Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
116 VIERNES 23 6 2006 ABC Gente Shakira, la princesa de los pies descalzos Lleno hasta la bandera en el intenso y tórrido concierto de la cantante colombiana en la Plaza de toros de Las Ventas. Hoy, repite. TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE FOTOS: ÁNGEL DE ANTONIO El productor de televisión Aaron Spelling, artífice de series que fueron grandes éxitos, sufrió un ataque de apoplejía el pasado domingo cuando descansaba en su casa de Los Ángeles. Spelling es una de las figuras más prolíficas de Hollywood, cuyos créditos se incluyen, entre otras, en la popular serie Melrose Place Ha ce tiempo, podemos decir tres años, cuando el Tour de la Mangosta, por ejemplo, que Shakira pasó el decisivo cruce de cuartos y se convirtió en una de las más serias candidatas al título mundial de artista latina más popular en ambas orillas del Atlántico. Aquel veintitantos de abril de 2003 tenía que enseñarlo todo y demostrar la solidez de su delantera y, por supuesto, de su incontestable centro del campo, creativo y dúctil, toda ella jogo bonito Entonces ya dejó claro que su apuesta puede ser más rockera de lo que sus admiradores puedan creer. Quizá sea casualidad, pero la música de ambiente que anoche sonó en Las Ventas antes de que la barranquillera saliera a escena eran los Clash y los Nirvana de Kurt Cobain. Y es que esa vena rockera es la que recarga de oxígeno la sangre musical de Shakira. Sin ella, no sería más que otra baladista acaramelada, almibarada y facilona, aunque de las mejores. Pero esa declaración de intenciones y su habilidad para integrar distintas músicas populares son las que la convierten en una especie única que, además, no necesita de ningún tipo de protección. Salió en tromba, casi como España (el inversosímil a por ellos se escuchó en el coso tras la aparición de Alejandro Sanz con una camiseta de la roja con el 7) y con afiladas entradas por las bandas: Estoy aquí y Te dejo Madrid Así ya se puede. Tira de armó- nica (qué pena que lo haga poco) cambia de guitarra (a cual más bella) y pega dos tirazos desde fuera del área con Inevitable y Si te vas De momento, la colombiana prefería evocar a su maestro televisivo Michael Jackson, que a las bailarinas de Sherezade, pero la llegada de Alejandro el Magno, el chico del corazón repartío, parece que le movió (y le removió) el vientre a la joven cantante (en el sentido dinámico de la palabra, no en el digestivo) porque rápido, muy rápido, se puso el traje de faena de las mil y una noches y desparramó su esencia árabe en un Mi vida inapelable, indiscutible, al fondo de las mallas. Ya no es la joven aspirante, ni mucho menos la joven promesa. Su espectáculo es el de una artista consagrada, el de una mujer menuda, pero menuda mujer, que dosifica sus éxitos ante un público que va de la infancia precoz a la adolescencia más precoz todavía, pasando por parejas, pandillas, novios, novietes y todas las variantes de las relaciones humanas que ustedes quieran. Un repertorio con el que cualquiera que sienta un poco de aprecio por lo que hoy llamamos música popular se sentirá a gusto y satisfecho, como ella quiere. Y todo es un juego, un juego maravilloso y cálido. Juega a niña inocente, juega a niña no tan inocente. Juega a cabaretera, a bailarina de tugurio de El Cairo o de Damasco. Juega a devoradora de hombres, a vampira de corazones con Shakira, como siempre, con la verdad por delante, anoche en la plaza de Las Ventas una capa rojo carmesí imposible en uno de los momentos más intensos y plásticos del espectáculo. Juega a rockera, juega a colombiana, y también juega a española. Y juega con el público que no es más que un delicado y querido osito de peluche en sus manos, y en sus canciones. Los chavalillos que ayer se acercaron a Las Ventas ven en ella a unpersonaje de cuento. Y los mayores, también. Aunque el argumento y el final sean muy distintos. Pero en algo coinciden todos, Shakira es una princesa encantada, encantada de haberse conocido a estas alturas de su carrera, encantada de encantar a su público. Una princesa con los pies descalzos. Pero pisa morena (o rubia) pisa con garbo.