Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Casa de Saboya 1842 Víctor Manuel II (1820- 1878) Rey de Cerdeña, 1849 Rey de Italia, 1861 Adelaida (1822- 1855) Archiduquesa de Austria 1868 1867 Humberto I (1844- 1900) Rey de Italia, 1878 Margarita de Saboya- Génova (1851- 1926) Amadeo I (1845- 1890) Duque de Aosta Rey de España, 1870- 73 María Victoria (1847- 1876) Princesa de la Cisterna 1896 1895 Victor Manuel III (1869- 1947) Rey de Italia, 1900- 1946 Emperador de Etiopía, 1936- 1943 Rey de Albania, 1939- 43 Elena (1873- 1952) Princesa de Montenegro Manuel Filiberto (1869- 1931) Duque de Aosta Elena de Orleans (1871- 1951) 1930 Felipe Landgrave de Hesse (1896- 1981) 1925 Mafalda (1902- 1944) Humberto II (1904- 1983) Rey de Italia, 1946 (depuesto en 1946) 1930 1939 María José (1906- 2001) Princesa de Bélgica Juana (1907- 2000) Boris III (1894- 1943) Rey de los Búlgaros Aimon (1900- 1948) Duque de Aosta Rey de Croacia, 1941- 43 Irene de Grecia (1904- 1974) 1962 1964 Víctor Manuel (1937) Príncipe de Nápoles 1971 Marina Doria (1935) Simeón II (1937) Rey de los Búlgaros Margarita Gómez- Acebo (1935) Amadeo III (1943) Duque de Aosta Claudia de Orleans (1943) 1975 2003 Manuel Filiberto (1972) Príncipe de Venecia Clotilde Courau (1969) Aimon (1967) (Árbol genealógico simplificado) Duque de Apulia Infografía ABC ni y se sumó a ellos. Y por ellos, en 1936, fue proclamado Emperador de Etiopía- -desplazando a la milenaria dinastía encarnada por el Negus- -y fue declarado Rey de Albania en 1939- -pasaportando a la neonata dinastía de los Zogu. De la mano de Mussolini, en 1943 perdió esas dos coronas ganadas con rápidez y en 1946 tuvo que abdicar la corona italiana en su hijo Humberto II y exiliarse en Alejandría. La vida del Rey Humberto puede resumirse diciendo que reinó 32 días y pasó exiliado 36 años. Muchos historiadores le consideran el más brillante de los Saboya, pero un matrimonio amigablemente roto con la Princesa María José de Bélgica, hermana del Rey Alberto I, habría de marcar el futuro de la dinastía. En el exilio, Humberto se reconcilió con los representantes de las dinastías que los Saboya, con la ayuda de Garibaldi, habían desposeído de sus respectivos tronos. Su exilio transcurrió en Cascais, cerca de Lisboa y de su hermana Juana, Reina Madre de los Búlgaros, de los Condes de Barcelona y de los Condes de París entre otras regias personalidades. Pero muy lejos de su mujer e hijos que se instalaron en Ginebra. Al amparo de la Reina María José creció su único hijo varón, Víctor Manuel, con una vida disoluta y con frecuencia desenfrenada. Víctor Manuel ya pisó la cárcel en 1978, durante casi dos meses, a causa de un incidente nunca aclarado en el que un joven alemán murió de un disparo. El Príncipe italiano fue inculpado y finalmente absuelto. Para entonces su relación con su padre lleva años virtualmente rota. Desde mucho antes de que en 1971 contrajera ma- Los Aosta: España, Etiopía, Croacia... Del primer Rey de Italia, Víctor Manuel II surge la línea primigenia, de la que desciende Víctor Manuel, y la segundogénita de los Aosta, a los que siempre intentaron compensar con otras coronas. Así, Amadeo de Saboya, primero de esta línea, fue efímero Rey de España entre 1870 y 1873. Su nieto, Amadeo II, fue Virrey de Etiopía desde la proclamación de Víctor Manuel III como Emperador hasta que murió en 1942. Un primo hermano de Amadeo, Aimon, que le sucedió como Duque de Aosta, fue Rey de Croacia entre 1941 y 1943 con el nombre de Tomislav II. El hijo de este, Amadeo III, fue el que