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ABC DOMINGO 25 6 2006 85 MUNDIAL 2006 OCTAVOS DE FINAL Una apisonadora convincente El rodillo alemán aplasta a Suecia en doce minutos y consigue el pase a cuartos casi sin despeinarse. Liderados por el bigoleador Podolski y Klose, los tricampeones disipan dudas sobre su candidatura a conseguir el campeonato Alemania Suecia 2 0 Alemania: Lehmann; Friedrich, Mertesacker, Metzelder, Lahm; Schneider, Ballack, Frings, Schweinsteiger (Borowski, m. 74) Klose y Podolski (Neuville, m. 72) Suecia: Isaksson; Alexandersson, Lucic, Mellberg, Edman; Linderoth, Kallstrom (Hansson, m. 39) Ljungberg, Jonson (Wilhelmsson, m. 52) Ibrahimovic (Allback, m. 72) y Larsson. Árbitro: Carlos Eugenio Simón (BRA) Amonestó a Lucic, Jonson, Allback y Frings Goles: 1- 0, m. 4: Podolski; 2- 0, m. 12: Podolski. IGNACIO TYLKO MUNICH. Su fútbol nunca enamorará a los puristas del toque, el gambeteo y el adorno, pero que Alemania siempre será una superpotencia que se merece entrar en todas las quinielas de favoritos no lo puede dudar nadie, ni siquiera los más críticos con su filosofía del fútbol y de la vida. Esté como esté, es fiel a un estilo, reconocible, virtudes incuestionables en tiempos de indefinición. El tricampeón del mundo disipó cualquier incertidumbre sobre su candidatura con una exhibición de convicción, fortaleza, potencia y pegada ante una asustadiza Suecia que firmó en Múnich la rendición de Baviera. La anfitriona es la primera selección que accede a cuartos de final. Y lo hace con cuatro victorias, diez goles a favor y dos en contra. El rodillo sólo necesitó 12 minutos a pleno rendimiento para aplastar a los escandinavos. En un arranque espectacular, los teutones rompieron por todos los lados. Klose y Podolski, tanto monta, monta tanto, se compenetraron a la perfección. Y tienen veneno. Esta vez fue el delantero del Colonia, ya fichado por el Bayern y pretendido en su momento por el Real Madrid, el que anotó dos goles que acabaron el partido en un visto y no visto. Pero Alemania siguió bombardeando al portero Isaksson, el mejor de los escandinavos, y estrelló hasta dos balones en la madera. Los jugadores alemanes celebran la victoria enfervorizados, como toda la nación AP KLINSMANN, UNGIDO mann o Podolski. Unos son mejores que otros pero todos tiran para adelante y juegan en quinta marcha, sin reservas, metiendo cualquier parte del cuerpo para llevarse un balón dividido. Y el que responde siempre a una idea, mala o buena, tiene mucho avanzado en un fútbol donde priman la especulación, el miedo y la inconcrección. En Japón y Corea aburrieron a las ovejas y se metieron en la final. Y la memoria no debe de ser frágil. Varios millones de alemanes celebran el triunfo Hace décadas que en Alemania no se recordaba tanto fervor patriótico. La actuación de la selección germana está provocando que todo el país salga a la calle tanto para presenciar en directo el choque como, después, para celebrar sus victorias. La Policía calculó ayer que tres millones de alemanes vieron el partido en la calle. En las principales ciudades del país, como Berlín, Hamburgo, Múnich y Fráncfort, las plazas públicas en las que se retransmitía el partido por pantalla gigante rebosaban de gente. En Berlín, tuvieron que cerrar por motivos de seguridad los accesos a la Fanmeile la mayor zona reservada a los aficionados en Alemania, donde se retransmiten en directo los choques, al llegar a su tope máximo de 750.000 personas. En el parque olímpico de Múnich y en Fráncfort ocurrió los mismo: todo a rebosar, sin sitio para nadie más. Tras el partido, varios millones de personas más se echaron a la calle en una inmensa fiesta. Cogida con alfileres El pase a cuartos ha convertido al técnico en el hombre de moda en Alemania. Cuando todo el mundo criticaba la revolución en el equipo antes de empezar, el crítico Beckenbauer dijo que nunca había visto jugar tan bien a este equipo. Sólo la defensa, cogida con alfileres, con dos centrales poco consistentes e incapaces de sacarla jugada, y un lateral derecho menor, ofrece síntomas de flaqueza en este equipo entregado a la causa, apoyado por el fervor popular y, encima, beneficiado por las tradicionales ayuditas arbitrales al organizador. Con el 2- 0 sobró quizá la rigurosa expulsión de Lucic por doble amarilla. Compensó luego el brasileño al pitar un inexistente penalti sobre Larsson que pudo dar emoción al final, pero ni por esas. El ex azulgrana lo lanzó a las nubes. Suecia no estaba por la labor de complicar la vida al anfitrión. Es verdad que Alemania aún no ha jugado contra un rival de postín, que Costa Rica, Polonia, Ecuador y Suecia no sirven para ver de qué pueden ser capaces, pero los teutones van a más. Que nadie les descarte. Sería muy osado. Sin zarandajas Verles calentar ya demuestra que los alemanes no se andan con zarandajas. Pocos ronditos y un sinfín de lanzamientos a puerta. No regalan a la vista ni una sutileza, pero amigo, están obsesionados con la portería contraria. O meten un balón a la cazuela y saltan como posesos, o se llevan el rechace, o presionan de forma atosigante, o bus- can la sorpresa por banda. Sobre todo, intentan una y mil veces el disparo lejano a puerta. Es un recurso de toda la vida, pero que emplean a lo bestia. No tienen miedo a que el balón se les vaya a las nubes. Es algo innato. Fiel a su idiosincrasia, con unos rasgos definidos de toda la vida que distinguen hasta los no iniciados, Alemania siempre es Alemania. Da igual que esté el torpedo Müller o Klose, Klins-