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25 6 06 PRÓXIMA PARADA NUESTROS CORRESPONSALES Roma Buenos Aires Telepredicadores Orar bajo la pantalla El islam marroquí intenta aún sacudirse la polvareda levantada por los atentados de Casablanca. Por ello, Mohamed VI quiere renovar el ámbito religioso para hacerlo algo más abierto y tolerante POR LUIS DE VEGA, CORRESPONSAL RABAT Bruselas Berlín París Viena Nueva York Jerusalén México Washington Londres os telepredicadores están aquí. Han aterrizado en Marruecos. Eso sí, más especializados aún que aquellos que empezaron a asomarse a nuestras casas desde los canales estadounidenses hace ya un par de décadas. El Rey Mohamed VI ha lanzado esta semana un programa para conectar dos mil mezquitas por circuito cerrado de televisión, para lo que se van a gastar un total de 11 millones de dirhams (un millón de euros) A través de las pantallas los ulemas más eminentes difundirán cursos de religión de 50 minutos de duración antes de la oración de la noche, así como otros contenidos más de lo divino que de lo humano. Ya el año pasado el soberano puso en marcha una emisora de radio coránica y el canal de televisión Mohamed VI del Santo Corán, que dedica su programación a la lectura del libro sagrado de los musulmanes y a otros asuntos de índole religiosa. Las televisiones han llegado ahora a las mezquitas impulsadas por esta cadena, que emite vía satélite, y por el L Ministerio de Asuntos Religiosos. Claro que todo avance implica sus riesgos. El ministro del ramo, Ahmed Taufik, aparece esta semana entre los personajes que pierden puntos, por un incidente que recoge el semanario independiente Le Journal. Taufik asistía hace unos días a la oración en una mezquita de Marraquech cuando uno de los fieles se desconectó súbitamente de Dios por la caída de un televisor sobre su cabeza. Balance: interrupción de la oración y traslado del fiel al hospital Lejos de discursos nocivos Pero la finalidad de los contenidos emitidos por esos monitores será alejar de las mezquitas no a los más fieles de los fieles, como el que resultó herido, sino a aquellos que son protagonistas de los discursos débiles o con interpretaciones desviadas como explicó Taufik. El miedo a la radicalización del islam reina sobre todo en Marruecos desde los atentados de mayo de 2003, que costaron la vida a casi medio centenar de personas en Casablanca. Desde entonces Mohamed VI in- Atenas Lisboa Moscú Pekín RABAT Luis de Vega Estocolmo LUIS DE VEGA Una siesta frente a la mezquita Hasán II, en Casablanca siste en renovar el campo religioso para intentar que el islam sea algo más abierto y tolerante. El joven Rey no sólo es la máxima autoridad política, militar, judicial y económica. También es el comendador de los creyentes, la máxima autoridad religiosa... como un Papa para los marroquíes. Otra de las novedades impulsadas por el soberano ha sido la graduación por vez primera de una promoción de cincuenta mujeres predicadoras, las denominadas murchidate que se han convertido en el nuevo rostro de ese islam que sigue sin estar del todo bien visto en Occidente. Pero hay detalles que, aunque menos importantes, no terminan de cambiar. Una especie de racismo religioso- ¿cómo llamarlo si no? -impide a los no musulmanes la entrada en las mezquitas de Marruecos. Ni siquiera para admirar su buena factura o para dejarse convencer por las enseñanzas del nuevo sistema de circuito cerrado de televisión. La única excepción a esta regla es el descomunal templo acabado de levantar en Casablanca en 1992 en honor al Rey Hasán II, muerto en 1999 y padre del actual monarca. Su construcción, ganando terreno al Atlántico, se llevó a cabo gracias a la cuestación popular de los ciudadanos, los ricos y los pobres. Dicen que no siempre de manera voluntaria. El turista que desee visitarla debe aflojar de su bolsillo 120 dirhams (unos 12 euros) más el preceptivo se aceptan propinas que recibe como amable despedida por parte del guía. ¿Qué pensarán de ello los padres de la Alianza de Civilizaciones? Es de esperar que sea Marruecos el que algún día abra sus mezquitas a todos, y no España la que haga la criba de creyentes con marchamo diferente al cristiano a las puertas de iglesias y catedrales. Estaría feo que el grupo de mujeres ataviadas con chilaba y pañuelo que este corresponsal se encontró el otro día en medio de la romería del Rocío en Almonte (Huelva) no pudiera entrar al santuario de la Virgen. Estaría feo. Muy feo.