recibió un guantazo de Víctor Manuel en el Palacio de la Zarzuela el día de la boda de los Príncipes de Asturias. trimonio religioso en Teherán con Marina Doria, su padre no había ocultado su oposición al casamiento. El Rey Humberto creía que una Familia Real en el exilio estaba doblemente obligada a cumplir con las normas dinásticas derivadas de leyes que no estaba a su alcance alterar. Por ello no aceptó un matrimonio que contravenía las Regias Patentes dinásticas que han seguido en vigor en la República italiana, donde el Presidente podía negar el permiso para el matrimonio a militares y altos funcionarios- -otra cosa es que fuera un derecho que no se ejercía. Pero Víctor Manuel estaba dispuesto a casarse a toda costa. Así que en diciembre de 1969, un mes antes de su boda civil en Las Vegas- -Teherán y Las Vegas, dos regios escenarios para la boda de un Príncipe supuestamente católico- -depositó en un notario ginebrino dos folios con sendos Decretos Reales que firmó como Víctor Manuel IV Como cuenta Balansó, en el primero acusaba a su padre de haber aceptado ilegítimamente el referendo de 1946 sobre Monarquía o República porque la institución monárquica no podía ser sometida al juicio popular De ello entendía que su partida hacia el exilio constituye inequívocamente la abdicación del Reino y en esa lógica afirmaba que le sucedo en la condición de soberano virtual del Reino de Italia En el segundo documento, primero de su reinado afrontaba la misión más urgente para el bienestar de los italianos: Nos, Víctor Manuel IV, Rey de Italia, decretamos que a Marina Doria Ricolfi le es concedido el título de duquesa de Santa Ana de Valdieri. Dado en Ginebra, el 16 de diciembre de 1969 Le hacía ilusión casarse con una duquesa. Ambos textos estaban avalados con la firma de Giordano Gamberini, gran maestre de la Masonería, a cuya Humberto II no aceptó el matrimonio de su hijo porque contravenía las Regias Patentes de su dinastía, que han seguido en vigor en la República italiana logia estaba adscrito Víctor Manuel. El Rey Humberto no asistió a la boda de su hijo y nunca se retractó de la desaprobación manifestada hacia aquella unión. Sí asistió al bautizo de su nieto Manuel Filiberto y Víctor Manuel quiso presentar aquello como una reconciliación. Si lo fue, en verdad resultó efímera, pues el distanciamiento marcó el resto de su vida. Tan desesperado estaba el Rey Humberto con lo que representaba su hijo, que si bien nunca anunció formalmente que no heredaría los derechos dinásticos y que estos recaerían sobre su primo Amadeo de Aosta, sí hizo un testamento en el que desposeía a Víctor Manuel de todos los signos de soberanía que él había retenido. Su Casa acababa con él. Así, la abadía de Hautecombe era entregada a los benedictinos; los archivos históricos de la Casa de Saboya al Estado italiano; el collar de soberano de la Orden de la Annunciata era depositado en el Altare della Patria el monumento a la unidad nacional... Como albaceas testamentarios nombró a sus sobrinos Simeón, Rey de los Búlgaros y Mauricio, Landgrave de Hesse, además de a su hombre de confianza Guibert d Udekem. Los dos sobrinos fueron los encargados de cumplir con el último mandato del Rey Humberto: ceder al Papa la propiedad de la Sábana Santa, que pertenecía a los Saboya. Humberto II no tuvo ninguna duda. Antes que su propio hijo, bautizado en la fe católica, prefirió que fueran un sobrino ortodoxo, Simeón, y uno evangélico, Mauricio, los que entregaran el sudario de Cristo al sucesor de Pedro. Era el fin de la Casa de Saboya.