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ABC SÁBADO 24 6 2006 55 La Federación de Cines de España responsabiliza a Cultura del abuso de las grandes distribuidoras de Hollywood Los internautas rechazan el texto de la Ley de Propiedad Intelectual y no descartan acciones legales Bocca bailó el jueves en el Metropolitan su última función con el American Ballet Theatre después de veinte años en él. Se despidió con Manon y recibió una calurosa y emotiva ovación Te queremos, Julio, te queremos TEXTO: JULIO BRAVO ENVIADO ESPECIAL NUEVA YORK. Se levantó la cortina, gigantesca, del Metropolitan Opera House y emergió su figura menuda sobre el escenario. Los goterones de sudor corriéndole todavía por el rostro y la mirada aniñada y tímida. Cuatro mil gargantas rugieron entonces un unísono ¡bravo! y los aplausos, contenidos hasta entonces, estallaron como una tormenta. Comenzaron a divisarse flashes, ondeaban dos banderas argentinas, los espectadores de las últimas filas corrían por los pasillos para poder ver más de cerca al ídolo. Éste miraba feliz, asustado y satisfecho. Comenzaron a llover flores. Los aplausos crecían. De entre cajas fueron emergiendo sus compañeros del American Ballet Theatre. Estaban todos los primeros bailarines que han compartido escenario con Julio Bocca durante sus veinte años en la compañía. Le bañaban de flores, de besos y de abrazos. Bocca saludaba, haciendo esfuerzos para contener las lágrimas. Cayó, de nuevo, la cortina. Y Bocca salió para responder a los aplausos, interminables, sinfónicos. Y se cubrió con una bandera argentina que alguien le dio desde el patio de butacas. Allí había espectadores que recordaban a aquel joven argentino que llegó en 1986 y que conquistó pronto a los neoyorquinos. Había celebridades que han hecho de Julio Bocca una adicción, como Liza Minnelli o Isabella Rosellini. Había amigos que habían viajado desde muy distintos lugares del mundo para acompañarle en esta jornada tan especial para él. Había muchos argentinos. Te queremos, Julio, te queremos El pogo, ese grito acompasado que se escucha en los campos de fútbol argentinos, sonó en el so- lemne Metropolitan de Nueva York en homenaje a un porteño que ha transformado el mundo del ballet en su país, y que el jueves, después de veinte años como primer bailarín del American Ballet Theatre (una de las más importantes compañías del mundo) bailó su última función, The farewell celebration Carismático y brillante Quiso Julio Bocca para esta despedida del que ha sido su hogar durante dos décadas uno de los títulos en los que más ha brillado: Manon (el ballet que quería haber llevado al Teatro Real, donde se ha encontrado con la negativa de sus responsables) y al lado de la bailarina con quien más a gusto se encuentra: la italiana Alessandra Ferri. Los dos brindaron una función emocionante (en la que participó también el español Carlos López) Pero la verdadera emoción comenzó cuando cayó el telón. En el imponente Metropolitan había ambiente de gala, de noche singular. Nadie quería irse, nadie se resignaba a perder al que es todavía (ha anunciado su retirada para diciembre del año próximo) uno de los más grandes bailarines de nuestro tiempo. Carismático, técnicamente brillante y maravillosamente expresivo Así le definía Valerie Gladstone en el programa. Anna Kisselgoff, la legendaria crítica del New York Times (que le dedicó el miércoles una emotiva página de despedida) decía de él que a los treinta y nueve años, conserva su consistencia y deja un legado para todos los bailarines: la bravura al servicio del arte Julio Bocca estará este verano en España. Entre otros lugares, actuará en el Bocca, con la bandera argentina a los hombros, agradece la ovación Liceo barcelonés. El argentino ha mostrado siempre su cariño por nuestro país, que le vio cuando apenas tenía veinte años y acababa de entrar en el ABT y que le ha visto crecer como persona y como artista. Julio Bocca ha sido, de hecho, el único bailarín de primer nivel internacional al que los españoles han podido seguir con regularidad (mucha más que a algunos artistas propios, ADRIANA GROISMAN aunque no precisamente por culpa suya) No es extraño, por tanto, que le hayan tomado como suyo. Aunque a él le queden dos espinitas: no haber podido bailar en el Teatro Real y no haber podido ofrecer más que una vez, y no en las mejores condiciones, un ballet completo. El pogo de los argentinos- Te queremos, Julio, te queremos -suena también en España.