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25 6 06 EN PORTADA Filántropo o tiburón Las dos vidas de Bill Gates (Viene de la página anterior) crearon Microsoft en 1975, con veinte años; abandonaron la Universidad en 1976, y encontraron la llave definitiva del éxito en 1980. El hombre que acaba de anunciar su retirada encabeza desde hace tiempo la lista Forbes de los más ricos del mundo, con una fortuna que ronda los 50.000 millones de dólares. Allen, que dejó la empresa demasiado pronto para tratarse una enfermedad, es hoy la sexta fortuna del planeta, 22.000 millones de dólares. Su destino- -cosido a los sistemas operativos y la programación, la vida pegada a una pantalla- -se antoja visto desde hoy como inevitable. Primero, por el colegio en el que estudiaron Gates y Allen, la escuela de élite de Lakeside, en Seattle, que en 1968 compró una red de computadoras intercomunicadas por una línea telefónica, un lujo en la época. Y, a partir de ahí, por la continua relación de ambos con los chips. Aún en el colegio lograron el acceso al PDP- 10, un ordenador creado por Digital Equipment Corporation en el que aprendieron el lenguaje de aquellas máquinas. Ya en la Universidad, empezaron a venderle software a Micro Instrumentation and Telemetry Systems (MITS) con sede en Alburquerque (Nuevo México) para su Altair 8800, una leyenda de 256 bytes de memoria. No había vuelta atrás. 30 años después El grupo de Alburquerque (sobre estas líneas, en una foto histórica tomada el 7 de diciembre de 1978) fue el origen del imperio Microsoft. En la parte inferior de la imagen podemos ver a Gates y a Paul Allen. A la izquierda, el equipo directivo actual: de izquierda a derecha, Bill Gates, Craig Mundie, Ray Ozzie y Steve Ballmer La clave del despegue Bill Gates aguantó dos años en Harvard. Sentía que el mundo iba demasiado deprisa como para verlo pasar desde las aulas. En aquel punto, IBM encargó a los inseparables Gates y Allen su nuevo sistema operativo. Para ayer les dijeron. ¿La solución? Compraron por 50.000 dólares el trabajo de un programador de Seattle, lo modificaron y le cambiaron el nombre. Allí nació el MS- DOS (Microsoft Disk Operating System) Los directivos de la multinacional, como casi todos en aquella época, pensaban que el valor estaba en el hardware y no en el software, así que renunciaron a la exclusividad y permitieron a los dos jovenzuelos conservar los derechos de propiedad intelectual. El programa se rebautizó como Windows, y empezó a instalarse sin pausa hasta alcanzar el 95 por ciento del mercado. Habían encontrado una mina de oro de la que hoy viven 61.000 empleados. El grupo entró en Bolsa en 1986, en aquellos años en los que empezaba a inflarse la burbuja del sector tecnológico. La Red era una fiesta en la que se movía el dinero a manos llenas. Muchos inversores se han pasado años lamentando su exceso de confianza. Microsoft también perdió una parte sus- tancial de su valor, pero los cimientos del universo Gates eran demasiado sólidos como para no soportar el embate. Microsoft mueve el mundo, o lo ha movido hasta hace diez minutos. En algún caso, quizá con una exhibición de musculatura demasiado aparatosa, lo que ha llevado a la compañía a hacer frente a varias demandas por monopolio, al vincular diversos programas, como el Explorer o el Windows Media, al sistema operativo. Esas batallas legales contra gigantes (Unión Europea) y hormigas (minúsculas empresas, como Eolas) se han confundido en los últimos tiempos con otra guerra, la comercial: el avance de Google o Yahoo, el cambio del modelo de negocio, la era internet, las dudas sobre los nuevos productos de Microsoft, los retrasos en la salida del Windows Vista, el relevo del XP. La Bolsa ha reflejado con nitidez esa sensación de incertidumbre. El valor se ha estancado en los últimos dos Dudas. Dos proyectos estrella en solfa: la Xbox 360 ha funcionado peor de lo que Microsoft pensaba, y el sistema operativo Windows Vista se ha retrasado hasta 2007 Los 29.000 millones de dólares con los que Bill Gates ha dotado a su Fundación la convierten en la primera del mundo, una poderosa maquinaria de hacer el bien años y ha perdido el 15 por ciento desde abril. Ray Ozzie, recién llegado (2005) cabeza pensante de la empresa, director de software y de productos, y Craig Mundie, jefe de investigación, vienen a modificar ese rumbo. ¿Y Gates? El tiburón que ha devorado el mercado durante los últimos treinta años, a veces con un evidente interés por acaparar, pasa a la reserva activa. De momento, seguirá en su despacho hasta julio de 2008, para asegurar una transición suave. Luego se vaciará en su otra pasión, la filantropía, fascinado por una asociación de ideas poco frecuente: ha dedicado la primera parte de su vida a ganar dinero y entregará el resto a devolverlo a la sociedad. El empresario genial descubrió hace tiempo que convertir a su fundación benéfica en la más rica del mundo no era suficiente para marcar la diferencia entre las clases más desfavorecidas. Como más de una vez lamentó entre sus ejecutivos, dar dinero de forma inteligente lleva tanto trabajo como conseguirlo Los 29.000 millones de dólares con los que ha dotado a su fundación (gatesfoundation. org) la convierten en la primera del mundo, según Los Angeles Times y muchos hablan ya de Gates como el