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9- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE Los senderos duros y pedregosos del desierto son, al menos, una referencia para no perderse FOTOS: ARCHIVO DE CARLOS M. DE CAMPOS Camino a la aventura conduce a China por los antiguos e indómitos reinos de Gilgit y Hunza, cruzar el Himalaya y la frontera por el paso del Kunjerab a casi 5.000 metros de altitud, para bajar por el Pamir a Kashgar, el gran mercado y encrucijada de las caravanas, y atravesar el desierto de Taklamaklán (que quiere decir el de entrarás, pero no saldrás por la parte fácil y volver por la menos fácil. Curiosidad por las monturas En el Xinjián convivimos con la población autóctona, los uigures, que hablan turki y mantienen su religión musulmana, visitamos preciosos oasis, la depresión de Turfán- -llamada la sartén de Asia- por debajo del nivel del mar, las antiquísimas ciudades perdidas de Jiaoche y Gaochang, que en su tiempo fueron tan importantes y ahora yacen abandonadas desde hace muchos siglos, lugares donde vivieron nestorianos con otras religiones de la antigüedad. También padecimos la terrible experiencia del desierto, donde la temperatura superaba los cincuenta grados centígrados en las horas centrales del día. Pasamos asimismo por históricas ciudades, como la Yarkanda de Marco Polo, y allí y en otros sitios causamos el asombro de sus habitantes con nuestras grandes motos y nuestros atuendos absolutamente inusuales para ellos, que a la curiosidad unían siempre la simpatía y nos ofrecían sus sandías o lo poco que tenían disponible en aquellos años. Tanto para mis compañeros como para mí, aquel fue, sin duda, el mejor viaje de nuestra vidas. Aunque es cierto que tiene algún riesgo, los que no viajan en moto no saben la movilidad y la sensación de libertad que este vehículo proporciona y, sobre todo, Vadeando un río dentro del Taklamaklán. Las crecidas los hacen infranqueables Título. Los caballos alados de la ruta de la seda. Autor. Carlos Martínez de Campos. Páginas. 204. Editorial. CIE DOSSAT. Precio. 19,23 euros. Reseña. El libro nos relata el viaje en motocicleta por una de las rutas más legendarias del planeta, el camino comercial que unió China con India, Roma y otros lugares durante milenios. A través de su experiencia personal, el autor, presidente de la Sociedad Geográfica Española, recupera la historia de los exploradores, guerreros, viajeros, comerciantes y espías que le precedieron en la aventura. esas tierras. Pero el mío también es el relato de un viaje de tres personas en moto en una época- -finales de la década de 1980, con la revuelta de Tiananmén y el resquebrajamiento del comunismo en plena efervescencia- -en la que poca gente viajaba a China, lo que a nuestros ojos hacía el plan aún más interesante. Como lo fue recorrer el recién abierto Karakoran Highway la peligrosa carretera que desde Islamabad Niños uigures observan curiosos el paso de los motoristas cómo te hace vivir el paisaje. Pero lo que es verdaderamente extraordinario es cómo te acerca a la gente y te gana la amistad de todos, hasta en las aldeas más perdidas de lugares tan distintos como Asia, África o América del Sur. En cualquier caso, es otra forma de viajar y de vivir (a los moteros no tengo que explicárselo) Ortega dijo que viajar era vivir. Así lo recuerda César Pérez de Tudela en el prólogo del libro. La vida es un viaje, y el viaje es metáfora esencial de la vida entera. Es en el viaje cuando la vida se hace más intensa. El viaje expedicionario es por propia naturaleza incómodo, arriesgado, y requiere saber ejercitar el sufrimiento imprescindible para adentrarnos en el interior de nosotros mismos Lo malo de todo esto es que envicia y muy pronto vuelvo a salir de Madrid con la moto, esta vez a solas, para una fugaz vuelta al mundo, pasando por China, si me dan los permisos necesarios. Para el año que viene ya tengo prevista una quincena también en moto y también por zonas poco visitadas de ese país.