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84 DOMINGO 25 6 2006 ABC MUNDIAL 2006 OCTAVOS DE FINAL Maxi Rodríguez se dirige hacia el banquillo tras el impresionante gol que cazó en la prórroga y que clasificó a Argentina AP Por obra y gracia de Maxi Un atlético metió a Argentina en cuartos, donde le espera Alemania. México se adelantó en el marcador y presentó batalla, pero en la prórroga una volea impresionante sentenció BUENO PARA ARGENTINA Argentina México 2 1 Argentina: Abbondanzieri; Scaloni, Ayala, Heinze, Sorín; Cambiasso (Aimar, m. 75) Mascherano, Maxi Rodríguez; Riquelme; Saviola (Messi, m. 85) y Crespo (Tévez, m. 75) México: Oswaldo Sánchez; Castro, Márquez, Osorio, Salcido; Mendez, Guardado (Pineda, m. 66) Pardo (Torrado, m. 37) Morales (Zinha, m. 73) Borgetti y Fonseca. Árbitro: Massimo Busacca (Suiza) Mostró tarjeta a Heinze, Márquez, Torrado y Sorín. Goles 0- 1, m. 6: Márquez. 1- 1, m. 9: Crespo, en colaboración con Borgetti. 2- 1: m. 98: Maxi Rodríguez. ENRIQUE ORTEGO LEIPZIG. Lleva tres goles en cuatro partidos. Juega por la derecha y por la izquierda y es capaz de domesticar balones como el que ayer le cayó del pecho cuando México estaba subido a las barbas de su selección en una prórro- ga, que siempre conlleva su riesgo. Entonces fue cuando Maxi, con la naturalidad que le caracteriza, controló con el pecho el centro de Sorín, antes de empalarla con la derecha. Desde que salió de su bota se vio que ese balón era gol. El que clasifica a Argentina para cuartos después de un partido igualado en el que nunca encontró el guión de su juego, entre otras cosas porque el rival no le dejó. Dos goles rápidos y parecidos No salió México con complejos. Todo lo contrario. La Volpe le dio un buen meneo al presunto equipo titular y se presentó en el campo con unos hombres que no entraban en las quinielas de la titularidad porque no eran asiduos, pero que, por lo visto después, eran los adecuados para presentar credenciales a Argentina. México salió al ataque. Le cambió los planes al presunto favorito. Además, salió revolucionada, con un ritmo y una velocidad que no son los acostumbrados en un equipo centroamericano. Visto lo visto, y como Márquez acertó en una jugada de estrategia, como lo suele hacer en el Barça, en el segundo palo, los de Pékerman tuvieron que apretar los dientes y aceptar el reto. Aceleraron el paso y el partido se convirtió en un ida y vuelta jugado al más vivo estilo europeo. Empató muy pronto la albiceleste para tranquilidad de un Maradona al que casi le da algo en el palco con el gol mexicano. Fue otra jugada de estrategia. Riquelme la coloca con la suavidad acostumbrada y entre Crespo, que busca el remate de cabeza, y Borgetti, que quería despejar, metieron el balón dentro. Diez minutos, dos goles, pero la sensación de que se habían consumido muchos más. El colegiado suizo debió mostrar más tarjetas a los argentinos. Además de la clamorosa roja perdonada a Heinze cuando Fonseca se iba solo a portería, se hizo el sueco media docena de veces. Y un penalti de Ayala. guno de los dos se atreviera a sumir el riesgo de jugársela. México ya no tenía la misma velocidad, pero no volvía la cara. La Volpe movió antes el banquillo que Pékerman. De hecho hasta quince minutos del final no entraron Tévez y Aimar en busca de la acción individual que resolviera el duelo. Messi tuvo que esperar unos minutos más. Y todavía tuvo tiempo de empujar un balón a la red anulado por un fuera de juego inexistente cuando se consumían los minutos de la prolongación. Un error de bulto que condujo a la prórroga. Y ésta duró viva hasta el gol del Maxi. Después, Argentina mató el partido y México ya no pudo reaccionar. Se había desgastado mucho y ya no tenía fuerzas físicas ni mentales. México sabía cómo hacerlo Tras empatar, Argentina intentó meterle un poco más de pausa al choque. No le iba los corridos aztecas. Finalmente, el deportivista Scaloni y no Coloccini, fue el recambio del lesionado Burdisso. En todo momento dio la sensación de que los mexicanos sabían como cerrar los espacios para que Argentina no pudiera expresar su juego. Riquelme, siempre muy tapado, no entró en acción lo suficiente y su equipo lo notó. Mandó más en la segunda mitad, pero salvo un mano a mano de Saviola con Oswaldo Sánchez, el partido transcurría en el medio campo, sin que nin-