugar de trabajo Un triunfador sin papeles TEXTO: LUIS DE VEGA, CORRESPONSAL RABAT. ¡Estoy en Lérida. España. Trabajo. Fruta. Pero no papeles! La parrafada a través del móvil, entremezclando más francés que español, es de un joven senegalés de 20 años que, tras un periplo de película, ha conseguido llegar desde la región de Casamance hasta Mollerusa. El viaje comenzó hace varios años y, según la ley de Extranjería, debería terminar con la repatriación de su protagonista. Pero como en infinidad de casos la dificultad de cumplir con lo dictado por las normas permite a los subsaharianos quedarse durante años- -muchas veces de manera definitiva- -en Europa. Seylou es el nombre ficticio de este joven que no arroja la toalla en su lucha por conseguir papeles para quedarse de manera oficial. Sí, sí. España me gusta. La vida aquí es tranquila y mejor que allí, aunque todo es mucho más caro asegura entre risas. Seylou dice que paga 250 euros al mes por la habitación que ocupa en un piso de Mollerusa. De fondo se escuchan muchas idas y venidas y el llanto de un niño. Trabajo en el campo de lunes a viernes añade. Fruta dice en español. Aquí hay mucha fruta Va cada mañana a trabajar con una motillo que me ha dejado un amigo aunque prefie- -re no decir cuánto gana. Menos de mil euros al mes es lo que acepta decir, porque el salario es un secreto A Seylou no le ha costado demasiado trabajo encontrar acomodo en los campos leridanos, adonde llegó hace poco más de dos semanas. El sector agrícola, el de la construcción o los servicios siguen absorbiendo mano de obra extranjera que no ocupan españoles. Es una polémica que a menudo rehuyen los sindicatos, según explicó a ABC un empresario español que ha reclutado varios cientos de mujeres en Marruecos para la campaña de la fresa. Seylou llegó a Fuerteventura con el grupo de inmigrantes de la imagen, tras un viaje de más de tres años dinero con el que seguir pagando su ascensión hacia el Viejo Continente. La línea que va dibujando con su viaje Seylou en el mapa africano es el habitual de miles de subsaharianos. ¿Cuándo llegaste a Maghnia? le pregunta el periodista adivinando sin dificultad la siguiente etapa. El agosto de 2004 llegó a Uxda (Marruecos) a pie, y así continuó cruzando los caminos de Fez y Mequinez junto a otros tres compañeros de aventuras hasta que llegaron a Rabat tras treinta días de caminata y más de una carrera para huir de los agentes. Fue muy difícil, muy difícil El barrio de Takadum (progreso en árabe) le acogió, al igual que a cientos de subsaharianos que llegan a Marruecos con la intención de pasar unas semanas y que a menudo chocan con enormes dificultades para seguir el viaje y se acaban quedando durante años. Allí vivía de la solidaridad y de ayudar a un marroquí en el mercado comenta Seylou. Un año estuvo en la capital hasta que en agosto de 2005 asciende al bosque de Beliones, junto a la valla de Ceuta. Allí es uno de los protagonistas en la madrugada del 29 de septiembre del trágico asalto masivo a la verja que costó la vida a seis subsaharianos, casi todos por heridas de bala de las Fuerzas de Seguridad de uno u otro lado. Aunque ambos países lo niegan los muertos están ahí. Logré saltar, pero me expulsaron los guardias. Estaba herido en un pie y una mano relata. El Gobierno ha defendido estas expulsiones inmediatas a Marruecos a pesar de que su legalidad ha sido puesta en duda numerosas veces incluso desde dentro mismo de la propia Guardia Civil, encargada de la vigilancia del perímetro fronterizo. EPA Confinado en un campamento militar Por si las desgracias fueran pocas, Seylou cayó en manos de las autoridades marroquíes y fue embarcado en uno de los autobuses que se dirigieron al desierto que separa el Reino alauí de Argelia. Allí nos tiraron El abandono de centenares de inmigrantes por parte de Rabat en medio del desierto fue uno de los episodios más dramáticos de la crisis de las vallas de Ceuta y Melilla. Varias ONG y la Prensa mostraron al mundo la cruda realidad de una operación que negaba el Gobierno pese a todas las evidencias. El joven fue confinado en un campamento militar en Guelmín, a unos mil kilómetros de donde fue rescatado. Por entonces Rabat había llegado a un acuerdo con Dakar para repatriar por avión a varios miles de ciudadanos. Muchos estaban contentos por regresar a casa. Otros prometieron que volverían a intentarlo en cuanto pudieran. Me libré porque dije que era de Guinea Bissau y me expulsaron a Maghnia explica Seylou, que no tardó en volver a llegara al barrio de Takadum, en Rabat, tras varias semanas. Esta vez en tren de mercancías Durante esta y otras etapas, como la del rescate en el desierto, Seylou coincidió con varios periodistas españoles, de los que guardó su contacto y a los que avisó de su llegada a Cataluña. Mi madre pensó que había muerto Mi jefe me dice que busque papeles. La mayoría de los que trabajan aquí los tienen. Con los papeles algún día podré ir a visitar a mi madre explica. Lloró cuando la llamé para decirle que estaba en España porque ella pensaba que yo había muerto. Quiere verme y me pregunta que cuándo voy para allá. Llora cuando la llamo, casi siempre los domingos por la noche El periplo de Seylou comienza cuando decide salir de Casamance, donde se quedan su madre y un hermano, para buscarse la vida en Dakar. No tenía medios y sólo pude estudiar hasta tercer curso En la capital trabajó de obrero hasta que ahorró lo suficiente y en diciembre de 2003 da el salto a Bamako, la capital de Malí. Tras ocho meses asciende a Gao y de allí a la localidad argelina de Bordj Mojtar, donde vuelve a hacer parada y fonda, esta ocasión cuatro meses, para ganar algo de El asalto final El asalto final a Europa fue el 4 de abril de 2006 a las 21.45 horas. No lo olvidaré. ¿Cómo lo voy a olvidar? dice mientras suelta una carcajada por el teléfono. Cogimos una barquilla desde El Aaiún (capital de Sahara Occidental) y al día siguiente a las dos de la tarde llegamos a Fuerteventura Tras 36 días en un centro para inmigrantes fue trasladado en avión a la Península. De Madrid a Gijón por carretera y, tras 17 días en un piso gestionado por Cruz Roja, finalmente a Lérida. Seylou no oculta su alegría. Ha conseguido lo que miles de subsaharianos intentan y no logran. Pero siente que le falta algo importante: que el país en el que vive le reconozca oficialmente como inmigrante. Que caiga sobre él con firmeza la ley de Extranjería es lo que más le preocupa ahora mismo. De momento trabaja y gana dinero. Lo dicho, un triunfador sin papeles. Logré saltar la valla de Ceuta, pero me expulsaron los guardias. Estaba herido en un pie y una mano En dos semanas Seylou encontró trabajo. El sector agrícola sigue absorbiendo mano de obra extranjera