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40 Madrid BATALLA CAMPAL EN LA NOCHE DE SAN JUAN INDIGNACIÓN VECINAL POR EL BOTELLÓN DOMINGO 25 6 2006 ABC Un vehículo de la policía con la luna destrozada por el impacto de uno de los objetos arrojados por los jóvenes durante la refriega Un agente se protege de una lluvia de objetos en la calle Cidamón. Las vallas y los contenedores en el suelo reflejan la virulencia del incidente (Viene de la página anterior) Diez de nuestros compañeros se han jugado la vida comentaba con el nerviosismo en la mirada un policía municipal. Otros agentes comprobaban los daños en los vehículos, tanto en los oficiales como en los particulares que estaban aparcados en la zona; una zona en la que se dan la mano los edificios de ladrillo pobre secado al sol y los lujosos pisos de ladrillo vitrificado y gresificado. Son precisamente los vecinos de viviendas más humildes quienes tienen a la puerta la inseguridad que ha llegado a su parque y a sus calles, aunque tampoco se libran del miedo los cercanos y lujosos bloques que ocupan los solares de los coquetos hoteles unifamiliares que ideó Arturo Soria. Al decir de los jóvenes que allí habitan, el parque que antes fue festivo y pacífico, ahora se halla sumido en la violencia, desde los robos y apuñalamientos a los intentos de violación; dicen estos jóvenes que el lugar se ha convertido en campo abonado para una minoría de camorristas y pedencieros que campan a sus anchas ante la escasa vigilancia policial y la facilidad para la huida por las numerosas y sombrías calles. A las cinco de la madrugada, mientras la Policía levantaba el dispositivo y alguna sombra aún buscaba entre la basura botellas perdidas en la batalla para apurar el último trago, el personal de limpieza se puso a la labor, a una ingente labor que se prolongó hasta las ocho de la mañana pues la noche de San Juan, que es la noche más corta del año, acabó como el rosario de la aurora: al amanecer y dejando tras sí contenedores repletos de violencia. Los vecinos que habitan cerca del parque de San Juan Bautista vivieron la noche del 23 al 24 de junio, precisamente la de San Juan, como una auténtica pesadilla. Fue, con mucho, el botellón más violento de los que llevan aguantando durante los últimos años Dos mil kilos de basura y cristales TEXTO: MARÍA ISABEL SERRANO FOTOS: SANIA JELIC MADRID. Hay resaca en el parque de San Juan Bautista. La noche, la de San Juan, fue movidita. La verbena, la fiesta y el jolgorio dieron paso, de madrugada, a una auténtica batalla campal. Ayer volvimos. La tarde está plomiza, pesada. El calor, sofocante, se ha adueñado de este parque y hace fluir, todavía, el hedor de los litros y litros de alcohol que se han vertido pocas horas antes. Aquí no hay quien viva No. No es el título de la serie televisiva. Es el lamento de María, una anciana de 96 años que está sentada en uno de los bancos del parque de San Juan Bautista. Está ella solita. Sólo un par de chavales charla unos bancos más allá. Hay mucho silencio. A lo lejos, sólo se escucha el cantar de las chicharras. A los pies de María todavía se ven restos de envases de plástico y trozos de cristal de las botellas de alcohol ingeridas la noche anterior. El parque, a decir verdad, está limpio pero esos restos avisan de que el último botellón ha tenido que ser de antología y también de intervención policial. Contenedores volcados en medio de la calzada de los últimos cuatro o cinco años. Los vecinos ya estamos atacados de los nervios. No se puede dormir ni descansar. Y mucho menos ahora, en verano, que tienes que tener las ventanas abiertas para poder respirar un poco El parque de San Juan Bautista tampoco es muy grande. Enclavado entre las calles de Agastia y Cidamón, tiene muy cerca un colegio, el de Nuestra Señora del Buen Consejo, ahora ya cerrado por vacaciones. Pese a su pequeña extensión, Carlos Rodríguez Izquierdo, empleado del servicio de limpieza, nos comenta que sus compañeros del turno de noche- madrugada han recogido ciento y pico bolsas de basura la última noche ¿Cuántos kilos en cada bolsa? preguntamos. Depende. Si son plásticos y cartones pesan menos, pero como sean de cristales nos llevamos unos veinte kilos en cada una dice Carlos. Total, que la última noche, sus compis han recolectado, fácilmente, unos dos mil kilos de desperdicios. Por mucho empeño que hayan puesto los servicios de limpieza, el parque está repleto de pequeños trozos de cristal. Resulta peligroso. Tanto que Pilar y José Luis, vecinos de uno de los bloques cercanos, nunca dejan a sus hijos que jueguen aquí. Nuestros bebés no han venido a este parque porque en los últimos años está que da asco. Huele a alcohol que apesta y, como véis, el suelo está lleno de cristalitos. Es un peligro comenta, indignada, Pilar. Los vecinos se han quejado al Ayuntamiento y a la Policía municipal. Todo en vano. Temen los fines de semana porque raro es, últimamente, el que no tienen el botellón a la puerta de casa. Atacados de los nervios Nos cuenta esta anciana que los vecinos de la zona están hartos de tanto botellón Anoche fue la excusa de la noche de San Juan, pero que va, aquí se hace esto todos los fines de semana