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66 Espectáculos VIERNES 23 6 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO Shutter Una historia de Brooklyn desarrolla el tema de los hijos que pierden el respeto a unos padres sobrepasados con elegancia y dolorosa precisión, eludiendo el melodrama y el cinismo Terror elaborado grito a grito Tailandia. 2004. 93 m. Director: Wongpoom B. Pisanthanaku Actores: A. Everingham, N. Thongme, A. Sikamana JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Familia al borde de un ataque ANTONIO WEINRICHTER H ay dos formas de copiar, copia dura y burda, sin más, y copia trabajada, con respeto al original, intentando aportar el trabajo personal, un toque de distinción. Finalmente, será una copia al fin y al cabo, pero al menos estará hecha con dignidad. Es el caso de Shutter Uno la ve anunciada, ve de que va y enseguida piensa en The ring V o VI, en El ojo III o IV o en secuelas similares. Y, efectivamente, la línea general es parecida: muertos que se aparecen y atormentan, sólo que en vez de en vídeos se aparecen en las fotografías. Hasta ahí lo malo, que es una historia que suena a trillada y, por lo tanto, la frescura del trabajo es nimia. Tenemos muchas referencias de películas basadas en un argumento similar, por lo que se supone que el tema ha de ser tratado con especial mimo y delicadeza, eludiendo las aristas ya melladas, dando vueltas a lo ya visto para evitar comparaciones que, ahora más que nunca, serían una losa. Y ahora lo bueno, hay una historia detrás, una historia bien oculta, vergonzosa y excelentemente hilada, una historia que se va desvelando a medida que las apariciones se van haciendo más viables, más visibles y más terroríficas. Muertos casi materiales que van tornándose reales, más implacables, sin un atisbo de arrepentimiento o piedad. El asunto arranca como suele hacerse normalmente, un atropello con huida vergonzosa y los fantasmas que llegan con rapidez para atormentar a los culpables en sus dosis de remordimiento. Pero aquí nada es lo que parece. Las apariciones avisan en las fotos y no llegan sólo por un incidente, sino para pasar facturas pasadas. Llegan y no se van a ir. En el círculo que montan el dúo Pisanthanakun y Wongpoom, nada va a al azar, todo está hilado y la pesadilla no tiene solución ni final previsto. La película está bien hecha. Se nota un cuidado especial para que cada grito esté trabajado con ahínco, con paciencia, con cierto tono de malévola espera para atrapar al incauto de la butaca. Tampoco la dirección artística, un punto en el que tanto fallan los orientales, comete errores de magnitud, por lo que logran de la interpretación un toque mayor de verosimilitud que ni por asomo tienen los japoneses y menos los chinos. Independientemente de todo esto, la película es visualmente impactante en dosis masivas. Una agradable sorpresa pues lastrada quizás en el punto final pues al culpable de todo el desaguisado no hay manera de descabellarlo ni aunque lo tiremos desde un rascacielos. A veces, los trabajos se pulen hasta el detalle más pequeño y sin embargo los autores se comen la letra gorda. Nada que arrastre a la película, pero evitable con una vuelta de tuerca. EE. UU. 2005, 88 m. Dir. Noah Baumbach Int. Jeff Daniels, Laura Linne, Owen Cline y Jesse Eisenberg Estamos acostumbrados a identificar el cine independiente norteamericano, de Tarantino a los hermanos Coen, con brillantes variaciones genéricas, frecuentemente en torno al thriller urbano. Pero el cine indie se distinguió por ofrecer historias de interés humano alejadas de los convencionalismos de Hollywood; y tanto Una historia de Brooklyn como Junebug de inminente estreno, pertenecen a esta categoría y están entre lo mejor de la cosecha producida a espaldas del esquema de glamour, ruido, gran tamaño y efectos especiales que caracteriza al cine dominante de su país. Una historia de Brooklyn es el tercer largometraje del neoyorquino Noah Baumbach. Hace diez años debutó con Kicking and Screaming una de las mejores películas corales de adolescentes de los 90, título al que siguió la comedia romántica Mr. Celos perjudicada por una pareja estelar poco atractiva. El estreno de su nueva obra servirá para otorgarle credenciales de cineasta con nombre propio. Cuenta una historia aproximadamente autobiográfica. Como sus jóvenes protagonistas Frank (Owen Cline) y Walt (Jesse Eisenberg) Noah es hijo de un matrimonio de intelectuales- -el novelista JonataGeorPequeña gran hn Baumbach ycrítico gia Brown, la película a de cine del prestigioso espaldas del Village Voice nada esquema de menos- -y también coglamour, rui- mo ellos asistió al doloroso proceso de divordo y efectos cio de sus padres en especiales los años 80, época en la que está ambientada la acción de la película. No debió quedar muy traumatizado porque le ha dado el papel de sus progenitores a una pareja de actores tan atractiva como Jeff Daniels y Laura Linney, ambos especialiazados no sólo en trabajar bien sino en hacer de buenas personas Bernard Bekerman (Daniels) es- -como Richard Gere en la reciente La huella del silencio pero mucho más creíble en el papel- -un profesor universitario experto en literatura e idolatrado por su hijo Walt, que repite sus sentencias para afirmarse ante sus amigos. Bernard es también autor de una novela que le convirtió en una gran promesa hace demasiados años, los que sigue sin renovarla con un nuevo libro o con un editor que acepte el que ha escrito. Su esposa Joan (Linney) tampoco es una iletrada; de hecho, el que empiece a estar más solicitada que Bernard por parte de pretigiosas revistas sirve para agriar considerablemente las cosas cuando tan civilizada pareja decide separarse y se embarca en el engorroso proceso de repartirse casas, hijos (cada uno elige a... Laura Linne interpreta a una crítica de cine en medio de su divorcio un padre) y hasta el gato de la familia. Mientras tanto la vida sigue y los dos hijos, de 12 y 16 años, deben madurar enfrentándose a la terrible idea de que sus papás no son tan perfectos como pensaban de pequeños. El tema de los hijos que pierden el respeto a unos padres sobrepasados por los acontecimientos se despliega con elegancia y dolorosa precisión en una serie de escenas que eluden tanto el melodrama como el fácil cinismo. El guión, con unos diálogos modélicos, recorre implacable el ridículo en que incurren sus padres al liarse respectivamente con un profesor de tenis y con una alumna de su misma edad... Y Daniels y Linney se tiran valientemente a la piscina de hacer unos personajes que, sin ser despreciables ni heroicos, no solicitan piedad ni simpatía. En ese dificil equilibrio se mantiene todo el trabajo de Baumbach, quien logra resistir la otra tentación del infantilizado cine juvenil de Hollywood: ni Frank, que adquiere la escatológica costumbre de masturbarse y repartir el producto entre los libros de la biblioteca, ni Walt, que intenta ponerse a la altura de su padre a la hora de ligar o de escribir un texto (plagiado de... Pink Floyd) representan una perspectiva superior a la de sus viejos Y ésta es la gran victoria que ofrece esta pequeña película: como decía Renoir, todos tienen sus razones.